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Especulación científica (2): reflexiones adicionales

  1. Aunque inicialmente Andrés dijo que no tenía nada que decir al respecto de la columna, al final sí tenía. Me alegra. Sin embargo, sus críticas son mayoritariamente de forma (según él mi identidad y educación son relevantes — no estoy de acuerdo). Sólo fui capaz de detectar una al respecto del contenido de la columna. Andrés dice que mi propuesta de darle prioridad en la financiación pública a la investigación que se enfoca en resolver problemas locales “lo dejó perplejo”. En respuesta argumenta que la ciencia funciona mediante redes transnacionales, como si darle prioridad a los problemas locales propiciara el aislacionismo. No veo por qué tendría que ser así. Priorizar la atención a los problemas locales sin duda debería ser acompañado de un impulso a la colaboraciones internacionales dentro de esas líneas de interés. Como él mismo dice: “esos problemas metegeohidroeco, curiosamente, tienen soluciones que son “trans”, que transfieren y atraviesan, que arrancan aquí, van variando levemente en Venezuela, un poco más en Brasil y curiosamente llegan incluso hasta Suiza o Finlandia en algún nivel”. Totalmente de acuerdo. Con más veras habría que fortalecer los nexos. Mi reclamo no es por un nacionalismo científico (esa sugerencia de que yo pedía algo como “la verdadera ciencia venezolana” es casi insultante — por no hablar de “el arte alemán de Hitler”), sino por una política científica pública que tome en cuenta antes que nada las necesidades locales y las obvias limitaciones de presupuesto a la hora de adjudicar fondos. El comentario de Jaime expresa mi posición muy bien.
  2. Como dice Sergio, “la carga de la prueba” no me corresponde. Cuando un ateo dice que no cree en Dios, no es su responsabilidad, como asumen algunos creyentes, demostrar que Dios no existe. Mi columna pregunta por qué tenemos que darle plata pública a los científicos. Esa inversión, si entiendo bien, presupone que el país recibe algo a cambio. ¿Qué recibe? ¿Cómo se beneficia? ¿Se beneficia con cualquier inversión o sólo con algunas? No creo que esas seas preguntas inaceptables ni que superen los límites de la libertad de expresión, como sugirió un comentarista en Twitter. Me parece una pregunta importante que merece una respuesta menos emotiva. A los científicos que piden más plata les corresponde explicar por qué la necesitan y cómo beneficia al país. Mi posición, de nuevo resumiendo, es que estoy seguro de que hay frentes de investigación que definitivamente requieren inversión pública, pero no creo que todo investigador, sólo por el hecho de investigar y publicar juiciosamente, deba recibir plata del estado colombiano.
  3. Por cierto, y ya que nadie la ha señalado, una posible razón para ofrecer financiación pública a investigadores sin distingo de área es que facilita la importación o repatriación de profesores de buen nivel y esto a su vez, al menos en principio, contribuye a mejorar la calidad de la educación superior. Suena bien. Podría ser cierto. Pregunta: ¿Qué tanto impacto tendrá en la calidad de la educación? (No es claro por qué un investigador de buen nivel tiene que ser un docente de igual nivel. Conozco algunos francamente atroces y otros, como Andrés, muy buenos.) Otra: ¿La reducción de carga docente a investigadores no iría en detrimento de este beneficio? Y finalmente: ¿Es suficiente esa razón para justificar la inversión en general?
  4. Pregunta no totalmente al margen: ¿Cuántos proyectos científicos colombianos subsisten a punta de donaciones privadas?
  5. Ayer viendo el documental sobre la vida de Ayrton Senna me sorprendieron mucho las escenas de las reuniones entre pilotos y directivos caprichosos donde se decidían y modificaban regular y arbitrariamente las reglas de juego. Aunque era de esperarse, nunca había pensado en la existencia de ese aspecto del deporte. Senna, como buen joven samurai honorable, despreciaba el nivel político del deporte y recordaba con nostalgia sus años como principiante, cuando todo el mundo competía por el placer de manejar los carros lo mejor posible. En contraste, su gran rival, Alain Prost, era particularmente hábil sacando provecho de ese metajuego. Tengo la impresión de que muchas de las respuestas más dogmáticas a la columna obvian la dimensión política de la ciencia. Predomina la idea ingenua de que los científicos son un club internacional mayoritariamente compuesto por nerds amistosos, progresistas y colaboradores que trabajan por un mundo mejor y lo que los motiva es el placer por descubrir (o algo de ese estilo). La verdad es que las prioridades e intereses de la ciencia, en tanto que actividad humana, se mueven de acuerdo a caprichos, mezquindades y juegos de poderes. Esta tendencia se ha acentuado en los últimos años con las exigencias de publicación a todo costo y cada vez más plata disponible. Esta es una razón adicional para mirar con mucha atención la inversión pública en ciencia. Si los científicos quieren jugar como Prost están en todo su derecho, pero no a costa de la plata de los contribuyentes.
  6. En respuesta a uno de los reclamos de Gabriel: Moises Wasserman se refirió al recién nombrado director de Colciencias como “cuota política” hace pocos días en un foro (ver párrafo final). El Espectador lo reiteró en su editorial al respecto de la semana pasada. La razón es que el nuevo director anunció que condiciona la reparación de Colciencias a la reelección de Santos. Igual de pronto es un tipo idóneo (parece que no está tan mal), pero lo cierto es que Santos ha usado Colciencias como regalo político desde que se posesionó. Y en general Colciencias casi siempre ha tenido ese papel. Las pocas veces que no ha pasado, los directores de todos modos han terminado atrapados en los líos burocráticos que heredaron. En parte debido a esto la ciencia colombiana nunca ha tenido un mapa de ruta serio.
  7. La buena noticia es que, si le creemos al sondeo rápido de Germán, la necesaria transición hacia ciencia relevante para el país entre jóvenes científicos colombianos ya está dándose naturalmente.
  8. Y para los que vienen aquí con ganas de violencia (o a llamarme “fascista”), los invito a ver las mejores escenas de Bruce Lee.

