Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

ciencia

Pirámide

Un artículo bueno de 2010 sobre la pirámide científica, sus orígenes y problemas actuales. Un fragmento:

The groups that benefit from the science labor glut include senior professors, who receive the great bulk of federal grant funding, and the research universities that employ them (and the graduate students and postdocs) while receiving overhead payments from the grants. Change that could substantially relieve the plight of young scientists seems especially difficult to effect. The groups supporting the current situation are well organized, with strong and effective lobbies and are seen, both by themselves and by society at large, as representing major social goods: The established researchers and their scholarly associations claim to speak for “science,” and thus for technological progress and the hope of cures for dread diseases. The universities represent education and opportunity.

Aunque el artículo se concentra en Estados Unidos, el modelo gringo ha sido copiado a las malas en otros países, como Colombia. Si siguen como van, pronto caerán en los mismos problemas de saturación y explotación.

El viaje de Alexander Grothendieck

La columna de hoy está dedicada a Alexander Grothendieck. Todo matemático joven tiene una época de fascinación con Grothendieck. La mía fue breve pero intensa. Su aporte matemático es excepcional y su biografía es, por decir lo menos, singular (no hubo espacio en la columna para mencionar que Grothendieck no tiene nacionalidad. Ser hijo de una pareja de judíos anarquistas a principios del siglo veinte tiene consecuencias.)

Como complemento a la columna, aquí está el informe de Grothendieck sobre su viaje a Hanoi, aquí una de las cartas que escribió para rechazar el premio Crafoord, aquí el texto de su conferencia Allons-nous continuer la recherche scientifique? y acá un perfil biográfico-filosófico-matemático de Grothendieck muy completo y en español escrito por Fernando Zalamea para su libro Filosofía sintética de las matemáticas contemporáneas.

Siempre me ha intrigado el contraste entre la valoración altísima de sus ideas matemáticas y el desprecio casi agresivo que recibieron sus posiciones políticas dentro de la misma academia que lo aclamaba. Muchos científicos pierden cualquier noción de objetividad cuando cuestionan la legitimidad/moralidad de sus medios de subsistencia. Esa agresividad sin duda contribuyó a que Grothendieck se alejara.

Alexander Grothendieck, 1951
SuperGrothendieck en 1951

Ciencia por la ciencia

Buena columna de Jorge Orlando Melo sobre los riesgos de la burocracia científica predominante. Dos apartes:

Como el desarrollo científico ha sido en otras partes causa del crecimiento, el país ha estimulado la investigación científica en las universidades, pero es una ciencia que tiene poco que ver con la realidad del país. Suponemos que sirve para el desarrollo, pero no lo sabemos.

[…]

Pero pocas universidades pueden decir que su investigación sirve para algo distinto de alimentarse a sí misma. Las publicaciones son útiles porque se citan; los proyectos de investigación, porque forman nuevos investigadores que harán en el futuro proyectos parecidos. La investigación no produce conocimientos sino artículos e informes, congresos que convocan congresos, escalafones de revistas y de universidades.

Culto a la ecuación

La columna de hoy reseña un pequeño artículo sobre el impacto positivo (a ojos de semi-profanos) de intromisiones matemáticas (no necesariamente pertinentes) en artículos académicos. Esta reacción intimidada/complaciente ante la ecuación incomprensible se puede explicar como una consecuencia de la relación acrítica con el discurso científico que algunas veces los mismos científicos promueven (o al menos no contienen). Puede ser matemática como puede ser neurociencia. En otras ocasiones he hablado acá en el blog de la importancia de que los científicos (como comunidad, tal vez) tomen en sus manos la divulgación de su trabajo. Este ejercicio de divulgación directa acerca a la gente a la labor científica y le permite ganar perspectiva sobre su funcionamiento y metodologías. Aunque el discurso publicitario efectivo tal vez sea útil en el corto plazo para conseguir fondos, a la ciencia como empresa humana no le conviene ser a largo plazo indistinguible de la charlatanería pseudocientífica que abunda. La mejor manera de combatir esta tendencia es acercar los científicos a la gente y promover el cuestionamiento de su propio trabajo. No se trata de que todos se conviertan en expertos sino de que se difunda una comprensión mínima de las dinámicas de la ciencia y su valor difuso de verdad (que hace que la duda sea su principio esencial). La fuerza de la ciencia, de cierta manera, radica en exponer abiertamente sus limitaciones. Depender de un periodismo cada vez en peor estado y ansioso de espectacularidad vendible que le permita competir con los flujos de las redes sociales no parece una apuesta sensata.

