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Tengo la impresión de que desde hace un tiempo las posibilidades de maniobrar el curso de la vida se han reducido, como si las variables que determinan la solución ya hubieran sido establecidas y a partir de ese momento todo prosiguiera en piloto automático sin posibilidad alguna de intervención. En parte por eso las aspiraciones propias pierden sentido más allá de mantenerse vivo y en buen estado unos años para poder ver a la hija crecer y despegar.

La voz de la colmena

En la columna de hoy hablo de la tendencia reciente a creer que hay conocimiento en el ruido que generamos en redes sociales. Sin duda hay algo de cierto ahí (Twitter es un focus groups casi idílico) pero tal vez no es tanto como queremos creer. Y, más importante, la información disponible en esas bases de datos depende seriamente de las dinámicas de uso de las diferentes redes sociales, que son determinadas por sus modelos de negocio y las jerarquías que establecen. Las redes sociales, en esto hay que insistir muchísimo, no son herramientas neutras.

Para complementar la columna, como siempre, algunos enlaces:

Quién manda a quién

La columna de hoy trata sobre la transformación del computador en una máquina de entretenimiento con capacidades limitadas para ser programada por su usuario. Esta transformación está convirtiendo a los usuarios en espectadores. Aunque todavía es posible instalar compiladores e intérpretes de lenguajes de programación en los computadores actuales, esta posibilidad no es promovida por sus productores ni impulsada por establecimiento educativo. En un sistema económico consumido por el software semejante tendencia debería ser por lo menos cuestionable. Pero incluso sin entrar en discusiones económicas, dada la ubicuidad de los computadores y la digitalización progresiva de buena parte de las actividades humanas, la capacidad para programar ofrece a los usuarios una relación menos pasiva con las máquinas que administran sus vidas. Al final es un problema casi político: estamos permitiendo, por pura ignorancia, que los computadores personales se conviertan en otro medio de opresión y control.

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Aquí veintisiete formas de aprender a programar en línea todas muy razonables (Codeacademy tiene hasta versión en español (dudoso, eso sí)). De paso recomiendo este manual de programación para Processing. Está muy bien escrito. También está este video log cheverísimo de desarrolo de una aplicación animada en Javascript.

David versus David

Hablaba con Mauricio alguna vez de David Mitchell en contraposición a David Wallace. No recuerdo bien los términos de la conversación pero creo que lo que decía era que de alguna manera aunque los talentos de Mitchell y Wallace son complementarios (la de Mitchell es una literatura de historias mientras que la de Wallace es una literatura de _________________ (¿derrumbes e introspecciones? ¿filosofías? ¿psicologías?)) lo que hace Mitchell es mucho más atractivo para mí. Su atractivo radica, creo, en la capacidad de Mitchell para tejer la ficción en estructuras cuidadosas y su habilidad sobrehumana para adaptar su prosa a las exigencias de las historias que cuenta. [Polos en el espectro visible-invisible.] Mientras Wallace es un esclavo de su prosa neurótica-aforística (enmarcada dentro de su compulsión gramática), Mitchell es un camaleón verbal en constante control del flujo de palabras (un creador de voces). Tal vez Wallace puede escribir sobre lo que quiera, pero Mitchell puede escribir lo que quiera con una naturalidad pasmosa. En Mitchell, además, las tramas no son una excusa (para teorizar/pontificar) sino el objetivo primordial de la escritura. Como en los bestsellers, pero mejor hecho y con más respeto.

(En español esta diferencia la ejemplificarían bien Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Aunque Marías es más controlado que Wallace y Mitchell rotundamente más versátil (e imaginativo) que Pérez-Reverte. Paradójicamente, entre esos dos prefiero de lejos a Marías.)

