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Los atroces

El gobierno de Uribe se concentró en destruir el tejido social e imponer un orden moral donde el asesinato de muchachos pobres para inflar estadísticas operacionales se viera como un descuido. La guerra eterna como propósito.

Tras dejar la presidencia, Uribe ha persistido en su agenda, doblando la apuesta, motivado por mezquindades, orgullos y rencores. Ocho años dedicado a colapsar el proceso de paz y otros avances progresistas que Santos impulsó.

La elección de Duque es la oportunidad que espera para retomar el poder pleno que en el fondo nunca quiso perder. Y el centro de su política será castigar a quienes lo desobedecieron, ignoraron o traicionaron. Para Uribe así se clasifica cualquiera que escape a su dominio.

Duque, un petimetre trepador y ambicioso sin capital político alguno, no tiene la fuerza de voluntad ni los apoyos para distanciarse cuando el señor oscuro empiece a dictar órdenes ejecutivas e imponerse. Por eso Uribe lo eligió.

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Por eso no hay espacio para el optimismo en el programa de Iván Duque. Sus principales propuestas son regresivas y punitivas. Promete más retornos que partidas. El futuro de Duque es un presente amarrado y amordazado, con miedo de avanzar, con cada cual en su lugar.

Se siente como el programa de un derrotado. De cierta forma, y pese a su popularidad, Uribe y los suyos siempre se han comportado como hombrecitos timoratos y arrinconados, aterrados del afuera, sin mayor oferta que la oficialización de sus temores y rencores.

Ahora mismo, en contraste, la candidatura de Petro y su mensaje aglomeran personas ilusionadas y comprometidas con el futuro, que queremos armar un país más abierto, esperanzado, atento a sus desigualdades y menos reprimido e indiferente. Es un colectivo amplio al que me gusta pertenecer.

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En lugar de atender e indignarse con las versiones más ruidosas y agresivas del apoyo a Duque, propongo exponer lo que no dicen, lo que ofuscan, lo que quieren esconder. Ese rumor de fondo es el caudal más corrosivo del movimiento que lo rodea, el que permite los peores horrores.

El ruido provocador de los rabiosos sirve, entre otras, para eludir la conversación acerca de sus postulados implícitos sobre el (poco) valor de la gente y el desprecio por cualquier tipo de diversidad de opinión, gusto o apariencia.

Un núcleo de la ideología pasiva de Duque es la completa falta de empatía. El otro es el resentimiento orgulloso, a veces incluso meloso, siempre presto, dada la oportunidad, a adoptar la forma más atroz y sombría.

Masacres

Las masacres tenían una estructura. Seguían una coreografía montada con cuidado sobre planos, en reuniones previas con militares, terratenientes, empresarios y políticos que aportaban información y recursos. Cada masacre era un trabajo metódico de equipo documentado en libros de contabilidad para entregar reportes a los diferentes interesados y permitir una ejecución replicable y predecible, escalable, sin contratiempos, sin responsables precisos y de impacto controlado. En las masacres se administraban la muerte y la opresión como se administra un negocio porque eran un negocio con intereses económicos y políticos concretos que se amalgamaron y consolidaron en el vacío de poder tras la caída de Escobar. Su objetivo era el control de territorios y habitantes; minería de cuerpos y respetos.

Las masacres eran una manifestación del estado. No provenían de su ausencia. El estado era, en las tierras colombianas asoladas por violencias, la presencia última y cruel que determinaba de una buena vez quién merecía qué y hacía ley. Cada pueblo arrasado era de golpe inaccesible e inaceptable en tanto que recién juzgado y condenado. Indagar en la masacre era cuestionar la autoridad (con caligrafía prolija de monaguillo) que la masacre representaba: la de la gente propia, recia e intachable que había decidido sacrificarse, tomar las riendas y hacer lo correcto así doliera (violara, mutilara, decapitara, rebanara, castrara, apaleara, torturara, abaleara, empalara, apuñalara, humillara, desplazara y desapareciera). Su brío sombrío nos rescataba.

Liebre

Si el pasado es la memoria el fantasma es por necesidad interno; una entidad cuya existencia depende de la capacidad de recobrar ausencias de aquellos que la perciben. En otras palabras, el fantasma se manifiesta en respuesta a nostalgias o remordimientos en lugar de despertarlos, y como reside en los intersticios del olvido su apariencia es quebrada, ahogada, tejida con desvelos.

