Rango Finito

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Límites

Esta es una consecuencia más o menos lógica de lo anterior. No se necesita ser un genio para concluir que —

Porque lo que finalmente desencadena la situación no es su traición sino su incapacidad para aceptar lo que hizo. La cámara no hace demasiado énfasis pero es evidente que sólo hasta ese momento, —

Se refiere al gesto.

No necesariamente al gesto. El gesto es sólo un detalle superficial en el diseño de la escena. Antes del gesto hay un silencio corto apenas perceptible y dentro de ese silencio hay otro silencio más largo que se sostiene en el movimiento de la cámara y su tendencia a perder de vista la acción, a obviarla. Si usted se fija lo que —

Nunca se sabe.

Claro, la tensión se sustenta en la incertidumbre. Se espera que el espectador dude de las motivaciones de ambos personajes pero, más aún, se espera que el espectador dude de su propio juicio de la escena, que se cuestione su predilección momentanea por un personaje u otro. Sin esa posibilidad —

¿Cuál es su interpretación?

¿De la escena?

Quiero decir —

¿La mía?

Sí.

Todo es verdad. Todo siempre es verdad. Nadie miente. Nadie tiene necesidad de mentir. Lo que dicen es lo que piensan modulado tal vez por la renuencia o más bien la debilidad a — la sensación de que al confesarse se entregan y por ende pierden control, lo que no es lo mismo que decir que —

Pero usted también piensa que hay una justificación global para la escena. Para usted la escena significa en sí misma algo que está más allá de las circunstancias particulares de sus personajes. ¿O no es —

Claro que me gustaría pero soy consci —

Qué me diría si le dijera que esa es una escena de su vida.

No entiendo qué quiere decir.

Piénselo. Qué diría si le dijera que eso es algo que le pasó o le pasará a usted.

Cómo —

Sólo piénselo.

Y qué espera que —

El que entra es usted. El del gesto. No bromeo.

Y lo que —

Usted.

¿Cuán —

No importa cuándo. El tiempo es irrelevante. ¿Cuál es el sentido ahora? ¿Qué significa la escena? ¿Qué pretende transmitir? ¿Quién es el espectador? ¿Quién la diseña?

Pero lo recordaría y —

Y lo recuerda.

¿Quién es ella?

Es su mujer. Lo espera afuera.

¿Y digo la verdad?

No tengo manera de saberlo. Nuestra capacidad de acceso es limitada.

Pero —

¿Pero sí entiende lo que quiero decir? ¿Entiende por qué su intento de análisis evade lo esencial?

Hace cuánto estoy acá.

Ya le dije que el tiempo es irrelevante.

Necesito saber —

Nuestra capacidad de acceso es limitada.

¿Por qué —

Era importante para ella. Quería estar segura de que no estaban cometiendo un error.

Pero todo lo que hice —

¿Quién ha dicho que lo hizo?

Pero no me dice que es mi —

Hay más de una manera de vivir la misma vida.

Pero no puedo cambiar lo que —

No.

Cuánto tiempo me queda.

Unos minutos.

¿Suficientes para —

Apenas suficientes.

¿Qué diría usted si fuera yo?

Diría adiós.

Lunes

Vi una foto del papa Benedicto con los brazos en alto hacia los fieles dentro de lo que parece un ritual de conjuración de un espíritu. El papa Benedicto tiene brazos cortos, como de enano, y tiene la cara que tendría Juan Pablo Segundo si, bajo suficiente presión social, se convirtiera en vampiro. No me da confianza ese papa. Siento su capacidad (su potencial) para la maldad. Ayer vimos una película con Anthony Queen Hopkins sobre un pobre aspirante a cura gringo de paseo por Roma que termina de amigo de un viejo exorcista inglés con síntomas de autismo. Por un buen rato la película gira alrededor del exorcismo de una muchacha embarazada (violada por su papá (el suyo)). El problema del cura joven es que el cura joven no cree. No cree en la posesión demoniaca. Piensa que es un problema psiquiátrico y no un asunto de curas. De nada sirven los esfuerzos del viejo ni el hecho de que la muchacha, en trance, tenga voz de hombre(s) y hable en inglés. Tampoco sirve que vomite, de repente, clavos ensangrentados, o que le hable al cura joven de asuntos que sólo él podía saber. Este cura joven representa, es claro, a nuestra juventud incrédula, perdida, que niega a Dios. Anthony Hopkins, por su parte, es un reconocido canibal. Las cosas se complican cuando el joven confronta al demonio, niega su existencia, y el demonio, en respuesta, mata a la mujer y aborta al niño. A partir de ese momento empieza lo que realmente importa pero no quiero entrar en más detalles. Sólo diré que la principal enseñanza de la película es que la fe en Dios implica necesariamente la fe en el Diablo y, por tanto, negar al Diablo es negar a Dios. La gente pasa por alto estas cosas. Cree de manera ligera, sin entender la seriedad del compromiso que sellan y sin medir las consecuencias. Piénsenlo: las víctimas de posesiones demoniacas son, por lo general, creyentes. Son muy pocos los ateos que son víctimas de las artes del maligno. La prevalencia de pedofilia entre la población más pía podría ser consecuencia del mismo fenómeno. El demonio aprovecha la fragilidad del alma creyente promedio (con una fe que no está suficientemente cimentada) para secuestrar su cuerpo y utilizarlo para sus propósitos oscuros. Así, un argumento adicional a favor del ateísmo bien vivido (sin necedades extremistas) es que, paradójicamente, nos protege y blinda de los trucos del enemigo malo (que sin duda existe). Quisiéra dejarlos con esta reflexión el día de hoy.

Sábado (Lumet)

Se murió Sidney Lumet. Hacía unas películas que me atormentaban mucho basadas en proponer disyuntivas éticas complicadísimas y medio imposibles de resolver sin tener que reconstruir desde escombros media estructura moral propia. Para católicos apóstatas llenos de culpas, cobardías y angustias como yo eso es casi cine de terror. El heroísmo, para Lumet, exigía ser consecuente. No había grandes premios al final más allá de cierta satisfacción por haber hecho lo correcto y no haber renunciado pese a la magnitud de la amenaza. La redención era una necesidad constante y presente, no una promesa. Los riesgos del héroe eran inmensos y en más de una ocasión sucumbía, pero incluso en el fracaso el héroe era admirable por su fidelidad a sus principios. Lumet no era un director de grandes ideas sino de preocupaciones inmensas, terribles. En sus películas había que tomar decisiones dolorosas y luego vivir con ellas. Los héroes de Lumet no vencían a sus monstruos. Su valentía consistía en negarse a ignorarlos, en señalarlos, o incluso en rendirse ante ellos sin jamás perder la conciencia de que estaban ahí. Nunca hay certezas. Todo siempre puede salir peor. Renunciar a la esperanza, empero, no es una opción.

You’re beginning to believe the illusions we’re spinning here. You’re beginning to believe that the tube is reality and that your own lives are unreal. You DO whatever the tube tells you: you dress like the tube, you eat like the tube, you raise your children like the tube, you even think like the tube. This is mass madness, you maniacs. In God’s name, you people are the real thing, WE are the illusion.