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bogotá

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Fenómenos como la calle del Bronx no son el producto de la criminalidad o las drogas sino de la exclusión y discriminación o indiferencia de la ciudad con las personas que por cualquier razón pierden la ruta prevista. Esos complejos laberínticos de bloques de casas interconectadas con acceso controlado por empalizadas de desperdicios son la forma como los expulsados de la ciudad arman espacios para vivir y articulan comunidades: son su casa, el único refugio que la ciudad (de mala gana) les concede. Afuera se exponen a la brutalidad de las autoridades que (en lugar de ofrecerles protección, apoyo y refugio) los tratan como peste y sólo les permiten pasear de noche para recoger y clasificar la basura de los acomodados. Debido a sus circunstancias y a la ausencia de alternativas compasivas, estas comunidades y espacios terminan bajo el control opresivo de grupos violentos que suplen sus necesidades a cambio de servicios varios y control sobre sus cuerpos (son propiedad del Señor Matanza), pero al desmontar esos grupos en operativos como el de ayer (o el de febrero de 2015) no se solucionan los problemas esenciales de los habitantes del Bronx, o sea los que los llevaron en primer lugar a vivir en las calles. Si acaso los agravan, pues derrumban de paso sus terriblemente frágiles pero cruciales redes de apoyo y los despojan de resguardo. Cuando se cuestionan operativos como el de ayer sus defensores primarios responden con disyuntivas imposibles tipo “¿Acaso debíamos permitir que prosperara impune la prostitución infantil?”, pero lo que se critica de los operativos es su miopía: su forma de tratar síntomas locales y superficiales (serios, seguro, pero superficiales) e ignorar con candidez, como si fuera inevitable, la situación (todavía más grave y global) que a la sazón genera esos síntomas, aquella que pronto permitirá que en ese lugar o en algún otro similar no muy lejos de ahí las mismas estructuras se reconfiguren, con los mismos expulsados, olvidados y despojados bajo la ley de nuevos proveedores y regentes tan o más violentos que los recién desmontados.

(Cosas que me pusieron a pensar Aleyda y Marcela con sus conversaciones en Twitter esta mañana.)

Encuestas a la alcaldía de Bogotá (3): Resultados

Marcados con cuadrados los resultados finales de la elección (Preconteo al 98%). También anoto los valores que estimaba la regresión local de encuestas:

letras.grandes.25oct

Nada mal considerando la simpleza de la agregación. Clic en el gráfico si quiere verlo grande.

Aquí la primera entrada, donde hice la primera estimación y probé el método con los resultados de la campaña anterior.

Encuestas a la alcaldía de Bogotá (2)

Agregación de las encuestas de intención de voto por los candidatos a la alcaldía de Bogotá:

encuestas.24oct

Esta es una continuación de un ejercicio iniciado acá. En Twitter solté actualizaciones con cada encuesta publicada. En esta última agrego los porcentajes finales de las curvas de regresión local. Como siempre me interesa más la descripción de los datos que la predicción. En este caso, la interacción entre el avance y la caída de las campañas con el paso del tiempo. O la constancia, como en el caso de Pacho Santos que deja la campaña en el mismo nivel en el que arrancó y compitiendo duro con el voto incierto.

Encuestas a la alcaldía de Bogotá

En los gráficos que siguen combino la información de todas las encuestas de intención de voto para la alcaldía de Bogotá usando curvas de regresión. Para la estimación con líneas rectas uso una regresión robusta y para las curvas una regresión local:

encuestas2015.lineas
encuestas2015.curvas

Para comparar, aquí lo mismo con las encuestas para las elecciones de 2011 que ganó Gustavo Petro.

encuestas2011.lineas
encuestas2011.curvas

Las líneas horizontales son los resultados finales (en porcentaje de votos) para cada candidato.

No estoy seguro de qué tan correcto sea mezclarlas con semejante desparpajo.

Ñapa: aquí una gráfica de las líneas en la elección anterior usando solo las encuestas previas a octubre de 2011, para verlas más o menos en el mismo estado en el que se encuentran las de este año:

elecciones2011.lineas.pre

Ya para ese punto era clara la victoria de Petro, parecería.

