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Cartografía

Seguimos, aunque no sé hacia dónde. A veces durante el día siento que debería tomar nota de algunas de las ideas que se me ocurren con el propósito de tal vez transcribirlas en este lugar más tarde. Por lo general resisto esos impulsos vanidosos. Quiero sostener cierto nivel de naturalidad en este sitio, así sea fingido, y eso implica sentarme cada noche a escribir lo primero que se me pase por la cabeza. Por ejemplo ahora pienso en eso de que a través de las palabras se avanza pero por otro lado nunca es claro cuál sea su destino. Me gustaría dedicarle tiempo a entender en qué sentido hay un desplazamiento, en qué espacio podemos detectarlo y quién o qué, en últimas, es lo que avanza. Imagino ahora a las ideas como una red y a las palabras como una forma (una de tantas) de saltar de una a otra mediante la construcción/el descubrimiento de vínculos (¿o tal vez las ideas son precisamente los vínculos y los nodos son conceptos o entidades enriquecidas de algún tipo? ¿abstracciones estructuradas?). A medida que los vínculos se establecen, la red se deforma para adaptarse a la nueva configuración, ciertas ideas se aproximan y esto permite nuevos vínculos que hasta hace poco eran (literalmente) impensables. Quizás avanzamos hacia una claridad. O hacia un equilibrio. O, a ver si puedo ser más concreto, hacia un esquema local e interno (necesariamente dinámico) de las realidades que frecuentamos. Un mapa en movimiento, o algo así. Las palabras lo ayudan a crecer y persistir.

Nada

Otra vez aquí. A veces me asomo a mi recolector de blogs con la esperanza de que alguno haya renacido para no sentirme tan solo o para recuperar momentáneamente la ilusión de concurrencia que alguna vez fue tan placentera, aunque creo que seguiría sintiéndome solo de cualquier modo porque esta soledad no se quita con blogs ni pantallitas ni mucho menos concurrencias. Creo que eso es todo lo que tengo para decir hoy. Me siento mal porque sé que entrar a estos espacios tan distantes de la acogedora realidad colapsada en flujos sociales exige esfuerzo y hasta sacrificio cuando no valentía, así que es injusto que como recompensa reciban apenas esto, tan nada. Para eso quedarse del otro lado atento a la siempre inminente próxima insolencia del imbécil que gobierna ese país fallido al sur de acá.

(Por cierto, al respecto de eso pensaba que tal vez llegue un momento cuando Twitter tendrá que decidir entre Trump y la gente. Por lo pronto parece preferir a Trump. Supongo que se ve bien en la hoja de vida: Parlante de Donald Trump (2013 – Presente). No sé qué tal sonará eso en unos tres años, cuando sus decisiones y majaderías le cuesten la vida a suficientes personas.)

Delusión

Los paños de agua tibia no arreglan nada pero consuelan, que es una forma de sanación simbólica no sin mérito.

De camino al colegio, en el bus, la niña me explica que no basta con ponerse una sábana encima para ser un verdadero fantasma, lo esencial es primero estar muerto. Ahora pienso que tal vez me lo explicó en el cuarto, mientras me vestía.

En el chat del trabajo alguien habla largamente de los beneficios de una dieta balanceada acompañada de ejercicio y cómo esta receta infalible lo curó de sus problemas cardiacos. Iba a escribir conversatorio en lugar de chat pero me contuve. Merezco un premio o algo.

De regreso, en otro bus, oigo música y leo artículos de prensa. Llovía. No me mojé gracias a mi fiel sombrilla robada en el metro de Seúl.

Ya en la casa, después de comer, leo un rato sobre variables instrumentales y modelos de causalidad, un negocio que más que estadística parece a veces filosofía aplicada (bajo el cual intuyo un marco categórico por desenterrar). Entiendo (un decir) apenas lo básico muy básico y me imagino diagramas pero ya estoy aburrido más que cansado, así que miro al techo un rato corto y sopeso el dolor actual en el ojo. Me convenzo de que ha de ser menor que ayer y procedo a contemplar una nueva dosis de paños tibios para que no digan que no me someto al régimen impuesto por la médica. A esa delusión de que estoy mejor la llamo consuelo. Se vive mejor sumergido en eso.

