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Graciosa esta historia de cómo el gran capital del Valle del Silicio encabezado por Zuckerberg invirtió en una reforma radical del sistema educativo de la ciudad de Newark y tres años y pucho después salieron de ahí prácticamente sin resultados y con el rabo entre las piernas. El mercado tampoco logra desenredar el problema social, apenas lo peina. La impresión que me deja es que las propuesta de reforma que se basan en la fundación de un sistema alternativo de educación pública usualmente funcionan bien en sus primeras etapas (como experimentos pequeños de intervención en una comunidad, muy localizados) pero cuando se pretenden escalar terminan padeciendo los mismos problemas de desorganización, descontrol y desviación de fondos de los sistemas que pretenden reemplazar. La plata que se propone y exige para la educación muy pocas veces llega de forma concreta a mejorar las condiciones de vida los estudiantes ni mucho menos su futuro: se pierde entre estudios, consultorías, reclamos, peleas políticas y demás mezquindades mientras que los muchachos (que supuestamente a todo el mundo le preocupan y son el futuro y la prioridad) siguen en las mismas: estafados, despreciados y abandonados.

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Bueno este artículo sobre sexo y VIH:

Some see HIV-positive status as a coveted state. Since positive men on antiretroviral therapy are virtually unable to transmit the disease, some are choosing to partner only with such men. ‘Limit your condomless sex to poz guys with undetectable viral loads, and avoid condomless sex with casual negative partners,’ advises Marc André-LeBlanc, a Canadian HIV/AIDS activist, on a Canadian online HIV magazine called Positive Lite. Undetectable has become the new negative.

Culto a la ecuación

La columna de hoy reseña un pequeño artículo sobre el impacto positivo (a ojos de semi-profanos) de intromisiones matemáticas (no necesariamente pertinentes) en artículos académicos. Esta reacción intimidada/complaciente ante la ecuación incomprensible se puede explicar como una consecuencia de la relación acrítica con el discurso científico que algunas veces los mismos científicos promueven (o al menos no contienen). Puede ser matemática como puede ser neurociencia. En otras ocasiones he hablado acá en el blog de la importancia de que los científicos (como comunidad, tal vez) tomen en sus manos la divulgación de su trabajo. Este ejercicio de divulgación directa acerca a la gente a la labor científica y le permite ganar perspectiva sobre su funcionamiento y metodologías. Aunque el discurso publicitario efectivo tal vez sea útil en el corto plazo para conseguir fondos, a la ciencia como empresa humana no le conviene ser a largo plazo indistinguible de la charlatanería pseudocientífica que abunda. La mejor manera de combatir esta tendencia es acercar los científicos a la gente y promover el cuestionamiento de su propio trabajo. No se trata de que todos se conviertan en expertos sino de que se difunda una comprensión mínima de las dinámicas de la ciencia y su valor difuso de verdad (que hace que la duda sea su principio esencial). La fuerza de la ciencia, de cierta manera, radica en exponer abiertamente sus limitaciones. Depender de un periodismo cada vez en peor estado y ansioso de espectacularidad vendible que le permita competir con los flujos de las redes sociales no parece una apuesta sensata.

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Ernesto Sabato, que antes de dedicarse a la literatura estudió física, tiene un ensayo sobre la oscuridad científica como herramienta de dominación al que vuelvo recurrentemente desde hace tiempo. Sus observaciones hechas en 1955 son todavía vigentes hoy. Para cerrar, un aparte:

La raíz de esta falacia reside en que nuestra civilización está dominada por la cantidad y ha terminado por parecernos que lo único real es lo cuantitativo, siendo lo demás pura y engañosa ilusión de nuestros sentidos. Pero como la ley matemática confiere poder, todos creyeron que los matemáticos y los físicos tenían la clave de la realidad. Y los adoraron. Tanto más cuanto menos los entendían.