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Aparte del libro chino de la destrucción

Dos chinos se disputan el control de la calle. El primero, curtido en el arte de la confrontación, espera paciente un error de su adversario en una banca frente a la puerta de su casa mientras pela una mandarina. Lleva días ahí. El segundo, inexperto, aguarda su momento oculto en un balcón. La calle siempre está llena de niños que juegan con pelotas, pólvora, cometas y lanzas de bambú. Cuando crezcan, irán a la guerra y morirán, como todos. Será triste. Dolerá. Pero la destrucción nunca es consecuencia. Una cometa amarilla se pierde entre las nubes. Lleva un mensaje. La mujer del chino joven quiere que compre un pato para su primogénito. Un pato es un buen animal. Es noble y trae felicidad a la familia china. La familia china trabaja por su fortuna. Cuando el chino viejo era aún joven tuvo una granja de patos en un pueblo setenta leguas al oriente. Vendía los patos a restaurantes de la ciudad. Eran patos jugosos y de buen sabor. Los patos escaparon una noche durante una tormenta, mataron a su padre y se comieron sus ojos. Por eso ahora prefiere a los conejos. El caldo de conejo con panecillos al vapor cada mañana es el secreto de su vitalidad.

Miércoles

Llueve todo el día. Salgo descalzo a la puerta del edificio para recibir un paquete del cartero que no cabe en el buzón. De no haber estado, habríamos tenido que ir a la tiendita de tarjetas Hallmark con oficina de correo asociada que es atendida en persona por su propietario: un patriarca chino con cara de contador corrupto jubilado que la última vez que fui a reclamar un paquete para mí y otro para Mónica sugirió con agresividad mal disimulada que yo podía ser un ladrón pues quería reclamar un paquete a nombre de una mujer que, coincidencialmente, vivía en el mismo edificio y en el mismo apartamento que yo pero que no había nada que concluyentemente demostrara que era, como yo decía, mi esposa; que tenía que disculparlo pero él, para ser franco, no tenía ninguna razón para confiar en mí. En otras noticias, el árbol frente a la sala floreció entre ayer y hoy. Primero florece y luego salen las hojas, ese es el orden de las cosas.