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colegios distritales
Un abrebocas de algo que estoy haciendo ahora. Cada punto es un colegio distrital (oficial). Entre más oscuro el tono de azul, menor la mediana de los puntajes en matemática en Saber 11 (2013). Los colegios por concesión están demarcados con una corona naranja. Clic en el mapa para ver más grande.

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En algunos de los mapas que he hecho por estos días Bogotá parece una puñalada en el corazón del país.

Perspectivas más convenientes

En cuestión de unas cuantas horas, la historia de la muerte de seis personas en un bar del sur de Bogotá debido a excesos inexcusables de la policía pasa en la portada en línea de El Espectador de esto:

Screen Shot 2013-09-16 at 10.19.07 PM

A esto:

Screen Shot 2013-09-16 at 10.19.14 PM

Es decir, de la historia de un abuso policial con muertos debidos al uso de gas pimienta en un recinto cerrado repleto de personas al problema de los locales sin licencia o abiertos a deshoras o lo que sea. (En este artículo pretenden desconectar el uso del gas de las muertes argumentando que fueron causadas por asfixia mecánica, como si el uso del gas no fuera la razón de la estampida humana.) Veladamente se empieza a imponer la perspectiva conveniente que relega las muertes a un segundo plano, como si fueran apenas una consecuencia de esos malévolos establecimientos nocturnos “que le hacen daño al país”. Asqueante.

Adenda del lunes: ahora la policía empieza a sugerir que ni siquiera usaron muchos gases:

Screen Shot 2013-09-17 at 8.20.47 AM

Al menos el editorial de hoy en El Espectador no cae en lo mismo.

Visiones espaciales

La columna de hoy está dedicada a las fotos que Chris Hadfield toma desde la estación espacial internacional. Todavía no sé por qué me conmueven tanto. Exacerban mi humanismo más primitivo. Me hacen sentir afortunado e inspirado.

London, Ontario, desde arriba-afuera.

Quería mencionar en la columna, pero no encontré cómo, el proyecto Astronomía periférica, una colaboración entre Jaime Forero, Luis Bustamante y Alejandro Tamayo para promover la astronomía mediante actividades artísticas en barrios de Bogotá. Es bien bonito lo que hacen. Colombia necesita más científicos así y menos como este ejemplar.

Bernardo Hoyos

Durante los noventa, a Bernardo Hoyos era fácil encontrárselo en los cines del Centro Comercial Granahorrar. Ahí lo vimos alguna vez, sentado en primera fila junto a su lazarilla para poder distinguir entre manchas borrosas las escenas de Saló, durante una de tantas proyecciones de la supuesta última copia disponible en el país (eternamente a punto de ser incinerada). Bernardo Hoyos, su voz y lo que él representaba (la cultura culta de la alta sociedad pretenciosa) eran objeto de burla frecuente entre mis amigos. Pero creo que esa mañana de sábado, entre nuestras risas y las súplicas de los jóvenes torturados, el señor fue al menos momentáneamente parte de nuestra hermandad de (falsos) renegados.

Planet B-Boy

También está Planet B-Boy, un documental de 2007 dirigido por Benson Lee.

Sinopsis: clanes samurai con nombres pintorescos se dan cita en Braunschweig, Alemania, para competir en La Batalla del Año, un evento que define sus vidas y los consolida como guerreros de clase internacional. La película sigue la preparación de los clanes coreanos (Gamblerz y Last For One), el clan norteamericano (Knucklehead Zoo), el clan francés (Phase T) y el clan japonés (Ichigeki). Los contextos sociales y personales de los clanes y sus miembros (de Corea rural al desierto de Nevada; de los suburbios de París al caos de Osaka) ayudan a entender la extensión de la cultura samurai y su sorprendente apropiación en medios tan diversos. Una vez superado el escepticismo ante la aparente singularidad del fenómeno sobreviene el aprecio de sus tradiciones. El torneo es intenso y el resultado, aunque predecible, sugiere un koan implícito sobre el valor del esfuerzo y el sacrificio. Al cierre, junto a los créditos, en viñetas breves, vemos jóvenes samurai practicando el Arte en rincones olvidados del planeta. En un andén de la avenida veintiseis, con los cerros bogotanos y el centro de la ciudad al fondo (tan horrible y tan familiar), un pequeño samurai vestido de negro ejecuta un giro limpio que cierra con un corte fulminante de su espada. Esa imagen, no sé por qué, me arruga el corazón.