Aquí es mejor

En Reality is Broken su autora dice que las personas se vuelcan cada vez con más frecuencia en juegos de video porque la realidad se quedó corta como fuente de emociones. El mundo sobre-estimulado ya no puede tolerar la frustración y la monotonía de la cotidianidad moderna. Su propuesta, descrita en el libro, consiste en ludificar la realidad para que ofrezca los retos, recompensas y satisfacciones que los juegos de video son tan efectivos en proporcionar. Suena bien. La idea es repensar cada actividad humana como un juego y luego sobreponer un sistema de reglas, misiones y puntos (mediado por aparatos electrónicos muy probablemente interconectados) que controlen su realización y registren el progreso de sus participantes. Las llamadas redes sociales son un ejemplo no totalmente intencional de esta estrategia. La actividad que pretenden enriquecer/reemplazar es la socialización misma. A cambio de atención y alimentación del flujo informativo, ofrecen vínculos, interacción y retroalimentación inmediatas. Con muy poco esfuerzo mitigan la (temible) soledad. Mi sensación, sin embargo, es que este esfuerzo no es opcional cuando se trata de crear vínculos perdurables con otras personas. No es algo que se pueda de verdad obviar y sustituir con sobre-conexión intensa. Sin duda las redes son útiles para sostener/crear algunas conversaciones y algunos tipos de relaciones, pero debido a las restricciones que sus administradores imponen para incentivar su uso (al fin y al cabo antes que nada son negocios) generan una suerte de minimalismo social basado en la urgencia (de saber, de tener, de recibir, de decir, de estar y ser). Esto sin duda determina la calidad y el carácter de las relaciones que generan. Las redes sociales no son herramientas neutras. Sus diseños están basados en ideas concretas del funcionamiento de la sociedad. Personalmente prefiero las viejas herramientas descentralizadas (como los blogs o el email) que no limitan mi control de la información que intercambio a través de ellas ni me imponen condiciones de acceso reducidas. Hay un precio a pagar (en audiencia o disponibilidad, por ejemplo), pero me siento más cómodo y tranquilo aquí.

Algunas palabras de nuestros patrocinadores

Hecho: El propósito último de las redes sociales centralizadas es controlar la atención de sus usuarios y, a mediano plazo, capitalizarla. Cualquier estrategia para amplificar este efecto será considerada. Problema evidente: Dirigir la atención de una audiencia es el primer paso para manipularla. Relacionado: El sobreflujo de información es un medio propicio de cultivo y dispersión de desinformación.

Servir al servidor

La hiperconexión informativa que generan las llamadas redes sociales reduce el riesgo de subversión y facilita la uniformización de la masa. El control de la atención (por saturación) es un método eficiente de opresión pasiva porque puede ser presentado como un servicio que el usuario adquiere voluntariamente (aunque en la práctica el adquirido/asimilado sea el llamado usuario, que provee un servicio gratuito y cede la propiedad y control de sus contribuciones a la empresa administradora de la red). Cada vez con más frecuencia la inactividad en estos servicios se equipara a la inexistencia. A cambio de muy poco (¿entretenimiento? ¿socialización ligera? ) estamos sucumbiendo a participar con sumisión en las dinámicas sociales impuestas (aquí un ejemplo) por sistemas comerciales centralizados (y cerrados) de recaudo y venta de (nuestra) información y atención.

Todos al ritmo del funk

[Flash 9 is required to listen to audio.]

Con las manos

Durante sus primeros años Internet se hacía con las manos. El código estaba en la superficie, dispuesto a ser modificado y abusado. Con el paso del tiempo la distancia entre el código y el contenido ha aumentado, al tiempo que se ha reducido el control de los usuarios sobre su presencia en la red. De un esquema altamente anárquico donde cada habitante tenía una parcela propia que podía estructurar y administrar a sus anchas hemos pasado a un modelo centralizado donde asuntos como la presentación y en ocasiones la esencia misma del contenido están fuera de nuestro alcance.

Las casas del futuro. “What does a woman do all day?”

Quienes defienden este proceso y lo describen como progreso hablan de una red más pulcra, con varias capas de administración profesionalizadas que supuestamente garantizan que la navegación (o lo que queda de ella) sea más agradable y efectiva. También dicen que esto facilita la adopción de la tecnología y su consecuente popularización al reducir los requisitos técnicos para usarla.

Tengo la impresión, sin embargo, de que esta falta de control local de los espacios personales en línea reduce el sentido de propiedad de la red en general. En cuestión de diez años y sin mayor resistencia de nuestra parte hemos pasado de una red de pequeños espacios (relativamente) autónomos a una red de empresas que imponen las maneras de estar presente e interactuar.

Imaginen que en treinta años todos viviéramos en casas alquiladas a una de cuatro empresas posibles que exigen en el contrato que ningún aspecto de las propiedades (incluyendo el mobiliario, los colores, el uso de espacios, etc.) sea drásticamente modificado so pena de expulsión (argumentan optimización). A cambio, ellos adquieren el derecho de registrar nuestra intimidad con cámaras, eso sí asegurándonos que ninguna persona real mira esas imágenes sino que todas son analizadas por computadores que refinan nuestro perfil de consumo para garantizarnos mejor publicidad en los cuadros que hay en las paredes. Imaginen que hubiéramos permitido que nos hicieran eso. ¿Será que seguiríamos sintiendo que esas casas son nuestras? ¿Qué es exactamente lo que nos conceden esas empresas a cambio de todo lo que entregamos? ¿Quién es dueño de qué?

