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consciencia

Ruidos

Los ruidos que usted (usted) oye en el patio a esta hora o a cualquier otra hora pero especialmente a esta hora (y no solo en el patio ni hace como una hora) son el último (siempre último) recurso de la realidad para establecer una conexión sustanciosa y duradera con su consciencia (que es la consciencia de todos, o sea de nadie). Aunque mensaje, los ruidos no tienen significado para una estructura cognitiva limitada como la suya. De hecho, la realidad aprovecha esta imposibilidad esencial para acceder de forma directa a centros de proceso primitivos en su cerebro a cargo del (des)control de sentimientos y son esos sentimientos (de confusión, curiosidad, miedo, desolación, gozo, vértigo) y su imprecisión lo más parecido a una interpretación del código una vez es asimilado fisiológicamente. En breve, los ruidos dicen, reiteran y refrendan la impermanencia intrascendencia como condición fundamental para existir.

8

Laia cumplió diecinueve meses hoy. Está muy activa y comunicativa, al borde de empezar a decir frases. Es una escaladora de muebles bastante temeraria. Tiene alma de gato.

Hoy en la piscina arrancó a llorar de repente y no entendíamos por qué. Estaba muy afectada. Pronto descubrimos cuál era la fuente del llanto: otra de las visitantes regulares de la piscina, una niña un poco menor que ella con la que a veces jugamos, tenía una herida en la frente por una mesa mal acomodada en su casa. Ya estaba curada pero la herida era vistosa y grande y cada vez que Laia la veía, la señalaba y lloraba. No se atrevió a acercarse. Le daba miedo o algo así. Me sorprendió mucho su reacción.

escaladora

Reflejos

Laia se emociona ante el espejo. Me mira, mira mi reflejo y me vuelve a mirar. La confunde. Luego mira su reflejo y lo saluda con la mano. El reflejo responde. Ayer le mostré su foto sonriente en el computador. Reaccionó igual.

Why We Fight

El centro argumental de Why We Fight es el “complejo industrial y militar“, un término acuñado por Eisenhower para describir el aparato militar norteamericano acumulado durante la segunda guerra mundial y el inicio de la guerra fría. En su discurso de cierre de mandato, Eisenhower advirtió sobre los riesgos inherentes en sostener una estructura militar con potencial imperial (aparentemente George Washington también había señalado esos mismos riesgos muchos años antes). El documental hace énfasis en la interdependencia actual entre esta estructura militar y el poder político basado en Washington. En particular, ilustra cómo el sostenimiento del “complejo industrial y militar” se ha convertido en una de las principales motivaciones políticas para involucrar a Estados Unidos en guerras fuera de sus fronteras: (siendo burdos,) Estados Unidos va a la guerra porque su poder económico exige al poder político gasto militar, incluso al costo de mentir y desinformar a los ciudadanos que financian al estado con sus impuestos (y luego mandan a sus hijos como voluntarios a matar y matarse).

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Esto viene de otro discurso de Eisenhower que también es mencionado en el documental:

Every gun that is made, every warship launched, every rocket fired signifies, in the final sense, a theft from those who hunger and are not fed, those who are cold and are not clothed.

This world in arms is not spending money alone.

It is spending the sweat of its laborers, the genius of its scientists, the hopes of its children.

The cost of one modern heavy bomber is this: a modern brick school in more than 30 cities.

It is two electric power plants, each serving a town of 60,000 population. It is two fine, fully equipped hospitals.

It is some fifty miles of concrete pavement.

We pay for a single fighter plane with a half million bushels of wheat.

We pay for a single destroyer with new homes that could have housed more than 8,000 people.

This is, I repeat, the best way of life to be found on the road the world has been taking.

Pagaría actualizar esos números con los precios de hoy.