*

Ernesto Sabato, que antes de dedicarse a la literatura estudió física, tiene un ensayo sobre la oscuridad científica como herramienta de dominación al que vuelvo recurrentemente desde hace tiempo. Sus observaciones hechas en 1955 son todavía vigentes hoy. Para cerrar, un aparte:

La raíz de esta falacia reside en que nuestra civilización está dominada por la cantidad y ha terminado por parecernos que lo único real es lo cuantitativo, siendo lo demás pura y engañosa ilusión de nuestros sentidos. Pero como la ley matemática confiere poder, todos creyeron que los matemáticos y los físicos tenían la clave de la realidad. Y los adoraron. Tanto más cuanto menos los entendían.

Científicos postergados

La columna de hoy trata sobre la incertidumbre laboral que define la vida del científico joven hoy en día. Luis Noriega y Clara Osorio me ayudaron a afinarla y reducir mi tendencia al alarmismo apocalíptico. Su título, una propuesta de Luis, es una referencia al cuento del brujo postergado de Borges. Muy apropiado. El sistema basado en contratos temporales flotantes fuerza a muchas personas talentosas a dejar la disciplina y es un desperdicio de recursos y entrenamiento en general. Esto contradice el discurso sobre la prioridad de la ciencia, la educación y la tecnología en el contexto económico actual. ¿Si es tan prioritario por qué tanto desperdicio? En las jerarquías científicas más altas hay mucha gente con buena voluntad pero también hay mucho cinismo y mezquindad alrededor. Es fácil dejarse tentar por la mano de obra barata que con tanto entusiasmo ofrecen los aprendices y los “postaprendices”. La vocación científica tiene una buena carga de pasión. Hay muchísimas promesas implícitas falsas y poquísima claridad con los muchachos que apenas inician sus carreras. Alguien en twitter me dice que mi columna es un plagio/traducción de este artículo de The Economist. Hay montones de artículos sobre eso en todas partes (recibo enlaces a otros en los comentarios). Supongo que es una estudiante que no ha llegado al momento de su vida profesional donde uno descubre esos problemas sin necesidad de leer revistas. En mi caso personal, la decisión de abandonar las aspiraciones académicas fue motivada principalmente por mi deseo de estar con Mónica y ver crecer a mis hijos. Me cansé de estar lejos y frustrado con lo que hacía. Ahora cuido a la chiquita y cuando tengo tiempo escribo, estudio matemática, y miro mis opciones laborales sin afán. Mónica, por su parte, persiste en sus investigaciones con mucha disciplina. Es muy productiva. A veces es duro y la presión es grandísima pero disfruta lo que hace y es buena en ello. Las condiciones laborales nos preocupan pero nos hemos acomodado y vivimos como queremos vivir, no nos podemos quejar. Algo aparecerá después. Así funciona. Cuando deje de funcionar supongo que buscaremos algo distinto. Afuera de la academia hay bastantes cosas. En últimas, como me dijo Clara ayer, uno trabaja en lo que le dé trabajo.

Burbujas en el agua

La columna de hoy ahonda en las declaraciones imprecisas que Rodolfo Llinás ofreció la semana pasada sobre “una nueva agua” para entender de qué estaba hablando y contextualizar su aporte. La ciencia no son los resultados sino los procesos para llegar a ellos. Cuando se reportan resultados es crucial explicitar estos procesos y sus limitaciones para distinguirlos de la pseudociencia que abunda. A continuación varios enlaces para complementar la lectura de la columna:

  • La columna fue producto de los reclamos (justos) de Pere Estupinyà en su blog de seguimiento al cubrimiento científico en español. Óscar lo enlazó en Twitter.
  • Mi impresión de los primeros reportes de las declaraciones de Llinás (Estupinya las enlaza casi todas) era que los periodistas no habían entendido de qué hablaba. Pero la entrevista extensa que Yamid Amat le hizo deja claro que Llinás no contribuyó mucho a reducir la confusión.
  • Por si acaso, para que quede claro que esta no es una discusión sobre sus méritos, aquí la lista (de acuerdo a Pubmed) de los artículos científicos de Llinás. Suma trescientos cuarenta.
  • Esta es la página donde Revalesio reporta el estado de sus investigaciones con RNS60. Llinás es mencionado acá.
  • Artículo extenso en The New Scientist (pdf) sobre nanoburbujas, con énfasis en las dificultades físicas para explicar su existencia. Las aplicaciones que propone Revalesio son mencionadas al final.
  • Este es el único artículo (de acuerdo a Pubmed) donde RNS60 es mencionado. Ahí se reporta que contribuye a reducir la inflamación de la glía. Y aquí está el resumen del afiche que presentaron en el congreso de la sociedad para la neurociencia hace un mes.
  • En este artículo reportan los avances en limpieza de lagos con el uso de nanoburbujas.

