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árboles

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Fuimos al colegio por la tarde a participar en una jornada de actividades para mejorar sus instalaciones. Pintamos tableros y Mónica hizo algo de jardinería. Mientras tanto Laia y yo comimos bolis y parchamos bajo un árbol en el parque. Laia se comió unos cuarenta bolis en dos horas. El sol estaba espantoso pero el árbol nos salvó. Mónica no respetó al sol y terminó con la espalda a medio asar. Tuve una discusión intensa con un amigo de Laia, que llevaba tercamente los zapatos al revés, sobre si el pasto se puede comer o no (él decía que no, yo que sí) que terminó en cata de las diversas variedades disponibles en el prado a modo de demostración. Más tarde Laia, el amigo de Laia y yo nos acostamos en el pasto bajo el árbol y a través de las ramas y las hojas vimos, enfatizada por la luz intensa y el contraste del azul al fondo, una bandada de semillas apelusadas que revoloteaban sobre el árbol desesperadas y sin saber hacia dónde ir, igual que tantos jóvenes acomodados. Aproveché el momento para compartir con Laia y nuestro amigo mi opinión en breve sobre el estado general del mundo.

Ahora una foto del árbol:

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Colgantes

Madrugada

Madrugada
Olvidé cerrar la cortina anoche.

2013

Un detalle de esta foto de hoy.

Intersección

Anoche, a la 1 am, desde la ventana del cuarto.
(30 segundos de exposición.)

Luces

En la ventana vive el sol, que se cuela entre las gotas de agua condensada para poder respirar.

Afuera, el gato negro camina por la nieve acumulada en el balcón.

La noche invernal es color gris-naranja, como ciertos hongos que a veces crecen en el arroz.

La escritura habla de hombres milenarios investidos con el poder de las palabras de HaShem.

La ley los protege y acorrala.

Los árboles nos miran.

Ventana

Gradiente

Ramas

Huele a café. Dos ardillas se persiguen a toda velocidad, sin respeto alguno por la fragilidad de sus cuerpos, en lo alto del árbol-trapecio al otro lado de la calle, junto a la casa amarilla cuyo altillo consideramos como opción de vivienda recién llegados (nos previno la calidad dudosa de las escaleras). Ahora, una de las ardillas chilla para demarcar su rama privada. Nunca se hace suficiente énfasis a nivel popular en ese aspecto de su etología: cuando están furiosas, las ardillas chillan.

Cielo