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Más sobre autonomía escolar:

Los maestros en Canadá han tenido, históricamente, considerable autonomía en su labor. Una encuesta a maestros en los años sesenta reveló que más del noventa por ciento estaba de acuerdo con la afirmación de que el maestro tiene autonomía profesional absoluta para adaptar los
contenidos curriculares a las necesidades e intereses de sus estudiantes y la comunidad (Paton, 1970). Aún hoy, los maestros manifiestan que uno de los aspectos de su trabajo que mayor satisfacción les brinda es la autonomía que gozan en torno a cómo ejercer la enseñanza (Naylor, 2013).

Tomado de esta propuesta de reforma de la educación pública colombiana (clave su lectura). En la segunda parte se estudian diferentes sistemas exitosos de gestión de la educación pública, entre ellos el canadiense. En todos se reitera la importancia (dentro de estos sistemas) de que el profesor pueda adaptar los contenidos de su asignatura a las particularidades de los estudiantes que orienta.

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Hoy publicaron esto sobre las pruebas Pisa en politikón. Punto clave:

Lo que sí que puede hacer PISA es mostrar que países con alumnos con altas diferencias socioeconómicas consiguen que sus alumnos no tengan diferencias en sus rendimientos educativos y que, además los tengan elevados. Este sería el caso de Japón, Corea, Canadá, Suiza y los Países Bajos, para poner algunos ejemplos. Parece que una de las principales características que todos estos países tienen en común – y que en España le queda camino para recorrer- es la autonomía de centro sobre el contenido curricular. El hecho que cada centro educativo pueda decidir sobre el currículum en función de las características de su alumnado facilita la mejora de sus competencias. Igualmente, otra de las características que estos países con “buena nota” y poca desigualdad disfrutan es de un amplio sistema de evaluación con el objetivo de mejorar y no de controlar.

Ahí lo importante es entender que esa autonomía no implica abandono (que es como parece que se implementa en Colombia) sino, al contrario, acompañamiento muy cercano a través de la formación y asesoría permanente de maestros y directivos, así como estándares mínimos en cuanto a instalaciones físicas y libros disponibles. Estas vainas no se mejoran con declaraciones de intenciones sino con inversión sustanciosa y muy bien organizada.

Melo escribe acá sobre los resultados de Pisa para Colombia.

Como siempre con estos exámenes lo clave es no quedarse en el análisis superficial de rankings de mejores y peores (en últimas medio intrascendentes) y pensar en qué es lo que esos datos, al ser estudiados a fondo, pueden aportar para el diseño nacional de políticas de educación. En el caso particular de Pisa los resultados incluyen información valiosa sobre las condiciones socioeconómicas de los estudiantes y su relación con la escuela. Para saber que en Colombia la educación no anda bien no se necesita mirar los rankings de Pisa. Lo justo sería aprovechar la información detallada que acompaña los resultados para ofrecer un diagnóstico más profundo del problema.

Racionalización de la frustración

This Guy — Drew Young
Drew Young, This Guy

Entonces creo que lo que pasa es que cada persona tiene su sentido particular de trascendencia pero es incapaz de reconocer que ese sentido está diseñado para adaptarse a sus propias posibilidades físicas y psíquicas y es por ende intransferible a otros, lo que lo convierte en un parámetro pésimo para juzgar las expectativas y propósitos de los demás. Uno de los errores de las religiones establecidas consiste en pretender que cada persona renuncie a su sentido particular de trascendencia o por lo menos lo adapte para que sea diligenciable en un formato genérico de salvación. Esta pretención de las religiones envuelve a sus practicantes/consumidores en estructuras mentales represivas cuyo única utilidad es asegurar que su sentido particular de trascendencia no recobre control de la historia que el individuo cuenta con sus acciones, pensamientos y decisiones. Digo “cuenta” porque asumo que la experiencia de la existencia es indistinguible de su narración subconsciente (noción discutible pero que estoy dispuesto a defender), gracias a la cual la sucesión de eventos gana progresivamente significado y también valor. Así, al adoptar sentidos de trascendencia ajenos o peor aún genéricos cedemos autonomía sobre no sólo nuestra vida sino la interpretación íntima y extensa que requerimos para creer que con cada parpadeo continuamos siendo el mismo y el futuro nos pertenece, así sea en una manera puramente local. Por lo general, la negación de nuestra singularidad y asimilación (necesariamente fallida) de expectativas externas se opone a nuestra consolidación emocional.