Prevenir lo inevitable

La columna de hoy habla sobre lo que los sismólogos pueden hacer y lo que no pueden hacer. Resumiendo: Los sismólogos no pueden predecir terremotos pero sí pueden estimar (muy burdamente) una probabilidad de que un terremoto ocurra en un cierto lugar, así como su rango de magnitudes posibles y otros detalles así. Por eso es que aunque los sismólogos italianos no podían predecir el terremoto de L’Aquila, estaba cantado que La Aquina podía recibir un susto como ese cualquier día. La falta de prevención (y no de predicción) fue lo que produjo la tragedia. Quienes dicen que los científicos fueron condenados por entregar información errada se equivocan: fueron condenados por no decir algo que no tenían cómo decir (i.e., que el terremoto venía.) En Colombia el caso de Tumaco es emblemático tanto por el tamaño legendario del terremoto de 1906 como por la situación de abandono estatal de la ciudad. En un artículo para Universo Centro ahondaré más en la discusión sobre las capacidades de los sismólogos para predecir y algunos detalles relevantes del caso italiano. Por lo pronto dejo unos cuantos enlaces.

Sobre Tumaco

  • Aquí se puede bajar el plan de contingencia contra tsnunamis de la ciudad de Tumaco. Incluye párrafos como el siguiente:
    El sistema principal de alarma para tsunami de origen cercano será el acordado por el CLOPAD en 2002, es decir el sistema de alarma personal. Este sistema consiste en la decisión personal de cada habitante de dirigirse a la zona segura más cercana cuando sienta un sismo que le dificulte mantenerse en pie.

    Por si las moscas, también hay (o al menos fueron recomendadas) once sirenas.

  • Aquí una foto de Tumaco desde un satélite para entender mejor la gravedad de la vaina:
  • Este es un artículo ya clásico donde se estudia la relación entre el terremoto de 1906 y los otros tres terremotos posteriores. El artículo sugiere que los tres posteriores no son suficientes para descargar la energía del de 1906 y por tanto todavía hay un golpecito pendiente por ahí más bien pronto.
  • Y este artículo, más reciente, usa modelos computacionales y concluye lo contrario: los tres terremotos posteriores sí parecen haber quemado otro cartucho parecido al de 1906, pero en cuotas más “amables” (aunque “amable” sea un decir, porque en el de 1979 murieron como 500 personas en Tumaco.)
  • Convocatoria al último simulacro general de evacuación de la ciudad, en 2010.

Sobre el caso de L’Aquila

Atrapa un millón (para la ciencia)

Ahora que España, como dice Germán, se volvió un país del tercer mundo, los científicos buscan maneras alternativas para financiar sus investigaciones:

—¡Atención que nos jugamos ciento quince mil euros!, ¿eh, parejita? —dice Carlos Sobera, el presentador de Atrapa un millón, el programa de TV donde muchos españoles, cada vez más, buscan llevarse fajos de euros apelando al saber y el azar.

La cámara desciende en picado. A la derecha, el conductor. A la izquierda, dos que se abrazan: los hermanos Luisa y Juan Botella. La parejita que busca llevarse más de cien mil euros. Él es periodista; ella, genetista. Se presentaron al programa con una misión: conseguir los euros necesarios para que Luisa pueda continuar pagando a su equipo de investigación.

