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Saber y perder

La columna de hoy (o de ayer, no la veo en portada hoy domingo, pero se supone que salió hoy) se desprende de una revisión sencilla de los resultados por colegios de las pruebas Saber 11 de este año y el pasado jugando con herramientas elementales de estadística descriptiva disponibles en cualquier hoja de cálculo.

Como complemento, la observación que desencadenó la columna: en la página de la revista Dinero donde los resultados de este año están disponibles para descarga se lee:

Siglas: Dado que la mayor parte de los colegios son privados (no oficiales) solo se indica cuando son públicos (oficiales) mediante la sigla “(Of)”.

Como la anotación me intrigó, filtré los datos para mirar cuántos colegios tenían “(Of)” al final del nombre. El resultado, 8168 de 12615. Es decir, un 64%. de los colegios son oficiales; no precisamente una minoría. Al contar estudiantes (en lugar de colegios) se descubre que un 71.77% de las personas que presentan las pruebas Saber 11 estudia en un colegio oficial. Quedé con la duda de si los periodistas de Dinero se equivocaron o si de verdad piensan que la mayor parte de los colegios colombianos son privados y no se molestaron en contar. Como sea, la anotación ilustra bien la profundidad con la que los muchachos de Dinero estudiaron sus datos.

De paso: un análisis (pdf) de las ventajas de los colegios privados de acuerdo a las pruebas Pisa.

Sesgo en públicos 2012: 0.526599249105; Sesgo en privados 2012: 1.02662898427; Promedio en públicos 2012: 42.8033300686; Promedio en privados 2012: 46.0227293165; Mediana en públicos 2012: 42.7; Mediana en privados 2012: 44.65. Sesgo en públicos 2011: 0.207080369486; Sesgo en privados 2011: 0.673856432328; Promedio en públicos 2011: 42.2170533907; Promedio en privados 2011: 45.6859889984; Mediana en públicos 2011: 42.26; Mediana en privados 2011: 44.65 (Qué sencillo y agradable utilizar los cuadernos de iPython y la librería Pandas de análisis de datos para hacer estos cálculos, por cierto.)

La muerte de Clisman Túquerres

La columna de hoy habla sobre la muerte de Clisman Túquerres, un muchacho de 19 años que falleció el domingo pasado en Cali, tras recibir un disparo en la cabeza durante una discusión con agentes de la policía.

Burbujas en el agua

La columna de hoy ahonda en las declaraciones imprecisas que Rodolfo Llinás ofreció la semana pasada sobre “una nueva agua” para entender de qué estaba hablando y contextualizar su aporte. La ciencia no son los resultados sino los procesos para llegar a ellos. Cuando se reportan resultados es crucial explicitar estos procesos y sus limitaciones para distinguirlos de la pseudociencia que abunda. A continuación varios enlaces para complementar la lectura de la columna:

  • La columna fue producto de los reclamos (justos) de Pere Estupinyà en su blog de seguimiento al cubrimiento científico en español. Óscar lo enlazó en Twitter.
  • Mi impresión de los primeros reportes de las declaraciones de Llinás (Estupinya las enlaza casi todas) era que los periodistas no habían entendido de qué hablaba. Pero la entrevista extensa que Yamid Amat le hizo deja claro que Llinás no contribuyó mucho a reducir la confusión.
  • Por si acaso, para que quede claro que esta no es una discusión sobre sus méritos, aquí la lista (de acuerdo a Pubmed) de los artículos científicos de Llinás. Suma trescientos cuarenta.
  • Esta es la página donde Revalesio reporta el estado de sus investigaciones con RNS60. Llinás es mencionado acá.
  • Artículo extenso en The New Scientist (pdf) sobre nanoburbujas, con énfasis en las dificultades físicas para explicar su existencia. Las aplicaciones que propone Revalesio son mencionadas al final.
  • Este es el único artículo (de acuerdo a Pubmed) donde RNS60 es mencionado. Ahí se reporta que contribuye a reducir la inflamación de la glía. Y aquí está el resumen del afiche que presentaron en el congreso de la sociedad para la neurociencia hace un mes.
  • En este artículo reportan los avances en limpieza de lagos con el uso de nanoburbujas.

