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Medias

Compré medias el fin de semana y me han parecido muy buenas. Tenía muchas medias rotas y eso me estaba amargando la vida más de la cuenta. No llevo bien las medias rotas aunque sé que una media rota cada tanto nunca dirá nada malo de mí. Como sea compré tres pares de medias caras. Son tan caras que tienen L y R para indicar el lado en el que deben ponerse. Ayer me las puse al contrario para evaluar cómo afectaba la experiencia y debo confesar que no sentí ninguna diferencia: al derecho o al revés son igualmente deliciosas. Tal vez mis pies, malacostumbrados a medias de baja estofa, ya son muy toscos para distinguir el valor de la sutil asimetría. Prefiero reservarme la marca de estas medias prodigiosas para mantener cierto nivel de exclusividad sobre ellas pues es bien sabido que cuando las cosas se popularizan pierden casi de inmediato calidad, estilo y horma. Si algún día me ven sonreír, lo más seguro es que las lleve puestas.

Brilliant

Compré mi ejemplar de Libra, de Don DeLillo, en una venta de libros donados a caridad en el parque. Me costó un dólar. Es la primera edición en pasta dura de 1988. En la página del título hay una dedicatoria escrita a lápiz en mayúsculas sostenidas:

Dear Father,

This book is brilliant. It makes the greater part of the rest of the “JFK” stuff look like the sensational junk it is. Hope you like it as much as I do.

Love Rob
Christmas 1992

Sábado

Compramos velas con olor a toronja en la ferretería, también trampas para hormigas. La temperatura afuera volvió a bajar. Mónica decidió salir a trotar hoy muy temprano. Yo me desperté cuando ya había regresado. Gonta me levantó con emboscada en los pies. Ahora ambos gatos duermen y yo tomo batido de mango con yogurt. Creo que más tarde iremos a cine. Ayer en el tren leí este ensayo de Sergio de la Pava sobre literatura y boxeo como metáforas complementarias de la vida como lucha. Inevitablemente pensé en la última vez que vi a Mauricio en la sala de cuidados intensivos. Ya estaba muy mal pero se suponía que había esperanza. La enfermera me dijo que lo tocara si quería pero no fui capaz. Apenas le pasé la mano por el brazo y luego salí corriendo a buscar a Mónica para que nos salvara.