De mujeres y hombres

La columna de hoy (malísimo título, lo admito — por un rato se llamó Jennifer versus John pero eso me sonaba todavía peor) es el resumen de una charla a la que asistí la semana pasada durante el congreso de neurociencias aprovechando que Laia estaba dormida (sobre mí). La vi desde la puerta del auditorio por si acaso. Mónica se interesó hace unos años en el trabajo de Melissa Hines y compró su libro, así que cuando nos enteramos de que hablaría la incluímos en la agenda. Valió la pena: es un trabajo muy bien hecho y lleno de preguntas buenísimas (e.g., ¿por qué los seres humanos somos la única especie con “identidad de género”? ¿por qué la variabilidad de intereses sexuales entre los seres humanos es tan vasta? ¿a qué corresponden esos fenómenos a nivel cerebral?) Al salir de la charla hablamos con Mónica de la proporción de mujeres contra hombres en el congreso. No encontré datos oficiales pero estoy casi seguro de que las mujeres eran mayoría. Más del sesenta por ciento, estimo. Las mujeres en ciencia están subrepresentadas en posiciones de poder, como digo en la columna, pero en biología y afines son el grueso de la fuerza de trabajo ya sea como estudiantes, técnicos de laboratorio o postdocs mal pagadas, mientras que los hombres dominan las plazas como profesores y directores de laboratorio. Los resultados del estudio de Moss-Racusin (pdf) que resumo en la columna muestran que esta situación está lejos de cambiar sin reformas estructurales serias y muy probablemente una buena dosis de discriminación positiva (en caso de que todo lo demás falle).

Curiosamente estaba por escribir esta entrada cuando Jaime me envió este enlace. No me sorprende. Es lo que se espera de los miembros hombres de una comunidad que funciona así. Seguro que ese tipo piensa que tienen a las mujeres en sus laboratorios y conferencias para consumo sexual a conveniencia, como en Lightning Rods, de Helen DeWitt.

Canal Click

Colciencias, el SENA, la Universidad de Medellín y la Universidad de Antioquia se asociaron para montar Canal Click, un canal de televisión dedicado a la divulgación científica y tecnológica con énfasis en la producción colombiana. Se puede sintonizar en línea:

