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canciones

Pie

Tomo fotos a los niños del vagón que sirve de enfermería. Por el sufrimiento de los niños pagan más. Hay un niño pequeño con las piernas quemadas por la explosión de una hornilla de propano. Tiene las heridas abiertas. No es una imagen agradable. Se venderá mejor. Eso es lo que quieren. Al pie de foto explico: Su papá murió en el accidente. Su mamá lo atiende. No habla con nadie en el vagón salvo con el niño. Hablan en uno de esos idiomas viejos. Entiendo muy poco. Me recuerda el acento de mi abuela. El niño llora, dice que le duele. La mamá lo calma y le canta canciones que tal vez alguna vez fueron reconfortantes y apropiadas pero en su voz se ahogan. Por las noches, mientras el niño duerme, la mamá también llora. Nadie le canta.

Desinfectante

Hace poco descubrí que una de las canciones infantiles de la piscina es el jingle publicitario de un desinfectante para tinas de los años sesenta-setenta. Me sentí engañado.

I’m gonna be the man who’s lonely without you

This was the favorite song of Liu Peiwen and his girlfriend Ling Hsueh, and she told him if he walked 1000 miles, she would try to get her mother to let her marry him. So he walked the distance of 1000 miles from his city to hers, where she subsequently married another man. (Via Wikipedia)

Piedra

Pienso en José Alfredo Jiménez y la piedra que le enseñó su destino.

Como todo el mundo sabe, la canción está inspirada en un viejo koan.

Una mañana de febrero, tras la meditación, un monje dudoso pregunta a su maestro cuál es el sentido del mundo.

El maestro, un anciano centenario conocido por su severidad, lo reprende. En castigo por su impertinencia, deberá caminar de Kyoto a Nara y regresar llevando una pesada piedra con la condición de jamás levantarla del suelo.

El monje obedece y recorre el camino de la capital a Tōdai-ji sin descansar. Patea la piedra con constancia aunque lastima sus pies. Al llegar al gran templo descubre que su maestro lo espera en la puerta junto a los guardianes.

“Quién eres ahora”, le pregunta al monje.

“Soy el camino”, responde el joven.

“Idiota”, dice el maestro, “duerme afuera y usa la piedra como almohada. Deshonras el templo sagrado con tu presencia.”

El monje duerme a la intemperie sin más abrigo que su túnica de aprendiz. Aunque está agotado al otro día muy temprano se levanta e inicia su regreso a Kyoto.

Pero nunca llega. Deshidratado y desnutrido, con la cara quemada por las heladas y los pies en carne viva, cae rendido y muere al final del primer día de viaje.

La piedra continúa su camino solitaria.

Que venga el coco, que venga acá

laia duerme
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I’d write some science fiction about you

Más fotos en el álbum de flickr

Love must go on

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