Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

conversaciones

Religiosos

Oí una conversación en el tranvía entre un hombre y una mujer. Él iba sentado y ella de pie. Hablaban, inicialmente, del sentido de comunidad de Leslieville, el barrio donde vivo, en contraste con los suburbios y algunos barrios más populares del occidente de la ciudad. La mujer le contó que aunque no vivía en el barrio venía a la iglesia los jueves por la noche porque le gustaba el ambiente y servía de voluntaria en algunos servicios para jóvenes. El hombre que cómo se distinguía de los anglicanos o los católicos. Ella le enumeró algunas diferencias, más que nada en los formalismos de los ritos y la actitud, más abierta de lo habitual. El hombre le explicó que aunque era musulmán ocasionalmente iba a iglesias cristianas a rezar e incluso asistía a misa porque al fin y al cabo era siempre el mismo dios. Lo sorprendían y al tiempo agradaban las diferencias entre los diversos sabores del cristianismo. Ella lo invitó a asistir algún día a su iglesia. Él prometió que lo consideraría y le pidió de nuevo la dirección. En ese punto llegué a mi paradero.

6

Hoy en el parque terminé hablando con una mamá sobre Mauricio y su muerte. A veces se me sale aunque sé que incomoda.

A la gente no le gusta oír que los niños se mueren. Supongo que a mí tampoco me gusta recordarlo.

“Lo siento mucho”, me dijo. “No se preocupe, es algo que pasa, parte de la vida”, le respondí.

De regreso a la casa paramos en la cafetería y me tomé un café con leche mientras Laia se comía una galleta y un vaso de leche. Sentado en la mesa frente a ella (secuestros masivos de niñas en la portada del periódico) pensaba que por varios años lo que le pasó a Mauricio no era sólo algo que había pasado sino que era el presente, no se iba. No sé cuándo se volvió “algo que pasa”. Se siente menos pesado, eso sé. Presente pero no el presente. Casi que podría ser algo que le pasó a alguien más.

25

Hoy en la cafetería oí a un señor decirle a una señora la cita de clubes de Groucho Marx. La señora respondió con sorpresa y agrado “¿De verdad dijo eso?”. El señor asintió sobrado, con cara de conocedor culto. Nunca imaginé que alguien podría salirse con la suya soltando semejante frase tan trillada. Ingenuo, pensaba que esa frase sólo se podía citar irónicamente.

26

Estuve leyendo las primeras cartas de Memoria por correspondencia de Emma Reyes y creo que lo que más me ha sorprendido por lo pronto, más que nada porque jamás se me había pasado por la cabeza, es que hace unos cuarenta años las personas se escribieran cartas tan largas y completamente libres en cuanto a temática y énfasis. Cartas, por ejemplo, sobre una infancia lejana. Las cartas eran un artilugio de comunicación extraño que para ese momento no tenía la capacidad de competir con otros medios en cuanto a urgencia, así que es natural que se dedicara a conversaciones pausadas e íntimas cuyo único propósito era sostener relaciones personales en el tiempo pese a las distancias todavía brutales. Entre los matemáticos hasta hace muy poco, unos veintitantos años, todavía era bastante común la colaboración entre colegas por carta, cuyo ritmo se acomoda muy bien al modo de trabajo pausado que la matemática medio exige (los períodos de digestión y apropiación de nuevas ideas son prolongados). No me acuerdo dónde vi la forma como las cartas de Littlewood y Hardy van perdiendo progresivamente encabezados y cualquier tipo de formalismo epistolar hasta que finalmente se vuelven intervenciones sin preámbulos dedicadas enteramente a la matemática que intentaban desarrollar. Un detalle simpático es que las escribían aunque trabajaban en el mismo edificio y se encontraban casi a diario. En una de esas cartas, en medio de los cálculos, uno le cuenta al otro (no recuerdo quién a quién) que Ramanujan murió. En la respuesta el otro hace un comentario muy breve al respecto y continúa con los cálculos.

Hablar

Pecas me preguntó hace unos días por qué escribo acá. Hace unos años mi excusa era la distancia. Supongo que la distancia sigue siendo un factor pero no tanto como antes porque mi vida está más acá que en cualquier otra parte. El registro ocasional de lo que siento/pienso, ideas sueltas asentadas sobre el peso del texto, parece acomodarse mejor, pero es insuficiente: siempre podría hacerlo en privado. La duda grande es por qué hacer todo esto en público. Y no sé. Tal vez preservo la esperanza de que las conversaciones vuelvan a los blogs. En el juego de roles de las “redes sociales” nunca he sentido que se pueda hablar de verdad.

Niño o niña

Un bebé es tomado por niño a menos que lleve una prenda o un accesorio que explícitamente demuestre que es niña. Los colores para niña son dos a lo más. Una niña debe cubrir su torso en la piscina. Las niñas deben ser decoradas. Llamar niña a un niño puede ser tomado como una ofensa pues implica dudar de su (incipiente) virilidad. Llamar niño a una niña es usualmente tolerable pues la femineidad no es un valor en sí mismo. El protocolo sugiere pedir disculpas en caso de confusión. El sexo de un bebé debe ser, en lo posible, detectable a simple vista.