Prevenir lo inevitable

La columna de hoy habla sobre lo que los sismólogos pueden hacer y lo que no pueden hacer. Resumiendo: Los sismólogos no pueden predecir terremotos pero sí pueden estimar (muy burdamente) una probabilidad de que un terremoto ocurra en un cierto lugar, así como su rango de magnitudes posibles y otros detalles así. Por eso es que aunque los sismólogos italianos no podían predecir el terremoto de L’Aquila, estaba cantado que La Aquina podía recibir un susto como ese cualquier día. La falta de prevención (y no de predicción) fue lo que produjo la tragedia. Quienes dicen que los científicos fueron condenados por entregar información errada se equivocan: fueron condenados por no decir algo que no tenían cómo decir (i.e., que el terremoto venía.) En Colombia el caso de Tumaco es emblemático tanto por el tamaño legendario del terremoto de 1906 como por la situación de abandono estatal de la ciudad. En un artículo para Universo Centro ahondaré más en la discusión sobre las capacidades de los sismólogos para predecir y algunos detalles relevantes del caso italiano. Por lo pronto dejo unos cuantos enlaces.

Sobre Tumaco

  • Aquí se puede bajar el plan de contingencia contra tsnunamis de la ciudad de Tumaco. Incluye párrafos como el siguiente:
    El sistema principal de alarma para tsunami de origen cercano será el acordado por el CLOPAD en 2002, es decir el sistema de alarma personal. Este sistema consiste en la decisión personal de cada habitante de dirigirse a la zona segura más cercana cuando sienta un sismo que le dificulte mantenerse en pie.

    Por si las moscas, también hay (o al menos fueron recomendadas) once sirenas.

  • Aquí una foto de Tumaco desde un satélite para entender mejor la gravedad de la vaina:
  • Este es un artículo ya clásico donde se estudia la relación entre el terremoto de 1906 y los otros tres terremotos posteriores. El artículo sugiere que los tres posteriores no son suficientes para descargar la energía del de 1906 y por tanto todavía hay un golpecito pendiente por ahí más bien pronto.
  • Y este artículo, más reciente, usa modelos computacionales y concluye lo contrario: los tres terremotos posteriores sí parecen haber quemado otro cartucho parecido al de 1906, pero en cuotas más “amables” (aunque “amable” sea un decir, porque en el de 1979 murieron como 500 personas en Tumaco.)
  • Convocatoria al último simulacro general de evacuación de la ciudad, en 2010.

Sobre el caso de L’Aquila

De mujeres y hombres

La columna de hoy (malísimo título, lo admito — por un rato se llamó Jennifer versus John pero eso me sonaba todavía peor) es el resumen de una charla a la que asistí la semana pasada durante el congreso de neurociencias aprovechando que Laia estaba dormida (sobre mí). La vi desde la puerta del auditorio por si acaso. Mónica se interesó hace unos años en el trabajo de Melissa Hines y compró su libro, así que cuando nos enteramos de que hablaría la incluímos en la agenda. Valió la pena: es un trabajo muy bien hecho y lleno de preguntas buenísimas (e.g., ¿por qué los seres humanos somos la única especie con “identidad de género”? ¿por qué la variabilidad de intereses sexuales entre los seres humanos es tan vasta? ¿a qué corresponden esos fenómenos a nivel cerebral?) Al salir de la charla hablamos con Mónica de la proporción de mujeres contra hombres en el congreso. No encontré datos oficiales pero estoy casi seguro de que las mujeres eran mayoría. Más del sesenta por ciento, estimo. Las mujeres en ciencia están subrepresentadas en posiciones de poder, como digo en la columna, pero en biología y afines son el grueso de la fuerza de trabajo ya sea como estudiantes, técnicos de laboratorio o postdocs mal pagadas, mientras que los hombres dominan las plazas como profesores y directores de laboratorio. Los resultados del estudio de Moss-Racusin (pdf) que resumo en la columna muestran que esta situación está lejos de cambiar sin reformas estructurales serias y muy probablemente una buena dosis de discriminación positiva (en caso de que todo lo demás falle).

