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Piedra

Pienso en José Alfredo Jiménez y la piedra que le enseñó su destino.

Como todo el mundo sabe, la canción está inspirada en un viejo koan.

Una mañana de febrero, tras la meditación, un monje dudoso pregunta a su maestro cuál es el sentido del mundo.

El maestro, un anciano centenario conocido por su severidad, lo reprende. En castigo por su impertinencia, deberá caminar de Kyoto a Nara y regresar llevando una pesada piedra con la condición de jamás levantarla del suelo.

El monje obedece y recorre el camino de la capital a Tōdai-ji sin descansar. Patea la piedra con constancia aunque lastima sus pies. Al llegar al gran templo descubre que su maestro lo espera en la puerta junto a los guardianes.

“Quién eres ahora”, le pregunta al monje.

“Soy el camino”, responde el joven.

“Idiota”, dice el maestro, “duerme afuera y usa la piedra como almohada. Deshonras el templo sagrado con tu presencia.”

El monje duerme a la intemperie sin más abrigo que su túnica de aprendiz. Aunque está agotado al otro día muy temprano se levanta e inicia su regreso a Kyoto.

Pero nunca llega. Deshidratado y desnutrido, con la cara quemada por las heladas y los pies en carne viva, cae rendido y muere al final del primer día de viaje.

La piedra continúa su camino solitaria.

Retículo

Retículo Endoplasmático. En realidad no está relacionado con la entrada pero a que es lindo.

Como la idea es que la propuesta que describo brevemente en Divulgación no se quede en palabras, a continuación un pequeño aporte divulgativo de mi autoría que escribí hace veinte minutos: en materia de galletas, prefiero las bombas de mantequilla que aquí llaman eufemísticamente shortbread. Sobre ellas no hay nada. Entre dos tipos de galleta no siempre es posible decidir cuál es la mejor de las dos. Dentro del mercado colombiano, las galletas Ducales y las galletas Ricas son incomparables mutuamente, pero sin duda existe un máximo elemento que es menor que ambas. Por ejemplo, las Saltín. Y debajo de las Saltín están siempre las Saltín Integral. Asimismo, dados dos tipos de galleta, siempre existe otro tipo de galleta que juega el papel de mínima cota superior. No estoy seguro de cuál será en el caso de las Ducales y las Ricas. La verdad es que no soy un consumidor de galletas suficientemente disciplinado. Tal vez debí elegir otra categoría para ilustrar lo que quiero ilustrar. Pero ya es demasiado tarde. No es tan importante. El punto es que aunque no todo par de elementos sean comparables, debajo de todo par existe uno que es mayor que cualquiera que sea menor que los dos y encima existe uno que es menor que cualquiera que sea mayor que los dos. Eso es lo que se conoce como retículo. Una observación: a medida que descendemos el retículo de las galletas, el sabor de las mismas tiende a ser indistinguible del sabor del empaque que las contiene (sea plástico, lata o cartón). Otra observación: en la observación anterior se puede sustituir sabor por textura sin afectar la validez de la misma. Se sigue de lo anterior que cuando quiera que los científicos se interesen por materiales que tengan capacidad natural para la mímesis, la preparación industrial de galletas de mala calidad debería ser un punto obligado de partida.

Interior: consultorio odontológico

A: Abra la boca.
B: No puedo. No debo.
A: Le digo que la abra. No tenga miedo.
B: Lo hago para protegerlo doctor. Usted no entiende.
A: Estoy acostumbrado, creame. Nada que tenga ahí adentro podrá sorprenderme.
B: Mire, doctor, yo sé que mi mujer le dijo que tenía que verme, pero mi mujer no sabe lo que dice y usted no está preparado para esto. Al menos no por lo pronto. Tal vez más tarde. Tal vez nunca. No estoy seguro de que nadie esté preparado para esto.
A: Me subestima, Benavides. Yo soy un profesional de mi oficio. Tengo más de veinte años de experiencia. Me actualizo con frecuencia. No hay nada para lo que no esté preparado. He visto esa boca muchas veces y he visto otras mucho peores. Abra, le digo. Todo va a estar bien.
B: Por favor, doctor. Esta vez es distinto. Usted no tiene que hacer esto.
A: Su mujer no me perdonaría que no lo revisara, Benavides. Le prometí que lo haría y pienso cumplirlo. Mire: aquí donde me ve yo estoy salvando su matrimonio. Y usted sabe que necesita esto. Su señora está muy preocupada. No se ponga nervioso. ¿Quiere un poco de xilocaína?
B: No, doctor, no es eso. Usted de verdad no sabe de qué habla. Lo estoy haciendo por usted.
A: No se preocupe por mí. Venga, déjeme ver. Abra, diga “Aaaa”.
B: No, por favor, no… aah…
A: Eso. No oponga resistencia. Déjeme. ¿María Cecilia, me puedes prender el aspirador, reina?
B: ¡AAAaghhhh!
A: ¡Cielo Santo!
B: ¡AAAAArrgghhaaaahhhhhhhh!
A: ¡Dios Bendito, EstoNoPuedeSer!
B: ¡Ghrhaaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
A: ¡No, María Cecilia, no! ¡No se acerque! ¡Sálvese usted! ¡Sálvese, mujer! ¡Huya ahora que…
B: Oghrughuaahh…
A: ¡AAAAAaaaaaaaaaargh!
B: ¡Ghuah-Ghuah-Ghuah!
A: (Respiración entrecortada.)
B: (Expiración.)
A: (Respiración entrecortada. Sangre. Gritos de horror en el pasillo contiguo.)