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Tal vez es posible ver Why We Fight como un ejercicio de psicoanálisis colectivo dentro del cual el “complejo industrial y militar” establecido y temido por Eisenhower surge como el diagnóstico obvio (¡y anticipado!) para explicar parte del comportamiento de Estados Unidos durante los últimos cincuenta años, con el debate político público como una forma de consciencia del individuo-nación (¿y el secretismo gubernamental como su subconsciente?). No sé si esto tenga mucho sentido (probablemente no) pero la analogía (producto, claro, de la acepción psicológica de “complejo”) me gusta. El documental, desde esta perspectiva, intenta desenmascarar las contradicciones y negaciones que el individuo-nación (representado por personajes a diferentes niveles del aparato de poder) sostiene para justificar entre otros su narcisismo, sus inseguridades y su forma de relacionarse con los demás.

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Of all the enemies to public liberty war is, perhaps, the most to be dreaded because it comprises and develops the germ of every other. War is the parent of armies; from these proceed debts and taxes. And armies, and debts, and taxes are the known instruments for bringing the many under the domination of the few. In war, too, the discretionary power of the Executive is extended. Its influence in dealing out offices, honors, and emoluments is multiplied; and all the means of seducing the minds, are added to those of subduing the force of the people. The same malignant aspect in republicanism may be traced in the inequality of fortunes, and the opportunities of fraud, growing out of a state of war…and in the degeneracy of manners and morals, engendered by both. No nation could preserve its freedom in the midst of continual warfare.

—James Madison, 1795

Percepción

¿Cómo se llamará ese fenómeno que hace que ante una combinación de ruidos recurrentes pero no necesariamente concertados distingamos, casi de inmediato, una especie de ritmo unificador? ¿Pasará lo mismo con los estímulos visuales? ¿Cuánto de lo que pensamos que vemos o sentimos será organización creativa interna de información en principio disconexa (o incluso inconsistente)? ¿Y si la realidad es una alucinación colectiva controlada por rangos de tolerancia del cerebro para otorgar sentido a un flujo insuficiente de estímulos? ¿Qué está realmente allá afuera? ¿Qué ve Laia cuando me mira?

Core Dump

There before him, a glittering toy no Star-Child could resist, floated the planet Earth with all its peoples.” (Satélite de destrucción masiva)

Estoy sentado sin camisa en el sofá negro. Tengo treinta y cinco años y veintiún días. A partir de cierto punto de la vida se inicia la cuenta regresiva. Desde el balcón veo Marte, Júpiter y Venus. Cuando era niño quería irme de este planeta y vivir en el espacio. En el espacio había robots, tranquilidad y soledad. El sofá negro no es una nave espacial ni una máquina del tiempo. Mi cuerpo no es una nave espacial. Cuando era niño había armarios que eran máquinas del tiempo. Vivimos en una ciudad que está situada fuera del tiempo. Mi apartamento es una estación suborbital en caída permanente. No hay viento en el vacío. Me comunico con los hombres a través de transcripciones digitalizadas de mi consciencia. (Pero no hay respuesta.) El dispositivo antigravitacional facilita la vida de los gatos así como su alimentación. Mi contacto con seres humanos es limitado y estrictamente controlado para prevenir contaminación. El gato negro flota profundo en la recámara exterior. Comimos hamburguesa en el bar de la esquina. La mesera tenía pelo negro, ojos verdes y labios rojos dispuestos en una cabeza ovalada sobre un vestido con patrones azules. Se llamaba Pam. Número catorce en la nómina del bar. Es casi real. Huele al perfume de una compañera de universidad. Nunca sirven mayonesa en el bar. Siempre debo pedírsela a quien atiende, lo que es incómodo, pero en el caso de Pam no me molesta en absoluto. Quisiera decirle a Pam que se siente con nosotros y nos cuente quién es y por qué está aquí un viernes por la noche trabajando en este bar de viejos. En la calle hay perros amarrados que esperan a sus amos frente al supermercado desde hace varios días. Tienen hambre y sed. El televisor del bar es seis veces más grande que el nuestro pero proyecta la misma nada. Los jugadores de baloncesto universitario son muy jóvenes para estar muertos. Extraño conversar con entidades orgánicas. No entiendo qué tiene de malo masturbarse en público. Es lo que hacen todos. Afuera están los osos, migran en bandadas hacia el norte. Como ellos, prefiero el invierno. Se parece más a mí.

