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Modelos

La teoría de modelos explora la relación entre los lenguajes formales matemáticos y las estructuras abstractas de las que pretenden hablar. No todo lenguaje matemático es formal. La formalización es sólo una estrategia de juego entre muchas otras. Una de las ventajas de la formalización es que, al equiparar sintaxis y semántica, facilita la verificación y producción automática de argumentos. Otra es que permite capturar propiedades esenciales de las estructuras. Una desventaja es que es rígida en exceso: impone todo tipo de limitaciones de enfoque y aproximación. La teoría de modelos, sin embargo, no se concentra en desarrollar matemáticas a través de la formalización (empresa tradicionalmente monopolizada por personas con trastornos mentales serios) sino en estudiar consecuencias matemáticas de la (potencial) formalización. En particular, la teoría de modelos propone taxonomías y fisiologías de las estructuras matemáticas de acuerdo a diferentes filtros formales. La taxonomía se basa en la miopía natural de los lenguajes. La fisiología en su capacidad complementaria para nombrar y aislar. Si la teoría de modelos se pudiera aplicar abusivamente a los lenguajes naturales, intentaría responder preguntas como las siguientes: (1) ¿Cuántos mundos posibles son capturados por una descripción particular del mundo? (2) ¿Qué consecuencias físicas se desprenden del hecho de que dos mundos sean ligüísticamente indistinguibles? (3) ¿Qué objetos del mundo pueden ser nombrados? (4) ¿Qué quiere decir nombrar? (5) ¿Qué captura el nombre de un objeto? (6) ¿Cómo interactúan físicamente los objetos nombrables? (7) En general: ¿Cuál es el poder del lenguaje sobre la realidad que describe o narra? El teorema de Svenonius señala el carácter mutable de lo innombrable (Remember Lovecraft). El teorema de Beth establece una equivalencia entre lo nombrable y lo ineludible (Remember Perec). Si la teoría de modelos pudiera aplicarse abusívamente a los lenguajes naturales, sería la hermana maniaco-compulsiva de la (meta)literatura.

Enlaces

Los enlaces nacieron para referenciar. Cuando alguien incluye un enlace en un texto tiene la intención de invitar a su audiencia a ampliar su lectura a través de ese enlace. De paso, contribuye a enriquecer la red, generando una conexión entre el contenido a enlazar y las palabras enlazadas o incluso el texto entero. (Tal vez por eso el término vínculo a veces funciona mejor como metáfora. Aquí una ilustración gráfica del concepto con revistas de la edad de plata española.) Los motores de búsqueda se valieron de la semántica implícita en esas interconexiones generadas manualmente para clasificar y ordenar la red.

Antes todo el mundo fumaba todo el tiempo.

En este momento, sin embargo, las llamadas redes sociales (cuando no fagocitan contenido impunemente) son el mayor generador y direccionador de enlaces (después de Google y las sucias granjas de enlaces que viven de la SEO, que por su carácter meta no cuentan en este análisis). La nueva dinámica de distribución y creación de enlaces en estos servicios intermediadores fuerza un replanteamiento de su función y propósito. De cierta manera, el enlace expansivo y enriquecedor corre el riesgo de desaparecer.

Una de las maneras como las redes sociales contribuyen a la extinción de los enlaces radica en la mecanización de su reproducción. Buena parte de los enlaces disponibles en redes sociales son el eco del eco del eco casi inmodificado de un enlace originalmente publicado por el autor del contenido enlazado con el ánimo de promoverlo. Aunque los ecos firmados pretenden certificar la calidad del enlace, nunca funcionan de manera tan efectiva como una recomendación directa pues jamás dejan de parecer autopublicidad. El Like o RT no es un boca-a-boca sino simplemente la reproducción automática de un volante digital, que, como en su versión física, por lo general va directo a la basura sin ser leído o, en este caso, explorado. Los contenidos que se benefician de este proceso son aquellos con enlaces que se difunden brutalmente, sin agüero, por lo general apoyados en un aparato publicitario (o al menos una intención) comercial.

(Digresión breve: la muerte de los blogs es una consecuencia lateral de este fenómeno. Hoy en día, los pocos enlaces a blogs provienen de sus propios autores. El medio, por su naturaleza personal, no tiene el caudal para competir en atención. Depende de las redes sociales para capturar audiencia. Ya no puede sostener conversaciones.)

Por otro lado, en tanto que el enlace es esencialmente siempre el mismo, al ser reiterado no hay enriquecimiento semántico. La manualidad del proceso original era fundamental para propiciar esto. Sin ella no se generan verdaderas nuevas conexiones directas que contribuyan a clasificar su contenido, posicionarlo, vincularlo a otros e interreferenciarlo.

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