Nota: A la 1:26 de la madrugada del miércoles 26 de septiembre los comentarios han sido deshabilitados. Me cansé de los juicios de carácter y las acusaciones infundadas. Si quieren, continúen la discusión en otro lado. El blog de Carolina puede ser un buen lugar.

The Amazing Spider-Man

En los rincones de The Amazing Spider-Man, entre escenas, en los trasfondos, se siente el fantasma de la mitología que reinicia/niega. Conversaciones que evaden las palabras correctas, arenas de lucha libre vacías, persecuciones vengadoras que fracasan, promesas de recompensa por fotografías de la amenaza que nunca son reveladas. Detalles sutiles que sugieren que la historia pudo ser (y de hecho fue) otra. Ese reconocimiento casi tranquilo de su condición de secuela ofuscada le permite ser, con acierto, melancólica y renovadora simultáneamente.

Otra decepción más

Como todos ustedes saben, yo soy un fan de los reinados de belleza. Me gusta seguirlos de cerca y enterarme de todas las cosas que ocurren durante ellos. Es uno de mis mayores hobbies. En Colombia compraba Cromos por esta época y calificaba las niñas en diferentes categorías (Cuerpo, Rostro, Inteligencia, Carisma, Estilo/Clase y Glamour) para luego poder decidir cuál era mi favorita. Todo viene de mi infancia en Lorica y el barullo que despierta en la costa todo este asunto del once de noviembre. Ahora intento hacer lo mismo en linea basándome en la versión electrónica de la revista y los informes que publica EL TIEMPO. Este año, sin embargo, EL TIEMPO no le ha dado la visibilidad que merece al evento, así que he tenido que recurrir sólo a la revista. Todo esto porque el doctor Angulo, presidente de la organización, no ha invertido un céntimo en una página de internet para que los interesados que desafortunadamente vivimos en el extranjero podamos seguir las incidencias del concurso sin la intermediación de los parcializados medios.