Especulación científica (2): reflexiones adicionales

  1. Aunque inicialmente Andrés dijo que no tenía nada que decir al respecto de la columna, al final sí tenía. Me alegra. Sin embargo, sus críticas son mayoritariamente de forma (según él mi identidad y educación son relevantes — no estoy de acuerdo). Sólo fui capaz de detectar una al respecto del contenido de la columna. Andrés dice que mi propuesta de darle prioridad en la financiación pública a la investigación que se enfoca en resolver problemas locales “lo dejó perplejo”. En respuesta argumenta que la ciencia funciona mediante redes transnacionales, como si darle prioridad a los problemas locales propiciara el aislacionismo. No veo por qué tendría que ser así. Priorizar la atención a los problemas locales sin duda debería ser acompañado de un impulso a la colaboraciones internacionales dentro de esas líneas de interés. Como él mismo dice: “esos problemas metegeohidroeco, curiosamente, tienen soluciones que son “trans”, que transfieren y atraviesan, que arrancan aquí, van variando levemente en Venezuela, un poco más en Brasil y curiosamente llegan incluso hasta Suiza o Finlandia en algún nivel”. Totalmente de acuerdo. Con más veras habría que fortalecer los nexos. Mi reclamo no es por un nacionalismo científico (esa sugerencia de que yo pedía algo como “la verdadera ciencia venezolana” es casi insultante — por no hablar de “el arte alemán de Hitler”), sino por una política científica pública que tome en cuenta antes que nada las necesidades locales y las obvias limitaciones de presupuesto a la hora de adjudicar fondos. El comentario de Jaime expresa mi posición muy bien.
  2. Como dice Sergio, “la carga de la prueba” no me corresponde. Cuando un ateo dice que no cree en Dios, no es su responsabilidad, como asumen algunos creyentes, demostrar que Dios no existe. Mi columna pregunta por qué tenemos que darle plata pública a los científicos. Esa inversión, si entiendo bien, presupone que el país recibe algo a cambio. ¿Qué recibe? ¿Cómo se beneficia? ¿Se beneficia con cualquier inversión o sólo con algunas? No creo que esas seas preguntas inaceptables ni que superen los límites de la libertad de expresión, como sugirió un comentarista en Twitter. Me parece una pregunta importante que merece una respuesta menos emotiva. A los científicos que piden más plata les corresponde explicar por qué la necesitan y cómo beneficia al país. Mi posición, de nuevo resumiendo, es que estoy seguro de que hay frentes de investigación que definitivamente requieren inversión pública, pero no creo que todo investigador, sólo por el hecho de investigar y publicar juiciosamente, deba recibir plata del estado colombiano.
  3. Por cierto, y ya que nadie la ha señalado, una posible razón para ofrecer financiación pública a investigadores sin distingo de área es que facilita la importación o repatriación de profesores de buen nivel y esto a su vez, al menos en principio, contribuye a mejorar la calidad de la educación superior. Suena bien. Podría ser cierto. Pregunta: ¿Qué tanto impacto tendrá en la calidad de la educación? (No es claro por qué un investigador de buen nivel tiene que ser un docente de igual nivel. Conozco algunos francamente atroces y otros, como Andrés, muy buenos.) Otra: ¿La reducción de carga docente a investigadores no iría en detrimento de este beneficio? Y finalmente: ¿Es suficiente esa razón para justificar la inversión en general?
  4. Pregunta no totalmente al margen: ¿Cuántos proyectos científicos colombianos subsisten a punta de donaciones privadas?
  5. Ayer viendo el documental sobre la vida de Ayrton Senna me sorprendieron mucho las escenas de las reuniones entre pilotos y directivos caprichosos donde se decidían y modificaban regular y arbitrariamente las reglas de juego. Aunque era de esperarse, nunca había pensado en la existencia de ese aspecto del deporte. Senna, como buen joven samurai honorable, despreciaba el nivel político del deporte y recordaba con nostalgia sus años como principiante, cuando todo el mundo competía por el placer de manejar los carros lo mejor posible. En contraste, su gran rival, Alain Prost, era particularmente hábil sacando provecho de ese metajuego. Tengo la impresión de que muchas de las respuestas más dogmáticas a la columna obvian la dimensión política de la ciencia. Predomina la idea ingenua de que los científicos son un club internacional mayoritariamente compuesto por nerds amistosos, progresistas y colaboradores que trabajan por un mundo mejor y lo que los motiva es el placer por descubrir (o algo de ese estilo). La verdad es que las prioridades e intereses de la ciencia, en tanto que actividad humana, se mueven de acuerdo a caprichos, mezquindades y juegos de poderes. Esta tendencia se ha acentuado en los últimos años con las exigencias de publicación a todo costo y cada vez más plata disponible. Esta es una razón adicional para mirar con mucha atención la inversión pública en ciencia. Si los científicos quieren jugar como Prost están en todo su derecho, pero no a costa de la plata de los contribuyentes.
  6. En respuesta a uno de los reclamos de Gabriel: Moises Wasserman se refirió al recién nombrado director de Colciencias como “cuota política” hace pocos días en un foro (ver párrafo final). El Espectador lo reiteró en su editorial al respecto de la semana pasada. La razón es que el nuevo director anunció que condiciona la reparación de Colciencias a la reelección de Santos. Igual de pronto es un tipo idóneo (parece que no está tan mal), pero lo cierto es que Santos ha usado Colciencias como regalo político desde que se posesionó. Y en general Colciencias casi siempre ha tenido ese papel. Las pocas veces que no ha pasado, los directores de todos modos han terminado atrapados en los líos burocráticos que heredaron. En parte debido a esto la ciencia colombiana nunca ha tenido un mapa de ruta serio.
  7. La buena noticia es que, si le creemos al sondeo rápido de Germán, la necesaria transición hacia ciencia relevante para el país entre jóvenes científicos colombianos ya está dándose naturalmente.
  8. Y para los que vienen aquí con ganas de violencia (o a llamarme “fascista”), los invito a ver las mejores escenas de Bruce Lee.

Nota: A la 1:26 de la madrugada del miércoles 26 de septiembre los comentarios han sido deshabilitados. Me cansé de los juicios de carácter y las acusaciones infundadas. Si quieren, continúen la discusión en otro lado. El blog de Carolina puede ser un buen lugar.

Especulación científica

A raíz de esta iniciativa, en la columna de hoy propongo una discusión pragmática sobre la financiación pública de la investigación científica en países como Colombia. La columna cuestiona el axioma (ampliamente aceptado pese a la falta de evidencia conclusiva — las dificultades metodológicas (pdf) son inmensas, obvio) de que la investigación científica subvencionada públicamente es un prerrequisito para asegurar desarrollo económico y social. Sin una administración de recursos que evalúe seriamente la pertinencia/necesidad local de los proyectos, la financiación pública de ciencia se convierte en un chorro de fondos que beneficia sólo a los científicos que lo reciben y no tiene mayor impacto real en el país. Eso es algo que sólo se pueden permitir los países ricos, pero incluso en los países ricos son más cuidadosos y medidos en la forma como distribuyen fondos públicos para proyectos científicos. La investigación científica es importante y a veces necesita plata pública, sin duda, pero no toda investigación la merece sólo por ser “investigación”.