Conjurar a un fantasma es confrontar un pasado tal vez perdido, tal vez negado. Su gemir angustioso y reiterado es la exigencia de un recuerdo o, lo que es lo mismo, un reconocimiento. Admitir al fantasma, sin embargo, no lo aniquila. La única alternativa es reconciliarse con su eternidad. Un fantasma, una vez presente, es también inevitable. Una historia con fantasmas nunca termina.

Las violencias nos llenaron de fantasmas que aún no aprendemos a admitir. No asimilamos su presencia porque esto implicaría (en parte) asumir responsabilidades en su confección. No tenemos palabras para hablar de ellos: les arrancamos sus nombres. También montamos sistemas de evasión mediante barreras institucionales entre los eventos y sus consecuencias. Los aislamos bajo leyes que formalicen el dolor para atenuar su escala. Delineamos narrativas que culpen, exculpen y demarquen límites arbitrarios entre ambos mundos. Expandimos el espanto hasta que cubra el aire, y entonces, asfixiados, lo habitamos.

Aupado

Ya en cuatro o cinco conversaciones he oído variantes de una teoría de conspiración según la cual el impulso de Petro es (parcialmente) promovido por el combo de Uribe para generar una segunda vuelta donde Duque cuente con un opositor en sus términos, que refuerce la disyuntiva de la que tanto se han beneficiado. Y no sé, se me hace que esas teorías además de concederle a Uribe una capacidad de maniobra política casi ilimitada (y una inevitabilidad fatalista que lo sostiene en el centro de la conversación, lo que ciertamente le conviene), le terminan de paso desconociendo méritos a la campaña de Petro y realidad a las bases en las que se asienta su discurso: la decepción amplia que él canaliza tan bien. Desde mi desconexión es poco claro que Duque tendría una victoria fácil ante Petro, en parte porque creo que el valor evidente del proceso de paz puede llevar a varios grupos por lo pronto distantes hacia su lado cuando de veras corresponda decidir. Algunos de hecho dicen que, de acuerdo a las encuestas y resultados de las elecciones para congreso más consultas, Petro sería el único con alguna esperanza ante Duque. Ni idea. Con tanta variabilidad (y tanta torpeza al fondo) todavía hay suficiente tiempo para que el panorama dé un par de vuelcos más. Me impresiona mucho en todo caso el rechazo visceral que entre tanto progresista despierta Petro incluso cuando se contrasta con el pelafustán de Duque y su patrón. Serían más comprensibles rechazos equivalentes, aunque a mi parecer Uribe sea varias escalas más despreciable que Petro incluso en su peor versión.

Asimetrías

Donde más se siente el retorno es en el sabor de las comidas, los colores del mundo y el acento amplio que puebla los entornos. Lo que una vez fue un dado obvio ahora se percibe como inusitadamente familiar: llama a la cercanía. La intuición de un vínculo fuerte entre desconocidos que en realidad solo existe (o se manifiesta) en una dirección. Otro efecto del peso de las nostalgias acumuladas en la distancia.

Petro

Gustavo Petro es un genio político. No sé si gane o pierda en las presidenciales, pero está claro que logró demoler, con una jugada simple pero muy bien calibrada, la inercia que hacía hasta hace poco parecer a Sergio Fajardo como la opción competente para enfrentar a la derecha rabiosa. La movida fue organizar una consulta de precandidatos presidenciales paralela a las elecciones parlamentarias. De la Calle había organizado la suya hace unos meses, pero por fuera de una jornada electoral masiva, lo que lo hace parecer, en términos de votos, un alfeñique. Fajardo decidió concertar con López y Robledo, desaprovechando la oportunidad de plantar en la mesa un par de millones de votos que lo dejaran incontestable (aunque sospecho que un pleito prolongado entre esos tres los hubiera en cualquier caso inter-aniquilado). Petro en cambio, lento pero seguro, montó un referendo contra un señor Caicedo oriundo de Santa Marta, y los votos llovieron porque votar en una consulta de esas tiene un costo mínimo a nivel de cada votante (y no había otra consulta compitiendo por votantes similares) pero simbólicamente, al aglomerarse, se puede proponer como una demostración de ventaja evidente ante candidatos sin votos en la mano.