Curiosamente estaba por escribir esta entrada cuando Jaime me envió este enlace. No me sorprende. Es lo que se espera de los miembros hombres de una comunidad que funciona así. Seguro que ese tipo piensa que tienen a las mujeres en sus laboratorios y conferencias para consumo sexual a conveniencia, como en Lightning Rods, de Helen DeWitt.

Matones patentes

La columna de hoy describe (muy) a grandes rasgos el desastre que han desencadenado dentro de la industria tecnológica gringa las patentes de software. El dato sobre el gasto de Google y Apple el año pasado que menciono proviene de un artículo reciente en el New York Times. Esta es la cita completa:

In the smartphone industry alone, according to a Stanford University analysis, as much as $20 billion was spent on patent litigation and patent purchases in the last two years — an amount equal to eight Mars rover missions. Last year, for the first time, spending by Apple and Google on patent lawsuits and unusually big-dollar patent purchases exceeded spending on research and development of new products, according to public filings.

El año pasado un intento de reforma del sistema de patentes se hundió en el congreso. Aquí un buen reportaje de lo que pasó, con intrigas y trucos sucios al por mayor. También el año pasado, This American Life dedicó un programa entero al asunto. Vale muchísimo la pena. Este artículo largo (pdf) de Michele Boldrin y David K. Levine para el Banco de la Reserva Federal de St. Louis presenta a detalle el problema (con análisis económicos y demás juguetes) y al final propone abolir el sistema de patentes del todo, sin compasión. Para terminar la lista de enlaces, un cómic coincidencialmente publicado el jueves en Saturday Morning Breakfast Cereal que ilustra el absurdo a la perfección.

Algo que no dije en la columna (y que tal vez debí) es que el matoneo se ha extendido del software a otras industrias, como la biotecnología. (El caso de las farmacéuticas es otro universo completo, por cierto.) Esto es particularmente relevante en el caso colombiano, ya que el TLC firmado con Estados Unidos contemplaba, hasta donde sé, compromisos para el país con respecto a patentes de este tipo. Cuando entienda bien cuáles fueron estos compromisos (pp. 15-17) tal vez vuelva sobre ello en otra columna.

La empresa de la patente de la agenda para reuniones que menciono en la columna es Microsoft. Pero, siendo justos, si lo que hizo Microsoft en su momento se compara con las gracias actuales de Apple y Google en cuanto a patentes y abusos legales en general, Microsoft es un angelito.

Nostalgia de la luz

Nostalgia de la luz — Patricio Guzmán

La columna de hoy está dedicada a Nostalgia de la luz, un documental de Patricio Guzmán que vimos aquí en la casa hace una semana. El documental utiliza el desierto de Atacama como lienzo para explorar las formas y técnicas de las que disponemos para mirar (o no) el pasado (tanto científica como políticamente). Guzmán sugiere paralelos entre los proyectos inmensos de investigación en astronomía y arqueología que se desarrollan en el desierto y exploraciones más personales por parte de víctimas de la dictadura de Pinochet (que usó el desierto como torturadero y cementerio clandestino). Aquí complemento la columna/reseña con unas cuantas notas informativas:

