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Otro prisma

“Every payphone in the world was tapped. Or if it wasn’t, some crew somewhere just hadn’t gotten around to it. The taps fed electronically onto storage reels at a central point, and about once every second day a print-out was obtained by an officer who listened to many phones without having to leave his office. He merely rang up the storage drums and, on signal, they played back, skipping all dead tape. Most calls were harmless. The officer could identiffy ones that weren’t fairly readily. That was his skill. Some officers were better at it than others.”

— Philip K. Dick, A Scanner Darkly

La columna de hoy es una reiteración de vainas que ya he dicho acá varias veces: estamos entregando un montón de control a las empresas del Valle del Silicio no sólo sobre nuestra interacción social sino nuestra información privada sin que nos sintamos en lo más mínimo agredidos por sus prácticas y falta absoluta de fiscalización. La enseñanza que deja por lo pronto el escándalo de Snowden y Prisma es que NSA y las empresas que monopolizan el tráfico en línea comparten mucho más de lo que deberíamos estar dispuestos a aceptar (no solo información, sino intereses y prácticas). En Medium puse la columna decorada, con enlaces y con unos cuantos comentarios al margen.

La elocuencia del pasado

Fotos para acompañar la columna de hoy.

Ciencia a consulta

La columna de hoy trata sobre las consultas ciudadanas para discutir las prioridades de investigación científica dentro de lo que se conoce como la Agenda ciudadana de ciencia e innovación para Iberoamérica. La página de la consulta mexicana es esta y esta otra es la página de la española. Aunque en la columna no lo enfatizo, la diferencia en prioridades entre México y España es diciente y de paso evidencia por qué este tipo de procesos son importantes. La información en línea sobre el proyecto a nivel iberoamericano es escasa. No logré encontrar información sobre la organización de la consulta en Colombia, que por otro lado debería ser antes de octubre de este año. La desorganización y falta de información es una mala señal. A veces me da la impresión de que es uno de esos programas con buenas intenciones que se volverá un elefante blanco perdido dentro de la maraña burocrática pero siempre útil para decir que aquí sí se hace algo. Supongo que pude resaltar eso en la columna pero preferí concentrarme en los aspectos positivos de la iniciativa. Los números de participantes en las consultas españolas y mexicanas no fueron particularmente grandes, pero siempre es un gran logro poner a más de cien mil personas a pensar en la ruta de la investigación científica de un país. Lo clave sería que este ejercicio de divulgación y discusión fuera continuado. Eso lo veo más difícil de lograr.

El viaje de Alexander Grothendieck

La columna de hoy está dedicada a Alexander Grothendieck. Todo matemático joven tiene una época de fascinación con Grothendieck. La mía fue breve pero intensa. Su aporte matemático es excepcional y su biografía es, por decir lo menos, singular (no hubo espacio en la columna para mencionar que Grothendieck no tiene nacionalidad. Ser hijo de una pareja de judíos anarquistas a principios del siglo veinte tiene consecuencias.)

Como complemento a la columna, aquí está el informe de Grothendieck sobre su viaje a Hanoi, aquí una de las cartas que escribió para rechazar el premio Crafoord, aquí el texto de su conferencia Allons-nous continuer la recherche scientifique? y acá un perfil biográfico-filosófico-matemático de Grothendieck muy completo y en español escrito por Fernando Zalamea para su libro Filosofía sintética de las matemáticas contemporáneas.

Siempre me ha intrigado el contraste entre la valoración altísima de sus ideas matemáticas y el desprecio casi agresivo que recibieron sus posiciones políticas dentro de la misma academia que lo aclamaba. Muchos científicos pierden cualquier noción de objetividad cuando cuestionan la legitimidad/moralidad de sus medios de subsistencia. Esa agresividad sin duda contribuyó a que Grothendieck se alejara.