Puede que esta ventaja sea imaginaria. Puede que incluso los verdes, en la práctica, hayan demostrado mayor efectividad electoral con sus resultados en el senado, donde duplicaron curules gracias en parte a la participación de Mockus. Nada de eso importa porque estas lides dependen bastante de percepciones e intepretaciones mediatizadas, y a ese nivel ahora mismo no hay nada que compita con Petro y sus tres millones y tantas papeletas no fotocopiadas. Le quedará difícil a Fajardo remontar. Y si De la Calle, Fajardo y Petro se enfrentan Duque la tendrá barata. Tal vez Vargas Lleras se meta en la pelea por la segunda vuelta gracias a su reconocida maquinaria. Será derecha contra derecha, y en ambos lados fuerte oposición al proceso de paz recién parido. Si Petro logra concertar con Fajardo o De la Calle tal vez haya una alternativa, pero incluso en esas condiciones será una elección sufrida. Hay que empezar a pensar en cómo salvar el proceso de paz.

Votos

Una vez más hice el ejercicio de montar en tablas los datos a nivel municipal que suelta la registraduría colombiana en su página tras las elecciones. Tuve que reescribir todos mis scripts porque no encontré los viejos que armé en R hace algunos años, cuando estaba aprendiendo. Aproveché y organicé todo en Python, y subí el código al repositorio con las tablas. Descubrí que los resultados de cámara y senado los montaron usando el modelo viejo de páginas estáticas que ya conocía, pero los de las consulta los montaron con un modelo de página única que llena de forma dinámica los detalles usando javascript, así que para esas se necesitaba algo más sofisticado que un parser de html usual. Encontré algo llamado selenium que, con Firefox al fondo, hizo el chiste. Resultó menos complicado de lo que pensé que sería aunque el proceso en sí es mucho más lento que con las páginas estáticas y BeautifulSoup. Sospecho que ese estilo odioso de página dinámica será el que usen en las presidenciales.

Democracia

Luego de unos años indocumentado, pensé que tras sacar pasaporte y cédula en el consulado colombiano en Toronto me habrían reasignado mi lugar de votación, pero parece que sigo registrado en el consulado colombiano en Barcelona, mesa catorce. Persigo a la democracia y no se deja alcanzar. Voten por mí. Igual yo ya ni entiendo de qué va la pelea. Hasta conviene.

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War in Colombia resembles rain: this inevitable and ever changing natural phenomenon that sometimes falls on you and reshapes everything around. Often you notice it is here when it is already too late but in a way it never catches you by surprise because it is all but extraordinary: it is part of the landscape, as mountains, bodies of water, chirps at dawn or the passing of time.

Any instance of war has its own identity and peculiarities. War is not monolithic. I cannot be simplified into a linear story in which the first scene unchains in a clear sequential way everything that follows after and each character embodies convenient moral archetypes. It is dangerous to think of war as something frameable. It fools us into believing that we could actually control it if we really wanted. The same applies to love.

I remember when war first fell on me. I was seven and people with guns came to take us for a while. They took us to a white room with green bunkbeds, made us afraid and changed us. Black magic. We left our life, hid away and became different, forever strangers since then.

But before war fell it was still around, unnoticeable. I could not see it because it was subtle, masked as habits, routines, inequalities, exclusions, resentments, distrusts, hatred and privileges. I was born inside war. That I learned much later.

War is that rain that soaks you so deep you cannot really dry. It absorbs you as much as you absorb it. You do not feel quite right after it falls and this feeling never goes away. The resulting state serves both as filter and perspective.

In Colombia war should be a verb. “It wars”, people would say before either dying, vanishing, hiding or running away.

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Dicen que mañana se acaba la guerra. Ojalá que las guerras se acabaran así, que llegaran con un sol. Sería lindo.

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Hoy una corte en Colombia oficializó el matrimonio igualitario. A partir de ahora cualquier entidad con manifestación física en esta dimensión puede contraer nupcias con otra entidad o incluso varias con un nivel de manifestación física similar aunque no necesariamente igual. Esto abre la puerta a que una entidad pueda contraer nupcias con sí misma si cuenta con dos o más manifestaciones independientes, algo que se ha reportado en la literatura ocasionalmente y que es validado desde siempre por la teoría cuántica. Una abominación, sin duda alguna. Nyarlathotep celebra.