  1. Aunque en la columna digo que ALMA (ojo a la calidad de esa página web y a su esfuerzo por explicar con claridad lo que hacen y por qué importa) inicia operaciones a final de 2012, ya funciona parcialmente y hace un año soltó las primeras imágenes. Pensaba explicar aquí por qué ALMA es sustancialmente mejor que, por ejemplo, el Hubble, pero creo que todavía no lo entiendo bien. De pronto Jaime puede ayudarnos con eso en los comentarios o en El gran pum (que sea un motivo para retomar el blog). De paso, el Gaspar que menciono en la reseña (y que es uno de los polos argumentales del documental) es Gaspar Galaz.
  2. Las ruinas del campo de concentración que visita Guzmán están ubicadas en la vieja mina de salitre (i.e., nitrato de sodio) de Chacabuco. El desierto de Atacama está repleto de minas de salitre abandonadas. Guzmán lo menciona pero no explica por qué. La historia resumida es que a finales del siglo diecinueve el desierto de Atacama era el mayor proveedor mundial de la materia prima para hacer fertilizantes en tiempos de paz (ese imposible empírico) y, más importante, pólvora en tiempos de guerra. La mayoría de estas minas eran administradas por compañías inglesas, lo que le daba a Inglaterra una ventaja económica (y estratégica) notable. Los alemanes eran conscientes del riesgo de depender de unas minas inglesas en Chile para asegurar la alimentación de su pueblo (y sus fusiles) e impulsaron un programa de investigación para encontrar formas de producir fertilizantes (y de taquito pólvora) que no los obligara a recurrir al salitre. El resultado de ese programa es el llamado proceso de (Fritz) Haber (con premio Nobel de química asociado), que utiliza la atmósfera (llena de nitrógeno libre) como mina para producir amoniaco (i.e., nitrógeno fijado en hidrógeno) de una forma eficiente y barata. Este amoniaco servía para sustituir el salitre (del amoniaco al nitrato hay sólo un paso) y adicionalmente sentenciaba a muerte a la economía chilena (dependiente de sus minas de repente caducas). La primera implementación a escala industrial del proceso de Haber, sin embargo, no fue para producir fertilizantes sino explosivos durante la primera guerra mundial. Esto convirtió a Haber en un héroe controversial que combatió el hambre con éxito pero también industrializó la matanza. Radiolab le dedicó un reportaje a la historia del señor Haber y esa complicada dualidad.
  3. La Violeta que menciono en la reseña se llama Violeta Berrío. Berrío hace parte de las mujeres de Calama. Su marido se llamaba Mario Argüelles Toro y era un comerciante afiliado al Partido Socialista. Argüelles tenía 34 años cuando fue detenido por el ejército en septiembre de 1973, justo después del golpe de estado. Berrío lo vio con vida por última vez el 13 de octubre. Se suponía que había sido condenado, junto a otros detenidos, a tres años de “relegación al sur”. Sin embargo, el 19 de octubre fue fusilado y enterrado en una de las tantas fosas comunes que tenían en el desierto. A finales de los ochenta, para limpiar los rastros de la barbarie, el ejército chileno (semi)removió los cuerpos de ese lugar (nunca aclarado). Se desconoce adónde fueron transladados. Algunos conjeturan que fueron arrojados al mar pero no es claro. En este artículo, Berrío cuenta a detalle cómo fue la desaparición de Argüelles. Uno de los detalles más escalofríantes de la historia de Berrío y sus compañeras es que hay muchas personas afiliadas al ejército chileno que con toda seguridad conocen hoy en día el paradero de esos cuerpos pero nadie dice nada.
  4. Y un juego para terminar: la página de Wikipedia en inglés dedicada al desierto de Atacama incluye una cita en inglés que supuestamente proviene de La Araucana:

    Towards Ataca, near the deserted coast, you see a land without men, where there is not a bird, not a beast, nor a tree, nor any vegetation.

    El juego consiste en encontrar su versión en español, si existe. O demostrar que no existe y, armado con ese argumento, limpiar Wikipedia de esa imprecisión.