Nuestra historia de amor

En su blog, Arturo escribió sobre su relación de amor-odio con la matemática. Son cinco capítulos (1, 2, 3, 4 y 5). En el tercero (titulado Idilio) hay un breve cameo de mi yo más joven, socialmente inepto e idealista:

Con Javier montamos un grupo de estudio de geometría algebraica sin profesores. Pegamos avisos en el edificio de matemáticas citando a reuniones semanales. Logramos una convocatoria de tres personas: Javier, Oscar y yo. En los letreros nos escribieron cosas como “sapos reglados”. Quería tanto a las matemáticas, a mi nueva novia, que no tenía problema en compartirla con Javier y el malparido no fue capaz de darme un abrazo cuando se fue a hacer su doctorado hace ya más de diez años. No lo he visto desde entonces y no sé por qué lo quiero. No es que la gente del edificio de matemáticas de la Nacional se caracterice por sus grandes habilidades sociales tampoco.

A Arturo lo conocí dentro de ese contexto idílico, cuando estaba(mos) volcado(s) a aprender matemática con entusiasmo (aunque en la práctica yo le dedicara muchas más horas semanales a los juegos de rol). Nuestro primer curso juntos fue álgebra lineal. Acababa de regresar del ejército. Arturo era uno de los mejores del grupo junto a Javier (Solano) y Freddy (Hernández) (hoy ambos trabajan como profesores en universidades en Brasil). A partir de ahí vimos juntos al menos un curso por semestre por unos tres años (incluyendo uno inolvidable con Alonso Takahashi y también el curso de lógica donde conocimos a Andrés (Villaveces)) hasta que Arturo, de un momento para otro, desapareció. En su blog explica bien por qué. Yo lo sospechaba, pero él era muy reservado con respecto a su vida personal y creo que la consideraba de cierta manera incompatible con nuestra historia de amor amistad (asociada inevitablemente a estudiar heteronormativamente). Para el momento cuando me gradué de la universidad sabía muy poco de su paradero. Luego de que me fui retomó su trabajo final y se graduó. Varios años más tarde, ya en Estados Unidos, busqué información sobre él y encontré su dirección de correo electrónico en Los Andes, donde dictaba clase. Entonces le escribí. Hace unos trece años cortos que no lo veo en persona.

Finalmente aprendí los fundamentos de geometría algebraica en Urbana, en dos cursos muy regulares que me forzaron a las malas a hacer incontables ejercicios (estos sí muy provechosos) del libro de Hartshorne (en mi copia, el margen negro por el uso delimita claramente el cuarto escaso que avancé en ese libro) y un curso muy bueno que tomé tal vez demasiado tarde con Dror Varolin, donde miramos con mucho cuidado (y haciendo muchos cálculos iluminadores) las conexiones entre análisis complejo y curvas algebraicas (sospecho que de haberlo tomado más temprano me hubiera dedicado a la geometría compleja). En los intermedios leí capítulos del libro de curvas elípticas de Silverman y el libro de grupos algebraicos lineales de Humphreys, pero nunca le puse el suficiente empeño para avanzar más allá. Pese a todo eso, a estas alturas lo único que puedo acreditar es comprensión muy general de la terminología y maquinaria más básica. Eso sí, me sigue encantando.

Y los abrazos ya no me cuestan tanto.

Hay otros mundos

La información es una forma evacuada de conscienciaMurió el fundador y administrador del proyecto matplotlib ¶ Lecciones elementales de etiqueta bogotana para extranjeros ¶ Cuarenta y cinco monemas de la visualización de información de acuerdo a Santiago OrtizPalabras para llegar a la luna ¶ Cabin in the Woods por fin llega a España ¶ Ciencia ficción en el aula de clase ¶ Un blog dedicado a las incursiones artísticas en la anatomía ¶ Y ya que estamos, la Barbie anatómica.