Este año mi candidata era la niña del Tolima —se me va el nombre ahora—, así que imaginarán mi desilusión cuando no quedó en el grupo de las diez finalistas. Una vez más, los jurados decepcionan la movilización popular que apoya las candidatas y haciéndolo van en contra del sentir del pueblo. ¿Cómo es posible que en lugar de Tolima se hayan ido por el gurrio —me perdonarán pero no encuentro otra manera de describirla— de Sucre, sin lugar a dudas el palo de la noche? Pero las desilusiones no terminan ahí. Gana Atlántico, otra Tafur nieta de turcos usureros. La misma que en tras las entrevistas con el jurado había sido descrita como «una niña de poca clase» por uno de ellos; la misma que no supo usar los tenedores apropiadamente en la cena del viernes con los edecanes; la misma que se cayó de la lancha durante la sesión de fotos del minicromos; la misma que «no habla inglés pero lo entiende»; la misma que, según los chismes de Carrusel, se emborrachó el miercoles pasado en su habitación en compañía de su prima, la huesuda Adriana Tafur. Eso es lo que más me indigna, que el animo reelectoral haya trascendido la esfera de lo político y ahora empecemos reelegir reinas. Esto, mis amigos, es nepotismo. Todo el mundo sabe muy bien —recuerden el incidente de la viciada elección de Susana Caldas o el escándalo tras la coronación de Paola Turbay— que la soberana que deja el cetro tiene influencia sobre la desición final del jurado. Es inaudito que la organización desconozca este hecho cierto y permita que una prima hermana de la actual reina nacional se presente como candidata. Mucho más siendo estas dos tan cercanas, buenas amigas y descendientes de extranjeros. Yo sé que dirán que todos lo somos, pero lo cierto es que nadie en sus cabales reconocerá que Tafur es un apellido colombiano. Yo diría que hasta dinero del narcotráfico hay ahí.

El reinado nacional de la belleza es una institución que nos pertenece a todos. Permitir que naufrague en los vicios que, tras la muerte de doña Tera de Angulo, lo han pervertido, es jugar con el sentimiento de un país, con lo que creemos y queremos, con lo que somos. Bien por traer a Juanes a la velada de coronación, un acierto. Bien por traer a Armando Manzanero, su show estuvo, me cuentan, inolvidable. Mal por las preguntas de los jurados: simplonas, sin gracia, sin picante, sin la riqueza necesaria para permitir verdadera opinión. Mal por el racismo del jurado, que deshonrosamente califica por debajo las respuestas de la niña del Chocó y su presentación en vestido de noche solo porque es negra. Mal por el premio al vestido de traje de fantasía. ¿Cuándo aprenderán a valorar la sencillez y la creatividad sobre las plumas blancas gigantes? Mal por el premio Silueta al mejor cabello para Valle, esos flecos no lo merecían. Mal por permitir que Dúrex patrocinara una de las vallas durante el desfile en traje de baño, apoyar el uso del preservativo va en contra del espíritu del concurso y de los colombianos, pervierte. Mal por el accidente ocurrido durante la tradicional batalla de flores. La muerte de Jaime Emilio Marín, el joven paisa asesinado durante los disturbios, debe ser aclarada, así como la participación en la misma del chofer de la carroza donde iba la reina de Meta. Mal por los comentarios de Pilar Castaño, Jairo Alonso y Jorge Alfredo Vargas. No hacen un buen trio, se notó la lucha por el protagonismo frente a las cámaras. Además, los tics de la Castaño son cada día más visibles y la voz de Jairo Alonso ha perdido su otrora característica potencia. Mal por la elección de Miguel “La jirafa” Varoni y Paola “Voz de pito” Turbay como maestros de ceremonias. Mal por el show de Andrés López en el intermedio. De muy mal gusto, desentona con la categoría del evento. Mal por el traje que lucía el doctor Angulo, cómo le hace de falta su señora madre para plancharle las cosas.

Esperemos que la nueva soberana tenga una mejor presentación en Miss Universo que su prima, cuya actuación dejó mucho que desear. A Adriana le deseamos buena suerte, ojalá y se reponga de su reconocida afición a las drogas y cumpla su sueño de ser comentarista de farándula en televisión. En el minicromos demostró que tiene madera… pero de balso.