Especulación científica (2): reflexiones adicionales

  1. Aunque inicialmente Andrés dijo que no tenía nada que decir al respecto de la columna, al final sí tenía. Me alegra. Sin embargo, sus críticas son mayoritariamente de forma (según él mi identidad y educación son relevantes — no estoy de acuerdo). Sólo fui capaz de detectar una al respecto del contenido de la columna. Andrés dice que mi propuesta de darle prioridad en la financiación pública a la investigación que se enfoca en resolver problemas locales “lo dejó perplejo”. En respuesta argumenta que la ciencia funciona mediante redes transnacionales, como si darle prioridad a los problemas locales propiciara el aislacionismo. No veo por qué tendría que ser así. Priorizar la atención a los problemas locales sin duda debería ser acompañado de un impulso a la colaboraciones internacionales dentro de esas líneas de interés. Como él mismo dice: “esos problemas metegeohidroeco, curiosamente, tienen soluciones que son “trans”, que transfieren y atraviesan, que arrancan aquí, van variando levemente en Venezuela, un poco más en Brasil y curiosamente llegan incluso hasta Suiza o Finlandia en algún nivel”. Totalmente de acuerdo. Con más veras habría que fortalecer los nexos. Mi reclamo no es por un nacionalismo científico (esa sugerencia de que yo pedía algo como “la verdadera ciencia venezolana” es casi insultante — por no hablar de “el arte alemán de Hitler”), sino por una política científica pública que tome en cuenta antes que nada las necesidades locales y las obvias limitaciones de presupuesto a la hora de adjudicar fondos. El comentario de Jaime expresa mi posición muy bien.
  2. Como dice Sergio, “la carga de la prueba” no me corresponde. Cuando un ateo dice que no cree en Dios, no es su responsabilidad, como asumen algunos creyentes, demostrar que Dios no existe. Mi columna pregunta por qué tenemos que darle plata pública a los científicos. Esa inversión, si entiendo bien, presupone que el país recibe algo a cambio. ¿Qué recibe? ¿Cómo se beneficia? ¿Se beneficia con cualquier inversión o sólo con algunas? No creo que esas seas preguntas inaceptables ni que superen los límites de la libertad de expresión, como sugirió un comentarista en Twitter. Me parece una pregunta importante que merece una respuesta menos emotiva. A los científicos que piden más plata les corresponde explicar por qué la necesitan y cómo beneficia al país. Mi posición, de nuevo resumiendo, es que estoy seguro de que hay frentes de investigación que definitivamente requieren inversión pública, pero no creo que todo investigador, sólo por el hecho de investigar y publicar juiciosamente, deba recibir plata del estado colombiano.
  3. Por cierto, y ya que nadie la ha señalado, una posible razón para ofrecer financiación pública a investigadores sin distingo de área es que facilita la importación o repatriación de profesores de buen nivel y esto a su vez, al menos en principio, contribuye a mejorar la calidad de la educación superior. Suena bien. Podría ser cierto. Pregunta: ¿Qué tanto impacto tendrá en la calidad de la educación? (No es claro por qué un investigador de buen nivel tiene que ser un docente de igual nivel. Conozco algunos francamente atroces y otros, como Andrés, muy buenos.) Otra: ¿La reducción de carga docente a investigadores no iría en detrimento de este beneficio? Y finalmente: ¿Es suficiente esa razón para justificar la inversión en general?
  4. Pregunta no totalmente al margen: ¿Cuántos proyectos científicos colombianos subsisten a punta de donaciones privadas?
  5. Ayer viendo el documental sobre la vida de Ayrton Senna me sorprendieron mucho las escenas de las reuniones entre pilotos y directivos caprichosos donde se decidían y modificaban regular y arbitrariamente las reglas de juego. Aunque era de esperarse, nunca había pensado en la existencia de ese aspecto del deporte. Senna, como buen joven samurai honorable, despreciaba el nivel político del deporte y recordaba con nostalgia sus años como principiante, cuando todo el mundo competía por el placer de manejar los carros lo mejor posible. En contraste, su gran rival, Alain Prost, era particularmente hábil sacando provecho de ese metajuego. Tengo la impresión de que muchas de las respuestas más dogmáticas a la columna obvian la dimensión política de la ciencia. Predomina la idea ingenua de que los científicos son un club internacional mayoritariamente compuesto por nerds amistosos, progresistas y colaboradores que trabajan por un mundo mejor y lo que los motiva es el placer por descubrir (o algo de ese estilo). La verdad es que las prioridades e intereses de la ciencia, en tanto que actividad humana, se mueven de acuerdo a caprichos, mezquindades y juegos de poderes. Esta tendencia se ha acentuado en los últimos años con las exigencias de publicación a todo costo y cada vez más plata disponible. Esta es una razón adicional para mirar con mucha atención la inversión pública en ciencia. Si los científicos quieren jugar como Prost están en todo su derecho, pero no a costa de la plata de los contribuyentes.
  6. En respuesta a uno de los reclamos de Gabriel: Moises Wasserman se refirió al recién nombrado director de Colciencias como “cuota política” hace pocos días en un foro (ver párrafo final). El Espectador lo reiteró en su editorial al respecto de la semana pasada. La razón es que el nuevo director anunció que condiciona la reparación de Colciencias a la reelección de Santos. Igual de pronto es un tipo idóneo (parece que no está tan mal), pero lo cierto es que Santos ha usado Colciencias como regalo político desde que se posesionó. Y en general Colciencias casi siempre ha tenido ese papel. Las pocas veces que no ha pasado, los directores de todos modos han terminado atrapados en los líos burocráticos que heredaron. En parte debido a esto la ciencia colombiana nunca ha tenido un mapa de ruta serio.
  7. La buena noticia es que, si le creemos al sondeo rápido de Germán, la necesaria transición hacia ciencia relevante para el país entre jóvenes científicos colombianos ya está dándose naturalmente.
  8. Y para los que vienen aquí con ganas de violencia (o a llamarme “fascista”), los invito a ver las mejores escenas de Bruce Lee.