Incapaz

Resultó que este fin de semana es acción de gracias así que el lunes no trabajo. Tal vez debería hacer pausas del diario los fines de semana para ver si la pausa contribuye así sea mínimamente a mejorar el contenido aunque no creo que haya redención por ese lado. El diario sirve para reconocer un vacío (¿una incapacidad?) y permitirle ser. No sé si para eso esté pero sin duda cumple ese servicio. Me recuerdo que esto que armo a retazos acá es un espacio para el contacto distante, a veces a través del tiempo, con personas que me inventan. No es un diario en la norma en tanto que no es un compendio de intimidades reseńadas periódicamente sino más bien un intento de crear y sostener una conversación así sea falsa. Sobre todo por la costumbre, por la nostalgia de las voces que alguna vez contuvo, pues ya casi todas se han ido. De pronto nunca estamos de veras acá. Pero entonces no sé dónde estamos.

5

Así le gusta andar por las mañanas.

14

Recuerdo que la introducción del determinante en el curso de álgebra lineal que tomé en la universidad me pareció artificiosa. Nunca entendí del todo por qué ese procedimiento recursivo tan complicado y medio salido de la nada tenía esas propiedades tan agradables. O tal vez sí lo entendí, pero a fuerza de darle vueltas y vueltas más adelante en muchos contextos diferentes. Hace poco mencioné mi incomodidad con los determinantes en Twitter y Federico Ardila me respondió con un enlace a este artículo de Sheldon Axler escrito en 1994 donde ofrece una aproximación muy agradable a varios resultados importantes de álgebra lineal sin recurrir a determinantes. Fluye muy bien. Al final define el determinante como el producto (contando multiplicidades) de los valores propios, lo que se siente muchísimo más apropiado.

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Al respecto del dato de ayer (que yo me apresuré a leer como machismo puro y duro), John Goodrick dejó en los comentarios un enlace a este artículo donde se observa que la amplitud de las brechas entre hombres y mujeres en los resultados de Pisa de matemática y lectura están inversamente relacionadas. O sea: donde hay más ventaja de los hombres sobre las mujeres en matemática la ventaja es estrecha entre las mujeres y los hombres en lectura (como en Colombia) y también al revés. ¿Por qué pasará eso?

Adenda: Olvidé mencionar que el artículo también correlaciona la amplitud de las brechas con índices de igualdad de género (reforzando un poco más la teoría del machismo como factor.)

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Santiago Ortiz sugirió ayer que revisara las diferencias en resultados de Pisa discriminando por mes de nacimiento para ver si pasa algo parecido a lo que describe Gladwell en Outliers. Esta mañana me levanté intrigado y armé esto:

mesdenacimiento

Una mirada rápida parece sugerir que en Colombia no hay ventaja debida al mes de nacimiento. Sin embargo Santiago, que es curtido en estos asuntos de visualizar, me sugirió que lo ordenara arrancando en julio y terminando en junio. Obtuve esto:

meses-julio

¿Ven el salto?

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Me gustaría explorar la posibilidad de armar una publicación en línea para público general que haga “periodismo de datos” (concepto en desarrollo) en español sobre asuntos sociales y políticos del mundo hispanohablante (o latinoamericano — o tal vez solo colombiano para empezar). La idea, muy escuetamente, sería ofrecer reportajes a fondo, bien editados y bien escritos (amenos, entretenidos, con alma) donde la narrativa estuviera parcialmente guiada por la existencia de bases de datos que ofrecieran alguna perspectiva particular sobre un tema (de coyuntura o no) y el contraste crítico entre los análisis de los datos (y la misma existencia de los datos) y las realidades que pretenden describir/comprimir (lo que implicaría además hacer reportería seria hablando con gente y demás, de eso que ya casi no se hace). De paso podría ser una buena plataforma para promover la liberación de bancos de datos públicos en nuestros países. Como sea, un proyecto con semejante ambición necesitaría plata pues dependería de infraestructura y un equipo de personas muy competentes. Durante el próximo año de pronto revise cómo se podría financiar y organizar algo así. Si tienen sugerencias al respecto las recibo en los comentarios.

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No conocía PSPP, la alternativa libre a SPSS. Útil.