Alexander Grothendieck, 1951
SuperGrothendieck en 1951

Corrales de palabras

En la columna de hoy (basada en un texto que escribí hace un año largo para una revista mexicana que nunca supe si fue publicado) continúo mi alegato contradictorio sobre la naturaleza de las llamadas redes sociales (contradictorio en gran parte porque yo soy sin duda un usuario intenso de twitter). En esta oportunidad me concentro en los llamados “trending topics” y su uso para facilitar el acceso a la conversación masiva y sostener cautiva a la audiencia. Los “trending topics” también sirven para que la masa de usuarios legitime intereses impuestos como propios. Casi nada se sostiene vigente sin un guiño de aprobación de medios establecidos (ya sea directamente como instituciones o a través de personajes adscritos a estas). Luego de enviar la columna pensé que lo que describo no aplica sólo a redes sociales sino (con algunos matices) al concepto de las modas en general (lo que quiera decir eso). Siempre el juego es cómo convencer a la gente de que quiere algo que otros quieren que quieran. Otra vaina: estas críticas no pretenden convencer a nadie de que abandone las redes sociales (ni siquiera yo lo hago) pero tal vez sí me gustaría que desencadenaran reflexiones sobre la forma como se usan y lo que entregamos (y recibimos) cuando las usamos. No sobra insistir: las redes sociales no son herramientas neutrales. Su objetivo no es conectar al mundo sino convertir lo que quiera que hagamos ahí en capital para sus dueños e inversionistas. Esa siempre será su motivación.

Ética escatológica

La columna de hoy es un comentario breve sobre la serie The Walking Dead. Por complementar, enlaces a vainas que escribí hace varios años sobre 28 Weeks Later, [•Rec], Planet Terror, American Zombie, Day of the Dead, Diary of the Dead y I Am Legend, cuyo libro homónimo inspiró a Romero para crear Night of the Living Dead.

El camino hacia el asombro

La columna de hoy le hace eco a esta charla que Federico Ardila dio en Bogotá en diciembre pasado sobre la importancia de la educación matemática en la escuela. En este problema hay dos frentes complementarios: por un lado está la detección, promoción y aprovechamiento del talento matemático disponible y por otro lado está la necesidad de subir el nivel general de la educación matemática y repensar la estrategia de enseñanza. Usualmente cuando a alguien le gusta la matemática (sea por talento innato o por cualquier otra razón) no requiere mayor estímulo para aprender (aunque sí tal vez para avanzar más allá de lo elemental y no perder el ánimo, cosa que hacen muy bien programas como las olimpiadas matemáticas y otros parecidos). La batalla dura es crear el gusto entre aquellos que no lo tienen de fábrica. Esta es una situación que todo maestro de cualquier área enfrenta regularmente: cómo lograr que los estudiantes aventajados se sientan impulsados y los demás reciban el apoyo que necesitan para avanzar y de paso apreciar lo que aprenden. Con frecuencia el maestro soluciona este problema ofreciendo un material genérico de nivel medio-alto, que no toma en cuenta las particularidades de sus estudiantes. Esto es algo que el sistema de educación masiva promueve con sus estándares rígidos de evaluación. El resultado de esta estrategia es nefasto en ambos frentes: los aventajados se aburren y la mayoría se pierde para siempre en dificultades que el maestro ni siquiera contempla como posibles. En matemática, el pénsum con énfasis en el formalismo temprano y la mecanización del manejo simbólico dificulta todavía más todo lo que he descrito. Tal vez un pénsum matemático escolar enfocado enteramente hacia la resolución de problemas específicos (que evolucionen a medida que son resueltos hacia grados cada vez más elaborados de abstracción justificada) y no hacia la adquisición directa de conceptos desprovistos de motivaciones sólidas contribuiría a hacer todo muchísimo más accesible y menos intimidante. Una primera tarea para los interesados sería pensar en los contenidos de un pénsum así y cómo implementarlo. A veces tengo la impresión de que por pretender enseñar tanto nadie está realmente aprendiendo nada.