Emblemas orgullosos de la ira suprema

En Poor People, su atlas personal de la pobreza, Vollmann menciona a Bogotá varias veces. Hay personas que viven en Bogotá sin saber en qué sociedad viven. La pobreza, que atribuyen a descomposiciones morales y/o defectos de carácter, los asquea. ¿Por qué nuestros pobres no son como los del primer mundo?, se preguntan. En un libro de cuentos infantiles comentados por Ana Botella que llegó a mis manos recientemente, se destaca la mansedumbre de Cenicienta como una de sus virtudes principales. Cenicienta acepta los maltratos de su madrastra y además la respeta. Es un ejemplo de miseria bien llevada, digna. Esa es la actitud que los acomodados bogotanos esperan de sus sirvientes. La insolencia de los mendigos, además de insultante, les resulta incomprensible.

Vollmann describe “la cara de Bogotá”:

green or tan or white high walls overstrung with barbed wire, private security guards who shrink away from every stranger, even from me if I come on them suddenly; truckloads of police in the streets, broken glass atop brick walls, caution and suspicion, masked by the appeasement of panhandlers who refuse who go away, getting angrier and angrier, striding up to my interpreters scowling and threatening; call them proud emblems of the tallest wrath; sometimes they kill drivers and set cars on fire.

Probablemente es exagerado, no sé. Hace casi cinco años que no voy. Cuando hablo con amigos que están allá me dicen, con cierta resignación, que es mejor y peor. Que hay cosas que ya no pasan pero también hay otras que no pasaban y ahora sí. La ciudad muta y su miseria evoluciona o se reubica. Mi impresión de todas maneras es que los rasgos generales de la pobreza bogotana no han cambiado considerablemente desde hace mucho tiempo (lo que otorga un cierto grado de validez al diagnóstico de Vollmann). Las modificaciones son apenas cosméticas, valga la ironía.

Otra cita del libro, corta y contundente:

The worst places are those where both inter- and intra-class estrangement exist. Accordingly, Colombia haunts me.

A mí también me asusta.

Tela

Una empresa local ofrece el servicio de distribución y lavado de pañales de tela. Es barato y cómodo. Más barato que los pañales desechables que se consiguen en el supermercado. El pediatra los recomendó. Son suaves, tienen elásticos y botones de presión, y por lo pronto cumplen su función sin queja (apoyados en unos calzoncitos ligeros de plástico). Cada jueves recibimos más que suficientes pañales limpios y entregamos una bolsa llena de pañales sucios que ellos lavan y desinfectan en máquinas industriales como las que se utilizan en hospitales. Si por casualidad necesitamos más, llamamos y traen más. Si Laia creció y necesitamos unos más grandes, lo mismo. Todo dentro del precio fijo semanal. La primera semana Laia usó sesenta y tantos pañales. Los acumulamos en una caneca que la empresa provee. No despide olor alguno.

Mi tío Juan, que estuvo de visita, dice que un servicio como este podría tener éxito entre el progresismo bogotano. Mi mamá por su parte opina que allá no prosperaría porque requiere compartir pañales con otras familias y eso no sería bien visto. Sospecho que mi mamá tiene razón. O tal vez el servicio tendría que ser carísimo (para que sientan que no compartirán pañales con cualquiera o que no compartirán en absoluto), en cuyo caso perdería buena parte de su gracia para mí. La desconfianza generalizada (sumada a las infinitas barreras sociales dispuestas) encarece y complica vivir.

Trabalenguas

Decimos que todos somos quien no somos para no ser quienes somos cuando no somos quien no somos. En realidad nunca podríamos ser quien no somos y ni siquiera queremos serlo. Apenas decimos que lo somos para negar las fosas (de seguridad, de privilegio, de comodidad, de rango) que previenen que quien no somos pueda ser quien somos. Necesitamos a esos que no somos para seguir siendo plenamente quienes somos. Sólo así podemos seguir dividiendo el mundo entre los nosotros y los (pobres, oprimidos, humillados, explotados, masacrados) otros que por fortuna no somos todos.