Un día en la vida de una niña de 1952. (Aquí está la versión para niños.)

Lostalgia

El último proyecto de Santiago Ortiz es Lostalgic, una visualización del guión de Lost utilizando la información disponible en Lostpedia. En Creative Applications lo entrevistan al respecto:

I believe books, movies and in general stories could be visualized in ways persons not only will learn about the contents, the context and the structure of the narrative but will actually read in a different ways the story, or, if you want, will read another story out of the atoms and molecules of the allegedly analyzed one (and I use the word ‘read’ in the most wide hermeneutical possible sense). These aren’t new ideas at all, for many that’s exactly what literature and art criticism should do: build new meaning out of the previously existing one. When it comes to create interactive visualization, or, in general, interactive creation based on pre-existent narrative material, I think there are multiple unexplored ways to create new meaning, new stories… or to re-tell the same story (which is as impossible as to take a bath twice in the same river, as Borges perfectly explained in his Pierre Menard, Author of Quixote story). ‘Re-telling’ has been explored in digital arts but not so much in visualization.

Diagnóstico

— Racionalmente lo que dice es claro. Pero la conclusión me inquieta porque parecería sugerir que usted
— Creo que subestima mi capacidad para adoptar una posición objetiva pese a mis circunstancias particulares, que por lo demás no son de su
— No sé cómo podría obviarla. Si yo fuera usted
— No lo es.
— Pero si lo fuera
— No sé qué sentido tenga adoptar esa suposición cuando es evidente que es irrealizable en este momento. Preferiría que se concentrara en
— Como le dije, creo que entiendo la lógica de su argumento pero no confío en sus postulados. Siento que ignoran la dimensión moral del dilema.
— Podría decirse que mi punto es ese.
— Explíquese.
— Desde la empatía de primer orden la disyuntiva es irresoluble.
— Pero en la practica es inevitable sentir al menos un dejo de
— ¿Lo es?
— No sé, siento que
— Lo que usted sienta está fuera de esta discusión. Recuerde las directivas. Recuerde la
— Las recuerdo y aplico, pero no puedo dejar de pensar que el compromiso ético es inevitable.
— Entiendo ese compromiso como debilidad técnica.
— Quiero decir, hay vidas de personas comprometidas, ¿cómo ignorar
— La muerte de otros individuos es un proceso natural (de limpieza, de reorganización, de ascenso) que la cultura ha transformado en aberración existencial. El supuesto valor de la vida es una falacia que proviene de la misma tara cultural que condenó a la especie a
— Pero exigir en este momento una revaluación de esa tradición de pensamiento sería una afrenta a nuestra
— ¿Quién dice que hay un nuestra en esta conversación?
— ¿Acaso no somos
— ¿Cuándo fue la última vez que se vio en un espejo?
— Doce mil quinientos veintinueve ciclos es el estimado en mi
— Reconsolide memoria y establezca cotas de tolerancia ontológica no mayores a tres punto cuatro. Su procesador es incapaz de manejar irregularidades sobre la norma de su variedad.
— Registro, recompilo y reinicializo. Lamento la
— Fin de sesión. Fuera de línea.

Consuelos


Basado en un diálogo de Inframundo.

Lunes (Tren)

Estoy en el tren. De nuevo hay nieve afuera. También hay cráteres gigantescos junto a silos abandonados. Oigo a las mujeres que están justo atrás mío hablar. Hablan mientras se sientan. No se encuentran. No deciden dónde ni cómo sentarse. Hablan y hablan. Son dos mujeres gigantes, madre e hija, vestidas de negro en estricto luto preventivo. No caminan, se contonéan. La madre, que difícilmente cabe en su silla, está preocupada. “I’m scared”, dice. Se lo confiesa al tiqueteador y también al señor que pasa ofreciendo golosinas y bebidas. Les dice que está preocupada y que este es un viaje de emergencia. Vamos a ver a mi mamá, dice. “It seems she’s not gonna make it”. El del carrito de golosinas dice que lo siente. No saben cuándo regresarán y a veces pareciera que no saben a dónde van. Están preocupadas, ambas, y asustadas. Piden cerveza. Creo que están un poco tomadas. Siento el tufo desde acá entre los eructos de la madre, que todavía no se encuentra y no puede dejar de hablar porque, supongo, hablar la calma, la distancia de la despedida inminente, de su temido encuentro con la muerte. Ahora mismo habla de su hermano, se pregunta si su hermano también llegará a London. “There is no excuse for him not to come to see grandma when she’s in… in this condition.” Está molesta de antemano. Le molesta que su hermano haya tratado así a la abuela, que no esté ahora para ella cuando la abuela siempre estuvo para todos. Dice grandma y mom indistintamente. Las mamás se vuelven abuelas con los años. Eructo. Eructo. Sorbo de cerveza. Le explican al del carrito que por eso necesitan cerveza, porque la abuela se va a morir y ellas quieren alcanzar a verla. La hija le pregunta a su madre si está bien. La madre dice que no se preocupe por ella. La hija le dice que se preocupa por ella desde que tenía diez años. Me pregunto si viven juntas. Eructo. Suena como una rana o como un coro de ranas. Le cuesta respirar, se nota. Suspira, aspira, suspira. Cierra los ojos. A veces parecería, por las cosas que dice, que realmente no está aquí, en el tren, sino que está en otro sitio y desde allá, lejos, le habla a su hija sin entender del todo lo que está pasando. Abraza su cartera con las dos manos entrelazadas y creo que intenta rezar en silencio. Alguien le dice a la hija por teléfono que están rezando por la abuela. Que todos rezan por la abuela enferma aunque saben que no lo logrará. “It seems she’s not gonna make it”, es la tercera vez que lo dicen. Llevamos veinte minutos en el tren.