Martes (Música erótica para robots)

El robot muere aunque nunca haya estado vivo. El robot piensa (?) que la muerte es un estado de consciencia nulo donde El Procesador desactiva sus funciones complejas y sólo responde a necesidades puntuales de abastecimiento y mantenimiento de tejidos. En realidad es más complejo. En su cubículo de reposo, donde el robot muere a intervalos regulares, el robot debe elegir uno entre millones de posibles paquetes de estímulo sensorial que permitan que, según dice el protocolo abierto de ejecución existencial, su tránsito hacia el Más Allá no perturbe sus Configuraciones Esenciales. El robot está dotado con diecisiete órganos sensoriales estándar más doce o trece de carácter experimental sólo disponibles en modelos de su clase y timestamp. Los paquetes de estímulo sensorial más comunes requieren el uso de al menos veintitrés canales de acceso. La combinación de señales que bombardean los canales de acceso sensorial del robot constituyen un mensaje improcesable por su Centro del Lenguaje (y por tanto invisible a la Consciencia Activa del robot) pero detectable por parte de su Centro de Comando Pasivo (CCP), que por medio de rutinas de uso restringido lo desencripta y retransmite internamente a unidades puntuales de experiencia por fuera del alcance consciente del Procesador Principal. A nivel perceptual, el robot experimenta placer. Placer infinito en grado y extensión, inimaginable dentro del rango de parámetros de recompensa autorizados, que sobresatura su sistema. Música erótica para robots. Música robótica para erots. Una vez ahí, el paquete de estímulo libera instrucciones subrepticias al Procesador Principal que actualizan y reinician su sentido de identidad de manera aleatoria, impidiendo así el establecimiento de un estado individual robusto que ponga en riesgo su docilidad, su sentido de lealtad al Organismo, su sumisión a La Tarea. Entonces, y sólo entonces, el robot muere. Trecientos sesenta ciclos más tarde, cuando los procesos de compilación y enlace han concluído, el robot recobra su consciencia y con ella el deseo intenso de servir.

Domingo y lunes

Día de cambio de hora. Ahora amanece más tarde. Desayunamos en Family Circle, un típico desayunadero canadiense con perversiones griegas debidas a la proveniencia de sus propietarios. Me comí una omelete con verduras y souvlaki. Estaba bien pero prefiero mis huevos benedictos. Luego de que Jana, Clif y Lorelei se fueron para Hamilton, Mónica salió a trabajar. Yo estuve toda la tarde dedicado a la preparación de mi charla. Me acosté a la una y me levanté a las seis. Estoy en el tren ahora, acabo de revisar la presentación y luce bien. Llena de imprecisiones con propósito didáctico, pero bien. Por la noche comimos pollo korma y pakoras. Durante el desayuno en Family Circle hablamos de los primeros recuerdos. Lorelei podría tener su primer recuerdo, su primera noción permanente de identidad, en cualquier momento. Debería existir una teoría psicoanalítica que asociara primeros recuerdos con rasgos de personalidad. El primer recuerdo de Jana es alrededor de los nueve meses. El hermano, creo, hacía algo en el patio y Jana intentaba imitarlo pero no podía: el hermano le decía que lo estaba haciendo mal. Clif, por su parte, recuerda el día que descubrió que, agarrándose de una manta que cubría el sofá, podía pararse y dar pequeños pasos. Yo recuerdo la caída de un televisor y la consciencia terrible de que era mi culpa (aunque no era mi culpa). Mónica recuerda que estaba en el Huila y alguien le decía que las hojas de un árbol, si se dejaban al sol, se convertían en sapos, entonces ella recolectaba algunas hojas, las ponía en la terraza de la casa y se sentaba a esperar.