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Ya es hora de que acepte que “la academia” no es para mí: tenemos prioridades y valores distintos. Me da pesar porque me gusta enseñar y hablar de matemática, pero supongo que haga lo que haga con mi vida siempre aparecerán otros espacios para enseñar y aprender ojalá más compatibles con lo que soy (o no soy).

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Me contó Nicolás que en estos días de ventiscas heladas entró a la tienda una mujer colombiana huyendo del frío. Dijo que disculparan pero no entraba a comprar nada sino solo a escampar del hielo y ahí mismo se puso a llorar.

Ideas para Pocoyó

El episodio en el que Pocoyó llora de verdad • El episodio en el que Pocoyó mata a Pato accidentalmente con una pistola cargada que encuentra junto a un árbol • El episodio en el que se discute que Pocoyó es el único humano que sobrevivió a una hecatombe nuclear • El episodio en el que Ely entiende que está hecha para complacer ciertos requisitos vagos de corrección política • El episodio en el que se descubre que Pato no existe • El episodio en el que Pocoyó pregunta compulsivamente por sus papás y nadie sabe nada • El episodio en el que una fiesta de cumpleaños de Ely termina en tragedia • El episodio en el que se comen a Fred El Pulpo a la gallega • El episodio en el que Ely debe elegir entre perder sus piernas o perder su vida • El episodio-homenaje póstumo a Stephen Fry • El episodio en el que se revela que al final de cada episodio Caterpilar muere y es reemplazada por una nueva • El episodio en el que Pajarodó se va y no vuelve • El episodio en el que Pocoyó debe aceptar que ninguna amistad es para siempre • El episodio en el que Pocoyó dice que nada tiene sentido • El episodio en el que Pocoyó acepta que el cáncer nunca se irá.

Pasos

¿Qué tan segura será la gente con respecto a las medidas que toma usando pasos? ¿Qué tan precisa? En los libros de piratas entierran el tesoro usando pasos, ¿alguien habrá estudiado el nivel de precisión de esa técnica de medición individual y transversalmente?

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Conjetura: La gente que hace yoga debe ser buena reproduciendo medidas tomadas en pasos.

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Juego: un jugador es llevado a un escenario donde le presentan una distancia sobre la tierra y otra vertical. El jugador no puede usar ninguna herramienta para medir estas distancias diferente de lo que le permita su propio cuerpo (pies, palmas, pasos, codos, etc). Tiene un número determinado de minutos para estudiarlas. Luego, en otro escenario, el jugador debe reproducir estas mismas medidas. De nuevo tiene un límite de tiempo. Gana el jugador que logre el menor promedio de errores.

Natividad

Hay que nacer para poder morir. El nacimiento de Jesús es el inicio de su sacrificio que será culminado en el calvario. Nunca es muy claro desde qué perspectiva presenció Jesús su existencia terrena. A partir de qué momento entendió cuál era su papel. ¿Lo entendió? A través de su hijo el padre experimentó el tiempo y las dudas. Se sometió voluntariamente a la ignorancia del mundo y el desconocimiento del futuro. Tal vez Jesús jamás supo lo que el padre esperaba. Apenas intuía que ocupaba un lugar singular en el Gran Esquema y aceptaba su destino resignadamente, confiado en la misericordia del Padre, tan sorprendido como cualquiera de su poder y su miseria.

Rutina apocalíptica

Creo que no me molestaría que el mundo se acabara de repente en diez días siempre y cuando no fuera doloroso. Hay mundos acabándose todo el tiempo en todas partes pero casi nadie piensa en eso. Ciertos mundos se terminan en medio de mucho dolor y mucha confusión. En otros el sufrimiento es apenas perceptible. El mundo es un concepto muy frágil que se sostiene, ahora que Dios no existe, sobre la idea de que TODOS compartimos una experiencia objetiva muy complicada de aislar pero evidente para los sentidos. Esta idea se sostiene a su vez sobre la ilusión de que el lenguaje (entendido ampliamente) nos permite transmitir con claridad estados mentales. Cuando hablamos de el mundo nos referimos, en realidad, a esta red de intercambios de mensajes. Dado que los mensajes tienen un radio de alcance limitado dentro de la red, es más preciso hablar de varios mundos que de un único mundo. El fin de un mundo es la destrucción de las condiciones que permitían compartirlo y la consecuente inutilidad de las palabras. En cada soledad hay uno.

