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ánimo

Valle

Este último año tuve un periodo largo en el que se me dificultaba muchísimo leer. No era cansancio. Más bien una forma de desconexión. En general, casi cualquier actividad que requiriera iniciativa y disciplina diaria por fuera del trabajo o las rutinas con la hija me costaba inmensamente. Y en el trabajo había una motivación primaria que me impulsaba, por así decirlo. Por momentos me angustiaba bastante. Procuré navegarlo con paciencia, perdonándome la ausencia, concediéndome tiempo. Practiqué con fervor (aunque no sin desesperanza ocasional) la autocompasión. Poco tiempo después del viaje a España algunas cosas empezaron a fluir otra vez. Lentamente recuperé los vínculos y empecé a sumar regularidades. Para este momento me siento recuperado, pero no podría decir que hice nada en concreto para salir de ahí más allá de tomar la situación con calma y convencerme de que era pasajero aunque se acumulara por meses. Con cautela he retomado algunos de mis hábitos y he vuelto a leer un algo a diario. Me hacía falta.

Balance

No sé cómo será el próximo año. No tengo mayor expectativa al respecto. Mucho menos propósitos. Seguro que todo irá bien.

Ando cansado y desanimado la última semana. Mañana hay una celebración navideña en la oficina. A la fiesta propiamente dicha del sábado no iré. Me da ansiedad el tumulto. No lo llevo bien aunque me caigan bien los compañeros.

Cierro este año satisfecho. Tuve algunos meses muy difíciles en lo emocional pero poco a poco con esfuerzo (y el apoyo y cariño de la pandilla) he restablecido (hasta donde se puede) el equilibrio que necesito para sentirme cómodo. Tengo que seguir trabajando en eso. Cuando me descuido me derrumba.

Todavía no decidimos qué prepararemos de navidad. Regalos ya hay bajo el árbol.

Nieblas

No tengo mucho para anotar. Por eso no he vuelto. No es olvido.

La niña está enferma desde el viernes. Fiebre que viene y va. No se ve decaída, menos mal. Los médicos diagnostican virosis y eso a nosotros nos suena a todo y nada. Como se enferma tan poco estas cosas nos angustian de más.

Este invierno he notado bastante la ausencia de los pájaros. De pronto cada vez los aprecio más y por eso me impacta más el silencio con el que llegan las madrugadas frías. De nuevo estoy en la fase del ciclo en la que duermo muy poco. Procuro seguir en la cama para tener energía durante el día. A veces leo.

Me he sentido mejor de ánimo estos últimos meses. Menos disperso y menos sensible. Aunque también creo que me he aislado más de lo usual. La soledad me hace bien. Reduce las ansiedades y tranquiliza. Puedo enfocarme mejor cuando lo necesito. El mundo en exceso me abruma.

Panding Fatherhood

Pierdo las semanas sin entender muy bien cómo. Me despierto con Mónica y me acuesto a media noche y cuando me acuesto pienso: otro día sin hacer nada. Este pensamiento me agobia y no me deja dormir muy bien. A veces me despierto de madrugada y pienso que necesito cambiar eso de alguna manera. No me siento bien. Durante el día procuro hacerlo pero entre el calor y el desánimo pierdo el poco impulso. No sueño nada por estos días. Miro la panza de Mónica e intento imaginar a Mauricio fuera. Ya falta poco. Espero demasiado de Mauricio. Espero que me saque del tedio. Quiero tenerlo a mi lado y poder tocarlo. Quiero ver cómo es. A veces me distraigo hablando con los distantes. Otras veces me distraigo hablando conmigo mismo y proponiéndome cosas, planes, para aprovechar el tiempo libre que ahora tengo y desperdicio. El martes nació Lorelei, la hija de Jana y Clifton. Hace unas horas recibí sus primeras fotos. Es linda. Me emociona y me alegra. Lorelei es un preámbulo a la realidad inminente de Mauricio. Hoy fuimos a Walmart a comprar un coche para él. Mónica quiere uno que permita ver al niño mientras uno camina con él. Increiblemente, muy pocos modelos de coches de precio razonable cuentan con esa posibilidad. Por desgracia el modelo está agotado en el almacén, pero no hay prisa así que regresaremos el próximo fin de semana. Tampoco encontramos el horno microondas que queríamos. El viaje al centro comercial fue prácticamente perdido. Qué pesado es moverse en una ciudad que desprecia el transporte público y sus usuarios. Nunca había vivido en un sitio así. De vuelta en la casa vimos My Fair Lady y luego A Bronx Tale. De comida horneé un lomo de cerdo con puré de manzana. Quedó bien, pero no era lo que esperaba.