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angustias

Catorce meses y tres años

El sábado Laia cumplió catorce meses y el lunes Mauricio cumpliría tres años. No sé muy bien qué contar. Ella está caminando y hablando mucho más. Todavía no se le entiende mayor cosa. La comida sigue siendo una guerra constante. Ahora sabe subirse al sofá, lo que aumenta el riesgo de caídas peligrosas. Al final de la semana me siento muy cansado. Hoy estaba en el bar y de pronto me di cuenta de que envidiaba a los cinco tipos de la mesa del lado que tomaban cerveza y conversaban sobre camiones. No envidiaba ni la cerveza (que no tolero muy bien) ni la conversación específica (no sé nada de camiones) sino esa compañía que dan los amigos. Tal vez por la cercanía a los días de la vida y muerte de Mauricio se me intensifican mis pensamientos angustiantes sobre la soledad y la falta de rumbo/propósito. De cierta forma sigo atrapado en el cráter de esa muerte. No he encontrado cómo salir (y a ratos ni siquiera sé para qué salir). El jueves estuve muy triste durante una de las siestas de Laia (tontamente me puse a revisar fotos y algunas de las cosas que escribí sobre el niño) y me dio gusto cuando se despertó y me llamó desde la cuna para que fuera a rescatarla. Mauricio me mandó a Laia. Aunque es por lo general distante a veces se acerca y me abraza. Esos gestos de cariño espontáneos son lindos, me hacen sentir protegido. No sé qué día de la semana pasada se tropezó y se fue de espaldas. Alcancé a agarrarla antes de que se diera de nuca contra el suelo. Como parecía asustada la alcé un rato. Creo que lo hago más por mí que por ella. Me tranquiliza mucho abrazarla y hablarle. Es reconfortante. Me rescata tanto como yo a ella.

Veterinaria

Gatos enfermos.

Nuestra veterinaria es de una escuela que predica la tesis de que los gatos enfermos son imposibles de distinguir de los gatos sanos a menos que sean evaluados regularmente por un experto como, coincidencia, ella. La idea es que los gatos están adaptados evolutivamente para fingir que están bien aunque estén mal para no lucir débiles ante potenciales depredadores. En su consultorio hay volantes y afiches que promueven esta filosofía. En uno de los volantes salen una foto de dos gatos descansando cabeza contra cabeza, lucen a gusto, pero abajo dice

ONE
OF THESE CATS
IS SICK
Can you tell which one?

Vamos a visitar a esta veterinaria cada año desde que llegamos al pueblo y adoptamos a Gonta. El propósito de nuestra visita es que reciban la vacuna antirrábica. La consulta es cara (la diferencia de precios con las veterinarias europeas es abismal), pero se supone que es confiable. Además la señora tiene una especialización en acupuntura felina. Tal vez la razón principal para elegirla fue que su clínica quedaba cerca del barrio. La consulta es cuidadosa pero incómoda porque siempre concluye que los gatos no están en el grado óptimo de salud y que de hecho tienen algún problema que requiere intervención urgente. Así, además de la onerosa factura, la visita siempre incluye dos sendas cotizaciones (~$700 c/u) por los procedimientos que cada gato necesita. Por lo general los procedimientos requieren algún tipo de cirugía para, por ejemplo, sacarle un diente. En las primeras visitas Plinio tenía problemas de bajo peso y Gonta riesgo periodontal inminente. Ahora ambos tienen riesgo periodontal inminente y Gonta (que se dedica a correr como un loco por toda la casa) debe entrar en una dieta estricta que en nuestras condiciones de vida es más o menos imposible de cumplir. Nosotros sonreímos y decimos que lo tenemos que pensar. Salimos de la veterinaria angustiados, desplatados y con los gatos muy nerviosos por el viaje (es corto pero alcanza a afectarlos). Nos pasa cada vez. Decidimos que el otro año, si seguimos acá, buscaremos una nueva veterinaria menos holística donde los vacunen y nada más. A la mierda los hippies.

Ducha

Durante la ducha pensé que la puerta del apartamento estaba sin seguro, casi nunca trancamos, y cualquiera podría entrar y robarse a la niña aprovechando que yo estaba en el baño. Tuve que cerrar la llave y salir del baño en carrera a la sala a asegurarme de que Laia siguiera dormida en el sofacama. Ahí estaba profunda. Justamente le decía a Pilar ayer que mi vocación es la angustia.

Peces

Cuando te vi nacer. O un poco después, digo. Vos conocés la historia donde yo soy tu salvavidas. Pero en realidad cumplí con lo que me dijo el obstetra. Tenías una apnea, por eso estabas azul y lánguido. Yo sostuve la manguerita del oxígeno a la altura de tu nariz, de tu boca. Pero insisto, solo cumplí con lo que me habían dicho y no fui un héroe, comenzaba simplemente a ser tu padre.

Javier G. Cozzolino está publicando los cuentos de su segundo libro, titulado El cuaderno enfermo, en este blog. Aquí está Peces, uno de mis favoritos.