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David versus David

Hablaba con Mauricio alguna vez de David Mitchell en contraposición a David Wallace. No recuerdo bien los términos de la conversación pero creo que lo que decía era que de alguna manera aunque los talentos de Mitchell y Wallace son complementarios (la de Mitchell es una literatura de historias mientras que la de Wallace es una literatura de _________________ (¿derrumbes e introspecciones? ¿filosofías? ¿psicologías?)) lo que hace Mitchell es mucho más atractivo para mí. Su atractivo radica, creo, en la capacidad de Mitchell para tejer la ficción en estructuras cuidadosas y su habilidad sobrehumana para adaptar su prosa a las exigencias de las historias que cuenta. [Polos en el espectro visible-invisible.] Mientras Wallace es un esclavo de su prosa neurótica-aforística (enmarcada dentro de su compulsión gramática), Mitchell es un camaleón verbal en constante control del flujo de palabras (un creador de voces). Tal vez Wallace puede escribir sobre lo que quiera, pero Mitchell puede escribir lo que quiera con una naturalidad pasmosa. En Mitchell, además, las tramas no son una excusa (para teorizar/pontificar) sino el objetivo primordial de la escritura. Como en los bestsellers, pero mejor hecho y con más respeto.

(En español esta diferencia la ejemplificarían bien Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Aunque Marías es más controlado que Wallace y Mitchell rotundamente más versátil (e imaginativo) que Pérez-Reverte. Paradójicamente, entre esos dos prefiero de lejos a Marías.)

Hay otros mundos

Sociología del diseño de bombas nucleares ¶ Los niños y las violencias en barrios pobres de Buenos Aires ¶ Lo obvio: el negocio de las “redes sociales” consiste en generar adicciónAgenda del proceso de paz (pdf) entre el gobierno colombiano y los FARC ¶ La muerte anestesiada de Olivia Goldsmith (a raíz de la lectura de Half Empty (a raíz de la muerte de su autor)) ¶ Análisis de los resultados de las elecciones en Quebec ¶ Siempre es bueno volver al Diccionario de ObviedadesAsalto a la reserva canadiense de miel de arce ¶ Y ésta es la verdadera batalla naval.

Cloud Atlas en cine. Escalofríos.

Lunes

Mónica me cortó el pelo el sábado. Compramos una máquina de esas que usan en el ejército y procedimos sin agüero. He regresado al peinado clásico que me enseñó a pedir mi abuelo en peluquerías-escuela en Bogotá. Llevaba casi seis años sin cortarme el pelo seriamente. No sé por qué lo hice. Rebeldía a destiempo, creo. O simple pereza. Luego, para hacer la cosa todavía más rotunda, yo le corté el pelo a Mónica muy muy corto. Creo que fui demasiado radical pero nosotros menos mal ya superamos esa época de la vida en la que el estado del pelo es algo con mediana importancia más allá de que sea funcional (Mónica me contó de una compañera de trabajo que hace poco fue a la peluquería y lloró desconsolada a la salida porque se lo cortaron demasiado corto para su gusto). El paso natural después de esto era cortarle el pelo a los gatos, pero algo, una voz, me detuvo. Hoy por la tarde limpié la casa. Ahora veo hockey (Sexto juego de la Stanley Cup: Boston humilla a Vancouver (que va ganando la serie 3-2)) y horneo pastelitos chinos de arroz y fríjol para el desayuno. Son las nueve y Mónica todavía no ha llegado. Tiene experimentos hasta tarde. Releo Cloud Atlas por estos días. Es como escalar una montaña y luego bajar.