Rango Finito

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apocalipsis

Vida de muertos

Leo sobre una secta que está convencida de que el mundo ya terminó y todo esto es una proyección holográfica para suavizar el tránsito (inevitablemente doloroso) al inframundo. Se supone que la vida después de la muerte es una promesa esperanzadora, pero creo que si muriera y perviviera en otro nivel de existencia, me entristecería mucho todo lo que perdí, no importa lo que haya para mí del otro lado. Prefiero el olvido.

Revolver

Ayer Arturo, que anda con mucho tiempo para pensar, me decía algo sobre los problemas de la libertad. Tenía que ver con los dilemas modernos de encontrar un lugar que se adapte a lo que uno siente que es (o tal vez a lo que uno siente que merece ser). Ese rango de opciones es por supuesto falso, o por lo menos no tan real como la filosofía voluntariosa inspiracional promete. A la larga estamos sometidos a circunstancias que están fuera de nuestro control y esas circunstancias deciden más o menos arbitrariamente qué será de nosotros. Por fortuna el cerebro reactualiza con frecuencia las aspiraciones para que cada tanto tengamos momentos de satisfacción que compensen por toda la mierda adicional. De pronto el valor de la vida consciente está en sostener la ilusión útil de que las decisiones que tomamos nos determinan. Quién sabe cuánto progreso cultural le debamos a esa creencia.

En Revolver, de Matt Kindt, el protagonista habita intermitentemente dos realidades. En una de las dos la civilización está al borde del colapso: cuerpos llueven sobre las calles de Chicago. En la otra, la vida del protagonista se deshace a diario en su rutina estereotípica del trabajo de oficina sin sentido que sirve para satisfacer hábitos de consumo que se confunden ocasionalmente con necesidades (es inevitable). En la realidad apocalíptica los límites morales son atenuados por la urgencia de sobrevivir y esto le permite acceder a aspectos de su personalidad que en la realidad más real (?) deben ser reprimidos para garantizar colectivamente la estabilidad del orden social. Ambas realidades son versiones extremas (?) a una vida dada por perdida. Pero su simultaneidad progresiva es una trampa cómoda ya que anula la necesidad de compromisos con la identidad y los principios. En la relatividad explícita del multiverso nada importa. Los sacrificios no tienen valor. La responsabilidad es un sinsentido. Estar vivo es lo mismo que estar muerto.

Bellflower

Quien asume el riesgo de enamorarse lo hace bajo la presunción falsa de que está capacitado para mitigar o al menos sobrevivir a los daños potenciales de la decisión (si es que hay tal). Nadie genuinamente enamorado le teme al desamor aunque el desamor sea la norma y a su paso sólo deje desolación.

Así el fin del amor sea tantas veces también el fin del mundo.

Porque qué queda por vivir cuando se acaba el futuro de los dos.

Búsqueda y destrucción

Un hombre recibe una misión: encontrar a una persona con un tatuaje del Pato Donald estampado en el culo. Es un problema aparentemente difícil de resolver. En general puede tomar mucho tiempo y esfuerzo encontrar a alguien así pero, en contraposición, corroborar que el hombre cumplió su misión es sencillo: basta bajarle los pantalones al candidato.

Soldados buscan
Soldados buscan cartas entre los restos carbonizados de una oficina de correo en Dublin, 1922.

Muchos problemas de búsqueda tienen la particularidad de que, aunque parezca difícil (en términos de tiempo) encontrar lo que se desea, verificar la validez de una solución es relativamente rápido. La pregunta es si de verdad son tan difíciles de resolver como aparentan ser. No es claro. De pronto siempre existe al fondo una manera rápida de buscar.

Por ejemplo, determinar si un número es primo parece un problema de este tipo. Requiere constatar la existencia (o no) de un divisor. Encontrar un divisor, al menos siguiendo la estrategia más obvia, tarda demasiado, pero verificar que es un divisor sólo requiere dividir y revisar el residuo (esta operación puede tomar tiempo, pero no demasiado en relación a la longitud de los números involucrados). Por muchos años se sospechó que el problema de decidir si un número era primo o no debería ser rápido de resolver, pero sólo hasta hace diez fue descubierto un procedimiento que lo hace de manera rápida, concluyente y sin condiciones en los números a evaluar.

Detrás del juego de dibujar esta versión de la Mona Lisa en un sólo trazo (uniendo con líneas rectas unos puntos elegidos de antemano) se oculta el famoso problema del agente viajero, otro de esos que parecen (y probablemente sean) difíciles de resolver aunque verificar una solución sea sencillo.

Otros problemas no han tenido la misma suerte pero tampoco han tenido la suerte opuesta: no se ha podido demostrar que no existe una solución rápida. En otras palabras, no se sabe si existen problemas de búsqueda con verificación de solución rápida que sean esencialmente difíciles. A los problemas con verificación de solución rápida los llaman NP. A los problemas con solución rápida los llaman P. Otra manera de plantear la pregunta es sí todo problema NP es en realidad P o si definitivamente existen problemas NP que no son P.

Muchos algoritmos de encriptación de uso diario basan su solidez en problemas de búsqueda con verificación rápida de solución que por lo pronto parecen ser esencialmente difíciles de resolver, como la factorización de números enteros (en el caso del algoritmo RSA). Si se demostrara que todo problema NP es P, la seguridad de estos sistemas se derrumbaría (y probablemente con ella la civilización como la conocemos). La conjetura más popular, por ende, es que P≠NP. Ese es el verdadero sacramento de nuestra fe.

La ilusión de que NP no sea lo mismo que P nos protege.