Contenidos ágiles y conocimiento libre

La columna de hoy es una respuesta a esta columna tendenciosa y/o desinformadísima de Carlos Granés publicada ayer. El asunto es extenso así que decidí restringirme a dos puntos específicos: el primero es que la piratería no es consecuencia de los activistas sino, más que nada, de la ineptitud de los comerciantes que se niegan a ofrecer alternativas digitales de sus productos (o se adaptan a una lentitud pasmosa). Lo segundo es que Granés mete en el mismo costal de la libertad de la información a varios grupos disímiles (piratas, activistas de diferentes líneas, vándalos enmascarados) y los describe como utopistas moralistas e ingenuos anticapitalistas con propensión al crimen (muy en la línea de Fernando Savater y Vargas Llosa, por cierto). Las imprecisiones evidentes en su párrafo dedicado a Aaron Swartz (a quien designa como símbolo más visible de ese conglomerado que imagina) dejan clarísimo que no sabe de qué habla (omite, por ejemplo, que la red de MIT es abierta y por ende es perfectamente legítimo entrar a la universidad, conectarse y bajar un par de artículos de JSTOR — Swartz abusó de la infraestructura descargando volúmenes muy grandes de golpe, no por bajar nada en particular. Por algo JSTOR finalmente se desligó del proceso contra Swartz). Este perfil en Slate es un buen punto de partida para hablar educadamente de los méritos y fallas de Swartz. Aquí su manifiesto de acceso abierto a documentos gubernamentales y académicos y aquí una columna de Jorge Orlando Melo sobre el acceso abierto a publicaciones académicas en Colombia.

Dilemas de la ciberenseñanza

La columna de hoy va sobre los cursos abiertos masivos en línea. Es una idea viejísima que ha sido revitalizada por los adelantos recientes en infraestructura de comunicaciones. Por curiosidad he asistido a un par de cursos en ese formato. Ahora mismo tomo el curso de análisis de datos en Coursera y recién me registré para el curso de aprendizaje creativo que ofrece el MediaLab de MIT. Los que he tomado me gustan porque sirven de guía para avanzar en el estudio de un tema (usualmente técnico), pero al tiempo no me gustan porque los encuentro monstruosamente superficiales y simplistas en sus explicaciones para justificar los métodos que explican (la matemática complacientemente vaga me incomoda). La audiencia amplia obliga a sostener la clase en un nivel más bien bajo para mi gusto. Esto es algo que he sentido cuando dicto cursos con más de cincuenta estudiantes. Es muy difícil apuntar al nivel correcto cuando la interacción personal con los estudiantes es tan limitada. En cursos de más de cien personas los estudiantes están por su cuenta. La diferencia entre estos con un curso en línea, por ende, es insignificante. Y creo que con práctica la metodología se puede mejorar. Me encantaría hacer el experimento de dictar uno.

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Carnaval de enlaces relacionados: Aquí hay una discusión entre los extremos que describo en la columna • Una discusión sobre el tema en Bloggingheads entre Tamar Szabo Gendler and Clay Shirky (y un comentario) • Este artículo de Alan Ryan contrastando a detalle ambas perspectivas me gusta mucho • El primer curso abierto masivo en línea fue un libroEste es un artículo sobre la historia de la educación a distancia en Colombia • Una de las formas como Coursera pretende oficializar y capitalizar sus cursos • La posición de un entusiasta utópico más o menos genérico • Este es un artículo razonablemente escéptico al respecto de estos cursos y su lugar en el sistema universitario • Pese a las críticas, Wisconsin está pensando en abrir la posibilidad de otorgar créditos por cursos gratuitos en línea • Aquí la Universitat Oberta de Catalunya ofrece su posición institucional al respecto • Reflexiones sobre los “MOOCs” de Stanford (Vía @angelamars).