Por otro lado, con respecto a la ampliación de acceso, tengo la duda de si la aparente reducción de requisitos técnicos no es simplemente una reducción de las posibilidades de uso de la red. Como si Lego dejara de vender modelos para armar, empezara a vender juguetes prearmados con las fichas soldadas y se justificara diciendo que lo hacen para que los niños que no pueden armar los modelos también puedan disfrutar de sus productos. Es claro que no sería el mismo juguete y me atrevería a decir que es uno cualitativamente peor. Me temo que algo similar pasa hoy con Internet.

Juguetes
Todo tiempo pasado fue mejor, especialmente en lo que concierne a los juguetes.

Alternet

Dos empresas pretenden redefinir lo que constituye internet. La primera centra su poder en un motor de búsqueda que decide casi que por sí mismo, ahora que los enlaces han muerto, cuál es la subred de sitios relevantes o incluso válidos. El certificado de esta relevancia o validez se autorrefuerza mediante la dependencia al uso de la herramienta, que recientemente promueven a través de la integración forzada de sus servicios. La segunda basa su estrategia en el establecimiento de una plataforma de interacción social cuidadosamente modulada que poco a poco aglutina toda la actividad en línea de sus usuarios en páginas normatizadas, uniformizadas y comercializadas con contenido ultrarregulado. Ambas empresas aspiran no a dominar la red sino a convertirse en la red. Sitios como este blog serán pronto un anacronismo de la época extraña en los inicios del todo cuando las personas todavía tenían algún nivel de control de su identidad y actividad en línea.

Martes (Hay que luchar por el control)

El paquete de cable básico tiene un canal de acuario en alta definición que parece real, con bailarinas y esos bagres en miniatura que limpian el vidrio. También tiene un canal del atardecer eterno (con un bucle insultante de menos de treinta segundos pero no lo suficientemente insultante para no verlo ayer por cerca de una hora) y otro de la vista desde el balcón de la cabaña hacia el lago (cuya periodicidad es menos obvia pero también frecuente). No tenemos el canal chimenea, para ese hay que pagar. Estos canales son incluídos en el paquete básico como canales de control dentro de estudios de medición de audiencia, todo el mundo lo sabe. La popularidad de los canales de control, sin embargo, ha aumentado ostensiblemente en los últimos años debido a la costumbre cada vez más común (e impulsada por las autoridades al elegir a la televisión como el medio de alerta temprana por excelencia) de nunca apagar el televisor bajo ninguna circunstancia. En cuanto a contenido, estos canales son evidentemente superiores a casi cualquier cosa disponible a las tres y media de la mañana (o incluso a medio día). También son perfectos para acompañar reuniones sociales y horas de falsa desconexión. Esto, sin embargo, impide tomarlos en serio como individuos control dentro de los (demoniacos) estudios estadísticos que sirven de base para el desarrollo de estrategias de mercadeo y manipulación que mejoren los índices de audiencia de los canales comerciales. Desde hace varios años se discute en agencias y universidades cuál debería ser la esencia del canal control. Qué debería ofrecer. Cuál debería ser su medida de audiencia con respecto a las demás. Qué debería decirnos sobre la audiencia y sus intereses. Piénselo: el canal control debería ser suficientemente atractivo como para capturar audiencias desprevenidas pero no debería motivar de manera alguna su sintonización ulterior. Una escuela que gana fuerza en la teoría del mercadoanálisis audiovisual teletransmitido dice que todo canal control deja de servir a su propósito al cabo de un par de meses. Varios estudios al respecto parecerían comprobarlo. La hipótesis principal para explicar este fenómeno sugiere que hemos llegado a cierta etapa de desarrollo cultural global donde un producto televisivo, no importa su naturaleza, no necesita ofrecer mayor estímulo para sostener por tiempo indefinido a una audiencia fiel. La quietud del ruido blanco es suficiente. Como resultado, algunas compañías contemplan la posibilidad de ampliar su densidad publicitaria de manera progresiva durante los próximos seis años.