Tratamiento

Son jóvenes. Doce semanas de entrenamiento y directo al monte. Les dicen que están preparados. Los engañan. La zona está infestada. No reconocen las señales de riesgo que anuncian el ataque. El ruido blanco que corta el chirrido de los grillos y reconfigura el silencio. Los he visto actuar, es mi trabajo: los dientes flotantes despedazan a su víctima en segundos. Su diseño es óptimo. El elegido se deshace en un murmullo de sangre y vísceras que parece levitar momentáneamente mientras es digerido por el enjambre. Quienes sobreviven hablan del abrazo de calor acogedor que súbitamente desgarra la carne y del ronroneo de la nube lechosa que los envuelve y reduce a esos muñones purulentos de pensamiento puro que ahora flotan frente a mí protegidos por burbujas psicogénicas. Somos el futuro, nos advierten con insistencia.

Álvaro está berraco

Érase una vez un niño llamado Álvaro. Tenía cincuenta y nueve años. Álvaro estaba berraco. Estaba muy berraco: las vacaciones en el país de los niños reyes se habían acabado. Como estaba berraco, entonces Álvaro no quería comer ni bañarse ni tampoco vestirse. «Cuidado», advertía su mamá, «Ahí viene Álvaro», y él corría por la casa gritando y agitando los brazos. Tumbaba vasos y libros de las mesas. Insultaba desconocidos en internet. Hacía videos mostrando diente. No respondía cuando lo llamaban. «Estoy berraco», decía, y los papás lo ignoraban porque el psicólogo decía que Álvaro quería atención. Era difícil ignorarlo. Cada día era peor. Los papás le pidiéron pastillas al psicólogo pero él dijo que no era de esos psicólogos. Les dio unas gotas que no servían para nada. Cada mañana los gritos eran más fuertes. Un día los vecinos llamaron a la policía y la policía vino a preguntar qué pasaba. «Álvaro está berraco», respondió el papá. Los policías pidieron ver a Álvaro pero él no quería abrir la puerta. «Estoy berraco», gritaba desde su cuarto. «¡Es-toy-be-rra-co!» Los policías pidieron disculpas y se fueron justo a tiempo, porque Álvaro rompió la puerta con sus garras y rugió. Se había convertido en un monstruo. Su mamá le preguntó quién era. Su papá le preguntó dónde estaba Álvaro. Álvaro volvió a rugir porque no se daba cuenta de lo que pasaba. La mamá lloraba y el papá gritaba «¡Qué hiciste con mi hijo!», era todo muy confuso. Álvaro corría alrededor de los dos diciendo «¡Soy yo, ¿no me ven?, soy yo!» pero sus papás sólo oían los rugidos amenazantes de la bestia de pelo morado, ojos incandescentes, siete tentáculos, espuma en la boca y espinas en la panza. «Soy yo, soy yo», decía Álvaro angustiado, pero sus papás le pedían, de rodillas y en lágrimas, que se fuera, que no los matara con esa espada afilada que cargaba.

Otra decepción más

Como todos ustedes saben, yo soy un fan de los reinados de belleza. Me gusta seguirlos de cerca y enterarme de todas las cosas que ocurren durante ellos. Es uno de mis mayores hobbies. En Colombia compraba Cromos por esta época y calificaba las niñas en diferentes categorías (Cuerpo, Rostro, Inteligencia, Carisma, Estilo/Clase y Glamour) para luego poder decidir cuál era mi favorita. Todo viene de mi infancia en Lorica y el barullo que despierta en la costa todo este asunto del once de noviembre. Ahora intento hacer lo mismo en linea basándome en la versión electrónica de la revista y los informes que publica EL TIEMPO. Este año, sin embargo, EL TIEMPO no le ha dado la visibilidad que merece al evento, así que he tenido que recurrir sólo a la revista. Todo esto porque el doctor Angulo, presidente de la organización, no ha invertido un céntimo en una página de internet para que los interesados que desafortunadamente vivimos en el extranjero podamos seguir las incidencias del concurso sin la intermediación de los parcializados medios.