Nota: A la 1:26 de la madrugada del miércoles 26 de septiembre los comentarios han sido deshabilitados. Me cansé de los juicios de carácter y las acusaciones infundadas. Si quieren, continúen la discusión en otro lado. El blog de Carolina puede ser un buen lugar.

Especulación científica

A raíz de esta iniciativa, en la columna de hoy propongo una discusión pragmática sobre la financiación pública de la investigación científica en países como Colombia. La columna cuestiona el axioma (ampliamente aceptado pese a la falta de evidencia conclusiva — las dificultades metodológicas (pdf) son inmensas, obvio) de que la investigación científica subvencionada públicamente es un prerrequisito para asegurar desarrollo económico y social. Sin una administración de recursos que evalúe seriamente la pertinencia/necesidad local de los proyectos, la financiación pública de ciencia se convierte en un chorro de fondos que beneficia sólo a los científicos que lo reciben y no tiene mayor impacto real en el país. Eso es algo que sólo se pueden permitir los países ricos, pero incluso en los países ricos son más cuidadosos y medidos en la forma como distribuyen fondos públicos para proyectos científicos. La investigación científica es importante y a veces necesita plata pública, sin duda, pero no toda investigación la merece sólo por ser “investigación”.

El bazar invisible

La ruta de la seda es un mercado abierto en línea de sustancias prohibidas y otras delicias basado en una combinación de métodos criptográficos. En la columna de hoy explico a grandes rasgos (i.e., en 1900 carácteres) cómo funciona y por qué es prácticamente imposible identificar a sus administradores, vendedores y compradores ni detectar/registrar las transacciones concretas que se realicen a través de la página. Estas propiedades lo blindan contra procesos judiciales (y de paso evidencian el absurdo de la tal guerra contra las drogas). Algunos enlaces:

  • Página de La ruta de la seda en Wikipedia. (Creo que el enlace que tienen ahí está desactualizado.)
  • La página sólo existe (y es accesible) dentro de Tor.
  • La moneda que utiliza es Bitcoin. La lentitud obligada de sus transacciones la hace ineficiente en casi cualquier otro contexto.
  • El intercambio de información sensible entre vendedores, compradores y administradores se establece bajo el protocolo criptográfico PGP.
  • Este artículo de Nicolas Christin analiza la economía anónima e invisible de La ruta de la seda utilizando la información pública que ofrece la página. Al cierre sugiere estrategias para sabotearla.
  • Página de información sobre DMT en Erowid. El DMT es un portal de acceso a la dimensión de los elfos máquina.