Culto a la ecuación

La columna de hoy reseña un pequeño artículo sobre el impacto positivo (a ojos de semi-profanos) de intromisiones matemáticas (no necesariamente pertinentes) en artículos académicos. Esta reacción intimidada/complaciente ante la ecuación incomprensible se puede explicar como una consecuencia de la relación acrítica con el discurso científico que algunas veces los mismos científicos promueven (o al menos no contienen). Puede ser matemática como puede ser neurociencia. En otras ocasiones he hablado acá en el blog de la importancia de que los científicos (como comunidad, tal vez) tomen en sus manos la divulgación de su trabajo. Este ejercicio de divulgación directa acerca a la gente a la labor científica y le permite ganar perspectiva sobre su funcionamiento y metodologías. Aunque el discurso publicitario efectivo tal vez sea útil en el corto plazo para conseguir fondos, a la ciencia como empresa humana no le conviene ser a largo plazo indistinguible de la charlatanería pseudocientífica que abunda. La mejor manera de combatir esta tendencia es acercar los científicos a la gente y promover el cuestionamiento de su propio trabajo. No se trata de que todos se conviertan en expertos sino de que se difunda una comprensión mínima de las dinámicas de la ciencia y su valor difuso de verdad (que hace que la duda sea su principio esencial). La fuerza de la ciencia, de cierta manera, radica en exponer abiertamente sus limitaciones. Depender de un periodismo cada vez en peor estado y ansioso de espectacularidad vendible que le permita competir con los flujos de las redes sociales no parece una apuesta sensata.

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Ernesto Sabato, que antes de dedicarse a la literatura estudió física, tiene un ensayo sobre la oscuridad científica como herramienta de dominación al que vuelvo recurrentemente desde hace tiempo. Sus observaciones hechas en 1955 son todavía vigentes hoy. Para cerrar, un aparte:

La raíz de esta falacia reside en que nuestra civilización está dominada por la cantidad y ha terminado por parecernos que lo único real es lo cuantitativo, siendo lo demás pura y engañosa ilusión de nuestros sentidos. Pero como la ley matemática confiere poder, todos creyeron que los matemáticos y los físicos tenían la clave de la realidad. Y los adoraron. Tanto más cuanto menos los entendían.

Científicos postergados

La columna de hoy trata sobre la incertidumbre laboral que define la vida del científico joven hoy en día. Luis Noriega y Clara Osorio me ayudaron a afinarla y reducir mi tendencia al alarmismo apocalíptico. Su título, una propuesta de Luis, es una referencia al cuento del brujo postergado de Borges. Muy apropiado. El sistema basado en contratos temporales flotantes fuerza a muchas personas talentosas a dejar la disciplina y es un desperdicio de recursos y entrenamiento en general. Esto contradice el discurso sobre la prioridad de la ciencia, la educación y la tecnología en el contexto económico actual. ¿Si es tan prioritario por qué tanto desperdicio? En las jerarquías científicas más altas hay mucha gente con buena voluntad pero también hay mucho cinismo y mezquindad alrededor. Es fácil dejarse tentar por la mano de obra barata que con tanto entusiasmo ofrecen los aprendices y los “postaprendices”. La vocación científica tiene una buena carga de pasión. Hay muchísimas promesas implícitas falsas y poquísima claridad con los muchachos que apenas inician sus carreras. Alguien en twitter me dice que mi columna es un plagio/traducción de este artículo de The Economist. Hay montones de artículos sobre eso en todas partes (recibo enlaces a otros en los comentarios). Supongo que es una estudiante que no ha llegado al momento de su vida profesional donde uno descubre esos problemas sin necesidad de leer revistas. En mi caso personal, la decisión de abandonar las aspiraciones académicas fue motivada principalmente por mi deseo de estar con Mónica y ver crecer a mis hijos. Me cansé de estar lejos y frustrado con lo que hacía. Ahora cuido a la chiquita y cuando tengo tiempo escribo, estudio matemática, y miro mis opciones laborales sin afán. Mónica, por su parte, persiste en sus investigaciones con mucha disciplina. Es muy productiva. A veces es duro y la presión es grandísima pero disfruta lo que hace y es buena en ello. Las condiciones laborales nos preocupan pero nos hemos acomodado y vivimos como queremos vivir, no nos podemos quejar. Algo aparecerá después. Así funciona. Cuando deje de funcionar supongo que buscaremos algo distinto. Afuera de la academia hay bastantes cosas. En últimas, como me dijo Clara ayer, uno trabaja en lo que le dé trabajo.

