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Alergia

No me acuerdo qué era lo que quería escribir cuando abrí el computador con el propósito de escribir algo que se me había ocurrido. A veces toma segundos perder por completo una idea que sonaba prometedora. Esto me hace dudar, claro, de su promesa. En estado idea todo suena mejor que al intentar concretar. En algún momento, en medio del proceso de hacerlo real, se disuelve el entusiasmo al contacto con el aire. Ayer intercambié mensajes con Nadya, lo que siempre me deja de buen ánimo. Ella me manda grabaciones y yo devuelvo párrafos de texto. Así nos entendemos, todo muy moderno. Creo que nunca me sentiría cómodo dejando mensajes de voz largos como los que ella me deja. No sabría explicar por qué. No tengo una buena relación con mi voz. Creo que es algo generacional. Los últimos días un calor majadero se tomó la ciudad pero parece que ya mañana se va y regresan las temperaturas que permiten el desarrollo de la vida. El otoño contiene los mejores días del año en cuanto a eso en general. Ojalá que no lo perdamos con los cambios del clima.

A raíz de la rinitis crónica que cargo desde la infancia mi médica recomendó tomar un examen de alergias así que el lunes fui a que me lo hicieran. Resulté alérgico a los bichos que cabalgan el polvo y también, en menor medida, a las cucarachas. La primera alergia siempre la había sospechado y la segunda me parece apropiada. Me recuerda una masacre de cucarachas que ejecuté en el apartamento de Barcelona el día que descubrí que había un nido dentro del motor de nuestra licuadora y a punta de golpes del motor contra el mesón con la mano izquierda las hice salir por decenas mientras con la mano derecha, usando copiosas toallas de papel, las aplastaba antes de que pudieran huir. Una escena horrible, de pesadilla. Ahora pienso que además estuve cerca de un shock anafiláctico de carambola. Habría sido un gran cierre para ese espectáculo grotesco. Maté cientos.

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Calorón de esos que solo sirve para acumular ganas de dormir que después se precipitan de un golpe a media tarde y me dejan inconsciente por horas y sudoroso y confundido al despertar. En Lorica por ahí la mitad de la vida transcurría en ese estado de modorra calurosa permanente previo a la siesta que nunca llega. La contradicción es que el calor que adormece también dificulta dormir. Ni siquiera la desnudez me salva.

Ola de calor

Supervivencia

Veo el brillo de la luna entre las ramas del árbol que cubre el balcón y también oigo al viento agitar sus hojas con desgano. No culpo al viento: con este calor a duras penas salgo a la calle. Ni pienso. Ni escribo. Sudo. No me da el cuerpo para más. Si acaso duermo para que pase el día y deje de estar solo otra vez. Por las noches, bajo el ventilador, leo capítulos al azar de un libro de crónicas sobre una peste apocalíptica que promete exterminar al noventa y cinco por ciento de la especie humana en las primeras tres semanas. Pienso en lo que haré si sobrevivo. No estoy seguro de querer sobrevivir a algo así.

Domingo

Fuimos al desayunadero que le gusta a Santiago. Es barato y bueno. Lástima que el jugo de naranja no sea de verdad. Pedí una omelette. Siempre pido omelette y luego me arrepiento porque todos los demás desayunos lucen más apetitosos que el mío. El mío es una omelette sin gracia. Sabe bien, pero no tiene el encanto de los poached eggs con jamón sobre la bagel. Creo que yo sé hacer omelettes mejores. También cometí nuevamente el error de pedir papas a la francesa en lugar de hash browns. El día empezó fresco pero hacia el medio día estaba haciendo un sol fuerte con nube blanca fluorescente (sospecho radioactividad). Los trenes llevan tanques con líquidos sin identificar. Me pregunto qué pasaría si se volcaran mientras cruzan la ciudad. ¿Infección? ¿Pandemia? ¿Intoxicación? Vivimos en un mundo peligroso. Todo se puede acabar en cualquier momento. Por la tarde estuve en casa mientras ellas estaban en el centro comercial. Me dio sueño y dormí un rato junto a los gatos. También leí. Regresaron hacia las ocho. Compraron un horno microondas grande. Comimos pastas. Ellas siguieron con lo de Andrés López y yo seguí con Plinio, que me parece más simpático. Ahora mismo hace mucho calor. Creo que me ducharé antes de dormir. Luego leeré un rato.