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asesinos

Stoker

mia wasikowska

Pensaba en la ducha que con qué derecho puede uno hablar mal de una película que lo cautivó y entretuvo sin reproches durante una hora y tanto así más tarde, recostado en el sofá, la trama se deshaga al primer intento de recordarla. No pensaba en Stoker en realidad, pero a falta de otro lugar escribo eso acá. Stoker todavía resiste a un día de verla. Es una película estilizada con una estética visual y una edición pensadísimas. Hay varias tomas menores que lograron intrigarme: perspectivas extrañas en diálogos, o movimientos de cámaras súbitos en medio de lo que sería por lo general estático. Es sutil en su narración pero sabe ser salvajemente explícita un par de veces para dejar claro que habla en serio. La violencia es más sugerida que representada. El escenario es intrigante y los personajes son robustos, no se dejan estereotipar al primer ni segundo tercio. Varias veces me pregunté ¿y ahora qué va a pasar? con curiosidad genuina. El guión controla la información con gusto, sin trucos sucios. La primera película en inglés de Park se resiste a la presión anglo por sobre explicarlo todo. Tal vez el cierre no es desconcertante pero es lo suficientemente bien construído como para que sea satisfactorio. Y la cara de Mia Wasikowska es preciosa. Sólo por eso la volvería a ver otra vez.

Asesinos

Dos películas de asesinos de la vida real. Primera, Snowtown. A ésta llegué por culpa de Jorge, que mencionó la historia en un comentario: en un pueblo del sur de Australia durante los años noventa, un tal John Bunting convenció a un grupo de vecinos para que lo apoyaran en una cruzada personal. Bunting decidía más o menos arbitrariamente quien era culpable, el crimen (por lo general alguna forma de pedofilia) y su pena. Usualmente elegía personas que conocía. Las víctimas eran torturadas sin misericordia (mutiladas, electrocutadas, quemadas, destripadas) antes de ser asesinadas. Luego las escondían en barriles llenos de ácido clorhídrico. Por casi diez años se salieron con la suya. Snowtown es narrada desde la perspectiva de James, el hijo de una de las mujeres de Bunting. A medida que la historia se desarrolla, Bunting le revela progresivamente a James (y de paso al espectador confundido) sus aficiones secretas y finalmente lo induce a participar (¿A James o al espectador?). Apoyado por Bunting, James mata a dos de sus hermanos. En el centro de la película, más que los crímenes, está la relación tensionante entre Bunting y James. Es una película intrigante y cruda.

Snowtown

Segunda, 復讐するは我にあり (Vengeance is mine). Ésta es basada en los crímenes de Akira Nishiguchi, un embaucador japonés que asesinó a cinco (o seis) personas durante los años sesenta y robó a otras tantas. La película contiene algunos de los asesinatos más burdos y por lo mismo realistas que he visto en cine. Nishiguchi era un sociópata normativo que abusaba de la confianza de las personas para manipularlas, robarlas y matarlas a discreción. Su desapego emocional era absoluto. Era torpe, descuidado y cínico. Sabía que esa vida implicaba ciertos riesgos pero la amenaza de morir en la horca no lo intimidaba. Podría decirse que incluso lo ilusionaba. Estaba orgulloso de las libertades que podía permitirse. La película sigue su vida y la de su familia. Está llena de episodios incómodos de presenciar. En un arco lateral, la mujer de Nishiguchi, con quien tiene dos hijos, acosa sexualmente a su suegro (un católico fervoroso lleno de culpas — me queda la duda de si el catolicismo de la familia de Nishiguchi era mal visto en ese entonces en Japón) mientras Nishiguchi huye de la ley. En otro arco, Nishiguchi conoce a una mujer anciana que asesinó a alguien en su juventud para deshonra de su familia pero especialmente de su hija (a quien Nishiguchi seguidamente conquista, preña y estrangula). Ya en la cárcel su papá lo visita y Nishiguchi le dice que debió matarlo en lugar de matar a los otros. El papá le responde que él sabe que no podría pues Nishiguchi sólo puede matar a quien nunca le ha hecho daño. En la escena final, el papá y la mujer de Nishiguchi, ahora pareja, lanzan sus huesos cremados desde la cima de una montaña. Los huesos, sin embargo, se resisten a caer y flotan congelados en el aire. El simbolismo se me escapa.

아저씨

Los coreanos saben hacer películas de venganza, eso es claro hace años. La venganza en las películas coreanas no es dulce ni satisfactoria. La venganza es sucia y excesiva. Si acaso libera al vengador de culpas o remordimientos, pero no lo salva. Por eso su éxito es siempre melancólico, casi resignado. Saben que lo que hacen no resuelve nada pero no pueden evitarlo. Son animales heridos. Prefiero esa aproximación a la venganza que la que pretende excusarla.

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El manejo de cámaras de esta película tiene una vitalidad y presencia particulares, en especial durante las escenas de acción. Ejemplo: cuando el protagonista salta por una ventana la cámara salta con él. Creo que nunca había visto algo así.

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Cuesta creer que Won Bin, aquí convertido en máquina de matar, sea el mismo muchacho retardado de la trágica 마더.

Propiedad

El mundo es de los asesinos.