Hay otros mundos

Diez diferencias entre los terroristas blancos y los otros ¶ Cromatoforas (?) de calamar al ritmo de Cypress Hill ¶ Los cambios recientes en twitter ilustran bien el problema principal de las “redes sociales” centralizadas ¶ Un catálogo de técnicas para atrapar en imágenes estáticas (o casi estáticas) el paso del tiempo ¶ Es lindo el diario ilustrado de Gemma Correll ¶ Las vacas de Narayana se reproducen musicalmente (aquí un artículo al respecto (en alcanforado postscript) escrito por el compositor (Tom Johnson) y su amigo matemático) ¶ En tiempo de caudillos la política de ideas colapsaSiete problemas (pdf) que tal vez nunca oyó correctamente (con soluciones) ¶ Y un graficador tipográfico de flujos o algo así.

Héroes sobre nosotros

TED es una vitrina de productos a la venta. Por eso su diseño gira en torno a la charla efectista breve e insustancial propia del marketing. Le dice a la gente lo que quiere oír. TED no difunde ciencia o tecnología sino la idea de ciencia y tecnología que a sus organizadores les interesa popularizar: una ciencia superficial y simplista, encapsulada en productos adquiribles y condimentada con copiosas dosis de buena energía. Dentro de este esquema, todo avance científico o tecnológico implica necesariamente desarrollo humano. Esto no sólo es romántico (lo que no tiene por qué estar mal) sino que es perverso: ofusca los procesos políticos y económicos que impulsan, financian y dirigen la investigación. Además niega la posibilidad de valorar las implicaciones morales y sociales de la adopción de tal o cual descubrimiento. No hay tiempo para preguntarse a quién sirve qué y por qué. TED oculta en su base un discurso según el cual la humanidad es salvada y liberada por los héroes técnicos sabios que sin esperar nada a cambio, si los dejan, dedican sus vidas al progreso universal. Este es un discurso peligroso. Sin escepticismo, sin una posición activamente crítica, sin una apertura real, la ciencia se transforma en culto elitista y la tecnología en cárcel. Cuando TED imagina su futuro se proyecta sin molestia ni modestia en un templo inmenso abarrotado de gente atenta al discurso motivacional de un megalómano que promete que cambiará el mundo y recibe aplausos en respuesta. No creo que esto sea del todo autoparodia o ingenuidad. TED sabe que es la plataforma perfecta para divulgar ese tipo de anuncio.

Science and Invention
El aprendizaje pasivo es adoctrinación.
(Revista Science and Invention, diciembre de 1921)

Retículo

Retículo Endoplasmático. En realidad no está relacionado con la entrada pero a que es lindo.

Como la idea es que la propuesta que describo brevemente en Divulgación no se quede en palabras, a continuación un pequeño aporte divulgativo de mi autoría que escribí hace veinte minutos: en materia de galletas, prefiero las bombas de mantequilla que aquí llaman eufemísticamente shortbread. Sobre ellas no hay nada. Entre dos tipos de galleta no siempre es posible decidir cuál es la mejor de las dos. Dentro del mercado colombiano, las galletas Ducales y las galletas Ricas son incomparables mutuamente, pero sin duda existe un máximo elemento que es menor que ambas. Por ejemplo, las Saltín. Y debajo de las Saltín están siempre las Saltín Integral. Asimismo, dados dos tipos de galleta, siempre existe otro tipo de galleta que juega el papel de mínima cota superior. No estoy seguro de cuál será en el caso de las Ducales y las Ricas. La verdad es que no soy un consumidor de galletas suficientemente disciplinado. Tal vez debí elegir otra categoría para ilustrar lo que quiero ilustrar. Pero ya es demasiado tarde. No es tan importante. El punto es que aunque no todo par de elementos sean comparables, debajo de todo par existe uno que es mayor que cualquiera que sea menor que los dos y encima existe uno que es menor que cualquiera que sea mayor que los dos. Eso es lo que se conoce como retículo. Una observación: a medida que descendemos el retículo de las galletas, el sabor de las mismas tiende a ser indistinguible del sabor del empaque que las contiene (sea plástico, lata o cartón). Otra observación: en la observación anterior se puede sustituir sabor por textura sin afectar la validez de la misma. Se sigue de lo anterior que cuando quiera que los científicos se interesen por materiales que tengan capacidad natural para la mímesis, la preparación industrial de galletas de mala calidad debería ser un punto obligado de partida.