Con Alejandro Peláez nos obsesionamos desde el viernes con la historia de Raúl Cuero y durante el fin de semana recopilamos información sobre la forma como funcionaban los tales “Parques de la Creatividad” que tanto promueve y a los cuales decidió dedicar su vida tras renunciar a la universidad gringa donde trabajaba. Lo que encontramos no es edificante. En este artículo intenté hacer un reporte calmado de nuestros hallazgos.

Lo que nuestro artículo sugiere es que Cuero ha abusado de su prestigio inflado para vender unos productos difusos (si no totalmente vacíos) que están más cerca del discurso motivacional que del desarrollo científico. Uno de los blancos de Cuero y sus socios son los fondos disponibles en alcaldías y gobernaciones para ciencia y tecnología. Dado a que los contratos con esas entidades son públicos y disponibles en línea, nos enfocamos en ellos. Tenemos indicios de que Cuero también ha celebrado contratos con varias empresas privadas como la fundación Luker, Alianza Team, Pacific Rubiales y otras. Asímismo ha ofrecido sus servicios a empresas de acueducto y a Ecopetrol. La mayoría de estas empresas inician gustosas colaboraciones de investigación y desarrollo con los “Parques” pero después de un tiempo (y tal vez bastante plata invertida) se disuelven con apenas resultados exiguos. Mi sospecha es que Cuero promete mucho más de lo que puede ofrecer considerando sus propias capacidades (las corroborables) y el hecho de que la mayoría de sus “empleados” son estudiantes de colegio voluntarios a quienes guía a distancia. Igual él no pierde nada y sigue como un picaflor de ciudad en ciudad prometiendo traer “la ciencia” y la “innovación creativa”.

Mi impresión es que apenas raspamos superficialmente las actividades de Cuero. Si lo que encontramos ya es preocupante no me imagino qué pueda aparecer si se excava más profundo.

Una posible conclusión lateral es que los científicos colombianos deberían divulgar activamente su trabajo (algo que he dicho en otras ocasiones) ya sea recurriendo a medios establecidos o creando medios propios (o eventos). Si la gente estuviera más enterada de cómo funciona la ciencia, qué hace y cuáles son sus alcances y limitaciones no caería tan fácil en engaños como los de Cuero y compañía. Con frecuencia se dice que no hay incentivos para que los científicos divulguen su trabajo, pero sí que los hay: promover su trabajo como comunidad permite asegurar fondos perdurables, previene que los fondos para ciencia se desvíen a proyectos dudosos e incentiva la educación en ciencias. Es algo en lo que vale la pena pensar. De paso, si quieren que el periodismo nacional aprenda a hablar de ciencia y a distinguir a alguien serio del charlatán ocasional la mejor estrategia sería hablar con periodistas, mostrarles su trabajo, reportarles sus avances, etcétera. No serán muchos, pero creo que hay medios, como El Espectador, que tienen la disposición para reportar ciencia si los mantienen al tanto.