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Claremont

Después de pasar por Nueva York, Arturo llegó por fin a Claremont, donde estará un rato trabajando en su matemática. Los reportes en el blog sólo mejoran. Aquí un extracto jugoso de esta entrada:

Quiero que conozcas a mi enfermera, es peruana. Perfecto, preséntemela. Mira no te conozco, por eso le sugiero, señora, que cerremos la cocina en la noche con llave para que él no entre a la casa y no se meta a mi cuarto; no te ofendas no es nada personal. No no me ofendo, sólo que yo no me voy a meter a tu cuarto, créeme. Uno nunca sabe, necesito sentirme segura. Pienso: Yo no soy ningún violador de peruanas, no me trate mal vieja hijueputa. Digo: Mira, conmigo no tienes nada que temer porque resulta que soy 100% gay. Falso: las tetas me fascinan, sobre todo las de Valentina, pero no es inteligente decir esto ahora. Pienso: ¿Será que violan a muchas mujeres los machos claremonitas que andan aquí en una paranoía androfóbica inmamabale al punto que conseguir habitación para hombres por acá es tan dificíl? Digo: mira, yo tampoco te conozco, no te ofendas, no es personal, pero si me van encerrar a determinadas horas en mi cuarto, sencillamente, no me interesa.

Matones, una guía práctica

  1. En contravía de la sabiduría popular, los matones casi nunca son cobardes.

  2. Los matones vienen en varias formas y tamaños. Obsérvalos. Recolecta inteligencia.
  3. Escapar de una batalla perdida no es un acto de cobardía.
  4. El ansia de seguridad o popularidad te hace débil y vulnerable.
  5. ¿Qué es peor? ¿El desprecio que reciben los informantes? ¿La miseria que reciben las víctimas?
  6. Lo brutal puede ser moldeado por brutalidades que tú no podrás superar.
  7. La astucia es tu aliada.
  8. El respeto que ganas con integridad no se pierde sin tu permiso.
  9. No te rías de lo que no te parece gracioso. No apoyes una opinión que no compartas.
  10. Los independientes son amigos de los independientes.
  11. La adolescencia muere a sus cuatro años. Tú vives hasta los ochenta.
Señor Kempsey

Yojimbo

Digamos Yojimbo, una película de Akira Kurosawa de 1961.

Yojimbo

Sinopsis: Dos bandos de jugadores, proxenetas y malandrines se disputan el control político de un pueblo otrora próspero. Un ronin honorable pero alcoholizado ofrece sus servicios como guardaespaldas al mejor postor, pero descubre pronto que ninguno de sus potenciales empleadores es suficientemente digno. En consecuencia, sólo hay una posible solución: el pueblo debe ser destruído. El conflicto entre ambos bandos facilitará la aniquilación. Sólo el sepulturero y el generoso viejo dueño de un restaurante merecen vivir. La película cierra con la partida del samurai, malherido pero satisfecho.

En una escena clásica, los dos bandos, incapaces (por cobardía e ineptitud en igual medida) de entablar un combate real, miden fuerzas en la calle principal del pueblo lanzando espadazos al aire mientras el ronin se burla desde lo alto de una torre.

Al igual que en Siete Samurai, en el trasfondo de la historia se oculta la decadencia del modelo de vida del samurai encarnada en la llegada de las armas de fuego personales a Japón.

La vigencia del guerrero depende de la pertinencia de sus batallas para las que fue diseñado. De cierta manera, cuando el guerrero pierde vigencia, gana control sobre sus principios.

Por eso en las mejores películas de acción el héroe pertenece a una especie en vía de extinción, abandonada/perdida/descartada por el sistema/organización que la creó.

Piensen en Rambo, The Bourne Identity o Unforgiven.