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A veces de lejos Colombia se ve (y sé que no se reduce a eso, lo sé) como una masacre constante e interminable donde los bandos mutan y evolucionan, bifurcan, se funden y difuminan pero la muerte rabiosa persiste incolumne, arrasando con gente mayoritariamente pobre, mayoritariamente campesina, mayoritariamente oprimida, a quienes les da más o menos igual quién gane o pierda tanto en la confrontación circunstancial como en la global ya que sus vidas y las de sus conocidos y descendientes son determinadas por la guerra y sus reverberaciones más que por la identidad y afiliación de quienquiera que ocupe el papel de la autoridad (inevitablemente déspota, reaccionaria y explotadora) en los territorios que habitan y trabajan: tan lejos y tan incomprensibles para los educados que desde las ciudades los estudian, analizan, gobiernan y malresuelven (aunque estén justo al lado). La rebelión de los oficios inútiles de Daniel Ferreira es una novela sobre eso, sobre ese efecto de la guerra lejana y la forma como es más o menos siempre la misma pese a todos los cambios a su alrededor, tan parte integral de la configuración social establecida como los apellidos de las familias poderosas y las jerarquías estrictas que aseguran que algunos muchos vivan mal y sin futuro para que otros pocos vivan bien y cada vez mejor.

La mejor esquina
Masacre de La mejor esquina (Buenavista, Córdoba), 3 de abril de 1988.

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Monté un pequeño blog en tumblr para colgar gráficas rápidas que hago ocasionalmente por ahí. Se llama Simply Plots. Las primeras cuatro entradas, inspiradas por esto, usan los datos de este reporte del Foro Económico Mundial. Me interesaba particularmente la posición de Colombia con respecto al resto de países latinoamericanos. Me sorprendió ver a Colombia tan mal calificada en cuanto a acceso a la educación. Se supone que esa ha sido la prioridad por muchos años. A veces incluso dicen que la calidad requiere primero mejorar la cobertura. Pero en realidad ni en calidad ni en equidad educativa, ya de por sí atroces, Colombia luce tan rezagada como en acceso. Es triste ver los números y pensar de paso que buena parte de los esfuerzos gubernamentales en Colombia se enfocan en complacer a indicadores de reportes como esos. También me aterra pensar en las consecuencias a mediano y largo plazo de las políticas educativas que se traducen en esos resultados. La salud, por cierto, sale mucho mejor parada.

Elecciones locales (Resultados)

Armé este repositorio con tablas con el preconteo de votos para concejo, alcaldía y gobernación para cada candidato y cada municipio en las elecciones del domingo pasado. Aparentemente la registraduría cobra buena plata por acceso a esos datos en un formato razonable. Absurdo.

Acreditaciones

Durante los últimos años la academia y sus burocracias han promovido la idea de que pueden ser medidas y juzgadas por indicadores basados en números de artículos, patentes, acumulación de títulos y similares. Es la forma establecida para determinar quién merece respeto, ascenso o puesto. Recuerdo que en una discusión hace un par de años en este blog sobre el rumbo de la comunidad científica nacional un reluciente y joven investigador colombiano en Estados Unidos corrió a buscar mis exiguos números de publicaciones para ponerme en mi sitio por atrevido con la contundencia que merecía. Es una báscula que pocos cuestionan. Por eso los planes estatales de desarrollo científico se describen (con simpleza pasmosa) en números brutos de doctores y factores de impacto.

La pila de escándalos alrededor de Natalia Springer ilustra bien varias de las formas en las que estos méritos son tremendamente débiles como indicadores de aptitud. De cierta forma, Springer se apoyó en la fragilidad de ese sistema de acreditaciones para ascender y adquirir los contactos que necesitaba para establecer su empresa de confección de estudios vagos y pomposos de alto presupuesto. Eso sumado a un apellido correcto abre muchas puertas en las altas esferas. Springer es un producto natural de esa academia con complejo de competencia deportiva.

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Dibujo de Springer Von Schwarzenberg Consulting Services