Después de pasar por Nueva York, Arturo llegó por fin a Claremont, donde estará un rato trabajando en su matemática. Los reportes en el blog sólo mejoran. Aquí un extracto jugoso de esta entrada:

Quiero que conozcas a mi enfermera, es peruana. Perfecto, preséntemela. Mira no te conozco, por eso le sugiero, señora, que cerremos la cocina en la noche con llave para que él no entre a la casa y no se meta a mi cuarto; no te ofendas no es nada personal. No no me ofendo, sólo que yo no me voy a meter a tu cuarto, créeme. Uno nunca sabe, necesito sentirme segura. Pienso: Yo no soy ningún violador de peruanas, no me trate mal vieja hijueputa. Digo: Mira, conmigo no tienes nada que temer porque resulta que soy 100% gay. Falso: las tetas me fascinan, sobre todo las de Valentina, pero no es inteligente decir esto ahora. Pienso: ¿Será que violan a muchas mujeres los machos claremonitas que andan aquí en una paranoía androfóbica inmamabale al punto que conseguir habitación para hombres por acá es tan dificíl? Digo: mira, yo tampoco te conozco, no te ofendas, no es personal, pero si me van encerrar a determinadas horas en mi cuarto, sencillamente, no me interesa.