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Geografía de un bombardeo

Un artículo de lectura obligada escrito por Tim Maly diseccionando un ataque con “drones” en Paquistán:

Many commentators have compared the command stations to videogame platforms and have worried that this disconnects the pilots from combat and dehumanizes their targets. Many drone operators say it’s the opposite. Because they often surveil a target for days or weeks during operations, they develop a strange intimate relationship with those they kill. They watch targets eat with their families, sleep with their partners, and go about their daily lives. Then they watch them die.

De qué hablamos cuando hablamos de paz

La industria de la paz cobra miles de vidas (y factura millones de dólares) cada año. Es un negocio próspero en este mundo desesperado por ilusiones que no se diluyan. La industria de la paz se llama a veces guerra. Por eso los ejércitos de todos los bandos (y los fabricantes de armas) siempre están a su servicio. El político que reiteradamente anuncia estar comprometido con la paz es por lo general un aspirante a opresor. Con esa afirmación (vacía, si se toma literalmente) proclama y promueve su creencia en la existencia (y amenaza) de un sector (suficientemente amplio) de la sociedad que no comparte su ideología (y por ende se opone a su paz). Es una denuncia totalitaria velada. Su paz requiere la imposición de una estructura sólida de poder (generalmente no concertada y respaldada por tropas armadas) que la sostenga. La administración (o coadministración) de dicha estructura es el objetivo final del autoproclamado pacificador. La paz genuina es privilegio de los muertos.