Rango Finito

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Dislocado

Cada tanto siento, en el medio del proceso de orinar en un baño público, que tal vez esté en un baño para mujeres por error. Lo pienso incluso mientras estoy parado ante el orinal. Creo que sólo una vez he entrado por accidente en un baño de mujeres, y no pasé de la puerta (de pronto alcancé a llegar al lavamanos). Aún así la duda nunca se va muy lejos y vuelve a incomodarme cuando menos me lo espero. Quizás no entendí bien el signo, pienso. El signo siempre me agobia pues no es estable. Tal vez por eso me alivia encontrar cada vez en más lugares los baños mixtos.

Ducha

Durante la ducha pensé que la puerta del apartamento estaba sin seguro, casi nunca trancamos, y cualquiera podría entrar y robarse a la niña aprovechando que yo estaba en el baño. Tuve que cerrar la llave y salir del baño en carrera a la sala a asegurarme de que Laia siguiera dormida en el sofacama. Ahí estaba profunda. Justamente le decía a Pilar ayer que mi vocación es la angustia.

Sábado

No me acuerdo de qué quería hablar así que voy a improvisar. Anoche, mientras tejía, vi una película en televisión, en un canal mexicano que entra por temporadas, de un hombre que decide que no quiere seguir viviendo con la mujer con la que ha vivido por los últimos veintisiete años porque se siente infeliz, siempre se ha sentido infeliz, pero realmente no tiene ninguna justificación para explicarle a esta mujer por qué ha decidido dejarla, lo que le parece injusto con ella. Esa es toda la película. En la descripción decía que era una comedia. La mujer apenas aparece en dos escenas. Dos conversaciones en baños cortas que dejan clarísimo para cualquiera que las ve menos para él por qué ese señor se tiene que ir. El ochenta por ciento de la película transcurre en baños, en rutinas de mañana, entre la cama, el armario y el baño y de regreso al armario. Frente al espejo. Hay espejos/reflejos en casi todas las escenas. Frente al espejo son los momentos más duros de la película, que no son realmente duros pero pretenden, al menos, ser intensos. El actor está muy bien elegido. Es un señor ahí sin identidad que habla entre dientes y se está quedando calvo y cualquiera diría que es sincero cuando dice que no está satisfecho con su vida, que está cansado, que al menos cuando dice eso no actúa. Yo creo que tiene cáncer. Tal vez por eso lo eligieron. Hay una parte, casi al principio, antes de bañarse, donde el señor orina pero el chorro no sale directo hacia adentro de la taza sino que primero se demora y apenas gotea, como si le doliera, y luego sale desviado y salpica por todos lados, así que el señor tiene que contenerlo, lo que parece dolerle aún más, y sentarse en la taza para no seguir salpicando, y mientras orina sentado limpia el suelo y se limpia las piernas con papel higiénico; luego se mira al espejo como molesto, como angustiado. Al final de la película, creo que no destruyo nada si revelo esto, el señor no se va.

Sábado

Mientras Mónica trabajaba en el laboratorio yo limpié la casa para recibir a Jana, Clif y la pequeña Lorelei esta noche. Tengo problemas con mi técnica de barrido. Me duele la espalda cuando barro. Creo que me inclino de más. Cuando Mónica volvió almorzamos en el bar aquí al lado. Ella pidió alitas picantes y yo una hamburguesa. No debería comer hamburguesa, siempre me deja el sistema digestivo en estado de emergencia. Hace unos días soñé que estaba orinando en el baño de la estación de Kitchener y no podía parar. Desde que descubrí que el jabón del baño de la estación de Kitchener huele a chicle (ese olor dulce a chicle clásico de unos chicles que, creo, ya no existen) entro al menos una vez al día a orinar y luego, como recompensa, me lavo las manos. En el sueño, la meada era interminable e incontenible y eso me angustiaba porque temía que perdería el tren. Nunca había soñado algo así antes.