Este año mi candidata era la niña del Tolima —se me va el nombre ahora—, así que imaginarán mi desilusión cuando no quedó en el grupo de las diez finalistas. Una vez más, los jurados decepcionan la movilización popular que apoya las candidatas y haciéndolo van en contra del sentir del pueblo. ¿Cómo es posible que en lugar de Tolima se hayan ido por el gurrio —me perdonarán pero no encuentro otra manera de describirla— de Sucre, sin lugar a dudas el palo de la noche? Pero las desilusiones no terminan ahí. Gana Atlántico, otra Tafur nieta de turcos usureros. La misma que en tras las entrevistas con el jurado había sido descrita como «una niña de poca clase» por uno de ellos; la misma que no supo usar los tenedores apropiadamente en la cena del viernes con los edecanes; la misma que se cayó de la lancha durante la sesión de fotos del minicromos; la misma que «no habla inglés pero lo entiende»; la misma que, según los chismes de Carrusel, se emborrachó el miercoles pasado en su habitación en compañía de su prima, la huesuda Adriana Tafur. Eso es lo que más me indigna, que el animo reelectoral haya trascendido la esfera de lo político y ahora empecemos reelegir reinas. Esto, mis amigos, es nepotismo. Todo el mundo sabe muy bien —recuerden el incidente de la viciada elección de Susana Caldas o el escándalo tras la coronación de Paola Turbay— que la soberana que deja el cetro tiene influencia sobre la desición final del jurado. Es inaudito que la organización desconozca este hecho cierto y permita que una prima hermana de la actual reina nacional se presente como candidata. Mucho más siendo estas dos tan cercanas, buenas amigas y descendientes de extranjeros. Yo sé que dirán que todos lo somos, pero lo cierto es que nadie en sus cabales reconocerá que Tafur es un apellido colombiano. Yo diría que hasta dinero del narcotráfico hay ahí.

El reinado nacional de la belleza es una institución que nos pertenece a todos. Permitir que naufrague en los vicios que, tras la muerte de doña Tera de Angulo, lo han pervertido, es jugar con el sentimiento de un país, con lo que creemos y queremos, con lo que somos. Bien por traer a Juanes a la velada de coronación, un acierto. Bien por traer a Armando Manzanero, su show estuvo, me cuentan, inolvidable. Mal por las preguntas de los jurados: simplonas, sin gracia, sin picante, sin la riqueza necesaria para permitir verdadera opinión. Mal por el racismo del jurado, que deshonrosamente califica por debajo las respuestas de la niña del Chocó y su presentación en vestido de noche solo porque es negra. Mal por el premio al vestido de traje de fantasía. ¿Cuándo aprenderán a valorar la sencillez y la creatividad sobre las plumas blancas gigantes? Mal por el premio Silueta al mejor cabello para Valle, esos flecos no lo merecían. Mal por permitir que Dúrex patrocinara una de las vallas durante el desfile en traje de baño, apoyar el uso del preservativo va en contra del espíritu del concurso y de los colombianos, pervierte. Mal por el accidente ocurrido durante la tradicional batalla de flores. La muerte de Jaime Emilio Marín, el joven paisa asesinado durante los disturbios, debe ser aclarada, así como la participación en la misma del chofer de la carroza donde iba la reina de Meta. Mal por los comentarios de Pilar Castaño, Jairo Alonso y Jorge Alfredo Vargas. No hacen un buen trio, se notó la lucha por el protagonismo frente a las cámaras. Además, los tics de la Castaño son cada día más visibles y la voz de Jairo Alonso ha perdido su otrora característica potencia. Mal por la elección de Miguel “La jirafa” Varoni y Paola “Voz de pito” Turbay como maestros de ceremonias. Mal por el show de Andrés López en el intermedio. De muy mal gusto, desentona con la categoría del evento. Mal por el traje que lucía el doctor Angulo, cómo le hace de falta su señora madre para plancharle las cosas.

Esperemos que la nueva soberana tenga una mejor presentación en Miss Universo que su prima, cuya actuación dejó mucho que desear. A Adriana le deseamos buena suerte, ojalá y se reponga de su reconocida afición a las drogas y cumpla su sueño de ser comentarista de farándula en televisión. En el minicromos demostró que tiene madera… pero de balso.