Paradojas antinarcóticas

La columna de hoy habla de paradojas de la llamada guerra contra las drogas y señala una inconsistencia flagrante en políticas de control de los cultivos de acuerdo a la nacionalildad de quien arriesga el pellejo. La entrevista al general McChrystal está acá. Vale mucho la pena. Y aquí hay un intento de racionalizar la paradoja de Banach-Tarski en términos de estructura molecular para que tolerarla sea menos conflictivo. Del documental de Romeo Langlois y la muerte de José Cortez escribí algo muy corto hace unos meses. Ahí también se puede ver.

Obviamente las contradicciones que señalo en la columna no son ni mucho menos las únicas de esa estrategia bélica fallida para supuestamente combatir el consumo de drogas.

Obediencia ciega

La columna de hoy es sobre Compliance, una película que mencioné acá en el blog hace unos días. En esa entrada hablé de las dificultades inherentes a ver algo así. Realmente es muy difícil. Aquí estuvimos dos veces a punto de desistir. Nos sentimos insultados. Finalmente perseveramos por el puro morbo masoquista de entender en qué consistía el complot así todo pareciera traído de los cabellos. Generalmente mencionan el experimento Milgram como referente del fenómeno que ilustra la película. Todavía no estoy seguro de que sea exactamente lo mismo. De pronto es un factor. Para mí lo crucial es la cesión de poder (¿voluntaria? ¿sutilmente impuesta? ¿flagrantemente impuesta?) a instituciones diseñadas para potencialmente oprimirnos, así como la confusión relacionada entre obediencia y respeto (a esas mismas instituciones).

Por si las moscas, aquí de nuevo el enlace a la página en wikipedia sobre esa serie de crímenes.

Máquinas para matar

La columna de hoy habla sobre los orígenes bélicos del computador electrónico digital. La referencia principal es Turing’s Cathedral, de George Dyson, donde me enteré del proyecto de Barricelli. Me gusta esa dicotomía: los mismos computadores que permitieron el desarrollo de la bomba termonuclear sostenían también un proyecto para generar vida artificial. Barricelli, por cierto, trabajaba como voluntario, sin un salario. Y su proyecto ocupaba los tiempos libres del computador. Nunca fue totalmente oficial. Aquí hay un artículo breve de Dyson para Make Magazine donde resume la historia. Y aquí hay un artículo largo (y un poco confuso) sobre la historia de los computadores que Von Neumann y su equipo montaron en Princeton. Von Neumann es un personaje que siempre me ha intrigado mucho. Es impresionante la cantidad de áreas matemáticas (tanto “aplicadas” como “puras”) donde hizo aportes significativos.

El computador Maniac y sus operarias
El computador de Princeton, apodado cariñosamente MANIAC. Igual el ENIAC, era operado mayoritariamente por mujeres. Más fotos.

Quién manda a quién

La columna de hoy trata sobre la transformación del computador en una máquina de entretenimiento con capacidades limitadas para ser programada por su usuario. Esta transformación está convirtiendo a los usuarios en espectadores. Aunque todavía es posible instalar compiladores e intérpretes de lenguajes de programación en los computadores actuales, esta posibilidad no es promovida por sus productores ni impulsada por establecimiento educativo. En un sistema económico consumido por el software semejante tendencia debería ser por lo menos cuestionable. Pero incluso sin entrar en discusiones económicas, dada la ubicuidad de los computadores y la digitalización progresiva de buena parte de las actividades humanas, la capacidad para programar ofrece a los usuarios una relación menos pasiva con las máquinas que administran sus vidas. Al final es un problema casi político: estamos permitiendo, por pura ignorancia, que los computadores personales se conviertan en otro medio de opresión y control.

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Aquí veintisiete formas de aprender a programar en línea todas muy razonables (Codeacademy tiene hasta versión en español (dudoso, eso sí)). De paso recomiendo este manual de programación para Processing. Está muy bien escrito. También está este video log cheverísimo de desarrolo de una aplicación animada en Javascript.