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Hay otros mundos

Miguel Gualdrón resucita tras leer El Rey Pálido ¶ Laura Acosta defiende a la Tigresa de Oriente ¶ Inés Gallo recomienda Person, de Sam Pink ¶ Jorge Aranda recuerda a un amigo muerto ¶ Tatiana Luján piensa en las enfermedades de los viejos de su familia ¶ Gloria Esquivel responde un cuestionario de Sophie Calle ¶ El papá de Óscar Rodríguez descubre una partida de bautismo que lo vuelve dos años mayor ¶ Constantino Villegas confronta a los gramáticos apocalípticos ¶ Y Helen DeWitt publica un cuento titulado Recovery en Electric Literature.

We need not destroy the past

It is gone.

Metanotas

Un blog es un lugar para publicar contenido en línea a través de una infraestructura técnica sencilla que facilita parte del proceso de adecuación del diseño y demás. Es un tipo de cuaderno digital formateado y navegable. En ese sentido el blog no es un género ni admite delimitaciones temáticas, de estilo o de uso demasiado específicas.

Pregunta: ¿Se puede hacer literatura en un blog? Respuesta: ¿Se puede hacer literatura en un papel?

Pero es que el blog es instantáneo, claman los puristas. Esta urgencia temporal debilita inherentemente lo que quiera que se escriba en él. No puede ser valorado con los mismos estándares de la literatura sólida y lenta, procesada, que se construía en papel y era cuidadosamente revisada y moldeada por esos míticos editores que ahora todo el mundo extraña. No sé. No me lo creo.

(¿Dónde están esos todos esos editores superpoderosos en español, por cierto?)

Que un blog no permite sostener narrativa, dicen, pero no es difícil (aunque antes era más fácil) encontrar blogs que con o sin intención cuenten historias (muchas, complejas y anidadas) en entregas regulares. Adonai sabe cuánto control hay en esas historias, y no dudo que algunas sean ingenuas y otras (muchas) merezcan más trabajo en el texto, pero es evidente que están ahí.

¿Qué los blogs están anclados en el presente? Qué tontería.

¿Qué por qué escriben todos los días? ¿Por qué no son más pudorosos? ¿Y quién dice que no hay pudor ni control ni intencionalidad? ¿Quién dice que sólo hay una manera correcta de llegar a textos valiosos y perdurables y esta no puede pasar por un medio de publicación instantánea?

Tal y como yo lo veo, el blog es un espacio y una herramienta para jugar con textos (enriquecidos o no) y cada quien lo usa para lo que le plazca. A mí me permite explorar formatos y pequeñas estructuras. Es mi laboratorio público y también mi pequeña emisora contracultural. Escribo sobre lo que quiero y como quiero. A veces me corrijo compulsivamente. A veces escribo todo en diez minutos. Miento y me contradigo. Sostengo con pasión posiciones en las que no creo. También a veces digo lo que pienso y lo que siento. Me impongo ritmos de producción por temporadas. Mido mi propia capacidad para armar y condensar ideas. Recopilo esbozos de cosas que quisiera hacer más tarde con más cuidado. Propongo conversaciones sobre asuntos que me intrigan o me preocupan. Intento detectar mis vicios de escritura y corregirlos. Experimento con voces y tipos de prosa. Me interesa el impacto que estos textos producen en sus lectores (así sean pocos). Valoro la retroalimentación y las interpretaciones. A todo esto lo llamo notas. No tiene más aspiraciones. No sé si sea literatura ni me importa.

¿Y qué putas es literatura, ya que estamos?

Paseantes

Este ensayo reciente de Morozov conecta los problemas que describí en las últimas dos entradas y ahonda en las consecuencias negativas de la socialización de la red y la tiranía del motor de búsqueda. Aquí se refiere a la automatización de los enlaces:

[F]rictionless sharing has the same drawback as “effortless poetry”: its final products are often intolerable. It’s one thing to find an interesting article and choose to share it with friends. It’s quite another to inundate your friends with everything that passes through your browser or your app, hoping that they will pick something interesting along the way.

Idea: En los noventa surgieron anillos de sitios personales e independientes. Un sistema sencillo interconectaba semialeatoriamente sitios suscritos al anillo. De cierta manera Geocities era una versión monstruosa de esa idea. La primera versión de la Evil List de Sergio (de donde luego se desprendió la Open List) era un anillo de blogs con un pequeño portal para detectar actualizaciones de los miembros. Tal vez un esquema similar, reformulado y repensado para que se adapte al conexto actual, sería una buena manera de promover el vagabundeo en línea no mediado (lo que Morozov llama cyberflâneur) y hacerle frente a la limpieza, uniformización y centralización de la red que impulsan Google y Facebook.