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Intermediario

Y bueno, otra semana que se va por el hueco sin nada meritorio para cosechar. No me quejo porque nunca ha sido mi propósito ser un segador de iluminaciones. A duras penas arrisco con lo que me corresponde y de vez en cuando incluso eso se me sale de las manos así sea poco porque supongo que no es tanto un problema de fuerza sino de destreza. No que sea fuerte tampoco, por si hace falta aclararlo. Esta semana la cocina estuvo relativamente limpia y mi nuevo intento de hacer dieta prosiguió sin contratiempos. Poco contacto social fuera del trabajo. A veces no me hace falta y a veces sí. Recientemente no tanto. Prefiero estar en la casa con M. y la niña, jugar y conversar. Los domingos paso la mañana con L. en el parque mientras M. trabaja. Por las noches leemos Momo. Apenas estamos comenzando. Intento también leer cada día unas cuantas páginas de la antología de Borges que sacó la real academia de la lengua. Contiene el ensayo sobre Swedenborg que tanto me impresionó de muchacho. Después de leerlo le conté a mi tía Ángela y ella me advirtió que con Borges nunca se sabía si lo que decía era real o no (creo que ese libro de ensayos Borges Oral fue lo primero que leía de él), así que busqué en la enciclopedia británica herencia de mi abuelo qué encontraba y ahí estaba la entrada sobre el místico alemán. A partir de ahí, en muchas de las bibliotecas por las que he pasado busco libros de Swedenborg y los ojeo no sé bien buscando qué. En la biblioteca de la Universidad Nacional, por ejemplo, había un volumen (solo uno, aunque eran varios) de sus viajes por el inframundo que era un obsequio (aclarado en una nota a mano) de unos seguidores de su doctrina radicados en Chile o Bolivia. Lo malo es que son unos libros aburridísimos. Menos mal que un viejo argentino ciego los leyó por todos nosotros.

Científicos postergados

La columna de hoy trata sobre la incertidumbre laboral que define la vida del científico joven hoy en día. Luis Noriega y Clara Osorio me ayudaron a afinarla y reducir mi tendencia al alarmismo apocalíptico. Su título, una propuesta de Luis, es una referencia al cuento del brujo postergado de Borges. Muy apropiado. El sistema basado en contratos temporales flotantes fuerza a muchas personas talentosas a dejar la disciplina y es un desperdicio de recursos y entrenamiento en general. Esto contradice el discurso sobre la prioridad de la ciencia, la educación y la tecnología en el contexto económico actual. ¿Si es tan prioritario por qué tanto desperdicio? En las jerarquías científicas más altas hay mucha gente con buena voluntad pero también hay mucho cinismo y mezquindad alrededor. Es fácil dejarse tentar por la mano de obra barata que con tanto entusiasmo ofrecen los aprendices y los “postaprendices”. La vocación científica tiene una buena carga de pasión. Hay muchísimas promesas implícitas falsas y poquísima claridad con los muchachos que apenas inician sus carreras. Alguien en twitter me dice que mi columna es un plagio/traducción de este artículo de The Economist. Hay montones de artículos sobre eso en todas partes (recibo enlaces a otros en los comentarios). Supongo que es una estudiante que no ha llegado al momento de su vida profesional donde uno descubre esos problemas sin necesidad de leer revistas. En mi caso personal, la decisión de abandonar las aspiraciones académicas fue motivada principalmente por mi deseo de estar con Mónica y ver crecer a mis hijos. Me cansé de estar lejos y frustrado con lo que hacía. Ahora cuido a la chiquita y cuando tengo tiempo escribo, estudio matemática, y miro mis opciones laborales sin afán. Mónica, por su parte, persiste en sus investigaciones con mucha disciplina. Es muy productiva. A veces es duro y la presión es grandísima pero disfruta lo que hace y es buena en ello. Las condiciones laborales nos preocupan pero nos hemos acomodado y vivimos como queremos vivir, no nos podemos quejar. Algo aparecerá después. Así funciona. Cuando deje de funcionar supongo que buscaremos algo distinto. Afuera de la academia hay bastantes cosas. En últimas, como me dijo Clara ayer, uno trabaja en lo que le dé trabajo.

Más sobre The Amazing Spider-Man

En un guiño más, al cierre de la película, la profesora de literatura del adolescente Peter Parker dice que alguien (supongo Borges) alguna vez dijo que sólo hay seis o siete historias posibles, pero que ella cree que en realidad sólo hay una: aquella que responde a la pregunta sobre quién somos (ya sea como individuos o como sociedades, agregaría yo.) Siempre me ha parecido atractiva la manera inocente como las personas (por lo general jóvenes) se sienten definidas por un sólo momento específico de sus vidas (o una suma corta, abarcable en unidades narrativas sencillas (?)), al que retornan regularmente en busca de sentido o propósito (mea culpa). Tal vez por eso adoro proyectos como The Moth.

Tengo la impresión de que el modelo social predominante incentiva la concepción de la vida como la consecuencia de una historia fundacional personal temprana (con descubrimientos, conflictos y moralejas determinantes) que paralelamente los impulsa (hacia su destino) y ancla (a su identidad). Buena parte de los dilemas existenciales de las personas acomodadas de mi generación, entre quienes me incluyo, con frecuencia están relacionados con la incapacidad (inevitable) para saciar satisfactoriamente la necesidad (impuesta) de ser (narrativamente) extraordinarios.

Adenda: Óscar habla de algo similar acá.