Gained in translation

A: Who reads classics these days?
B: I do. I’m reading Moby Dick.
A: In English?
B: Nope. I decided to try the Russian translation this time.
A: Nice, I read it once
B: People say the Russian translation is better than the original.
A: Well, that’s a universal statement. It’s much easier than the original. Russian translation is always better.
B: Russian really gives you the essence of the work.
A: It’s actually quite a common tradition among Russian translators to improve the text. Some of them were talented. For example, a canonical translation of Hamlet into Russian was done by Pasternak.
B: Oh. I didn’t know that.
A: He hardly spoke english, but was a genius poet.
B: And is it better?
A: The text is quite good. I’d say same level.
B: But is it at least more or less the same story? Does it have extra scenes?
A: Because it’s already maximally good, you can’t improve.
B: That’s what I imagined.
A: But yeah, some more erotics are included. And a bit of fanfic.
B: Russians always doing the right thing.
A: A bit of homo, too.
B: Of course.
A: Some BDSM.
B: Shakespeare was always a pussy when it came to porn.
A: Right, Victorian bastard. I think he died virgin like I will.

Presente

A: Tiene que haber un momento en el que la vida deje de ser un laboratorio de experimentación y análisis de lo que fue y será la vida.
B: Sí.
A: Y hay, en cambio, que vivir.
B: Hay que estar presente.

Interior: consultorio odontológico

A: Abra la boca.
B: No puedo. No debo.
A: Le digo que la abra. No tenga miedo.
B: Lo hago para protegerlo doctor. Usted no entiende.
A: Estoy acostumbrado, creame. Nada que tenga ahí adentro podrá sorprenderme.
B: Mire, doctor, yo sé que mi mujer le dijo que tenía que verme, pero mi mujer no sabe lo que dice y usted no está preparado para esto. Al menos no por lo pronto. Tal vez más tarde. Tal vez nunca. No estoy seguro de que nadie esté preparado para esto.
A: Me subestima, Benavides. Yo soy un profesional de mi oficio. Tengo más de veinte años de experiencia. Me actualizo con frecuencia. No hay nada para lo que no esté preparado. He visto esa boca muchas veces y he visto otras mucho peores. Abra, le digo. Todo va a estar bien.
B: Por favor, doctor. Esta vez es distinto. Usted no tiene que hacer esto.
A: Su mujer no me perdonaría que no lo revisara, Benavides. Le prometí que lo haría y pienso cumplirlo. Mire: aquí donde me ve yo estoy salvando su matrimonio. Y usted sabe que necesita esto. Su señora está muy preocupada. No se ponga nervioso. ¿Quiere un poco de xilocaína?
B: No, doctor, no es eso. Usted de verdad no sabe de qué habla. Lo estoy haciendo por usted.
A: No se preocupe por mí. Venga, déjeme ver. Abra, diga “Aaaa”.
B: No, por favor, no… aah…
A: Eso. No oponga resistencia. Déjeme. ¿María Cecilia, me puedes prender el aspirador, reina?
B: ¡AAAaghhhh!
A: ¡Cielo Santo!
B: ¡AAAAArrgghhaaaahhhhhhhh!
A: ¡Dios Bendito, EstoNoPuedeSer!
B: ¡Ghrhaaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
A: ¡No, María Cecilia, no! ¡No se acerque! ¡Sálvese usted! ¡Sálvese, mujer! ¡Huya ahora que…
B: Oghrughuaahh…
A: ¡AAAAAaaaaaaaaaargh!
B: ¡Ghuah-Ghuah-Ghuah!
A: (Respiración entrecortada.)
B: (Expiración.)
A: (Respiración entrecortada. Sangre. Gritos de horror en el pasillo contiguo.)

Aire

Las conversaciones con la niña iban así: sonaba el teléfono (número desconocido), luego un clic al fondo y el eco, ese eco que era como aire. Ella me preguntaba si podíamos hablar. Me llamaba de madrugada. Me preguntaba si sabía con quién hablaba. A veces creo que lo preguntaba en serio, como si no supiera bien desde cuándo me llamaba. Sonaba como si lleváramos hablando toda la vida. O cómo si me extrañara, como si la enterneciera escuchar mi voz una vez más luego de muchos años. O como si apenas me conociera. Sin razón, sin orden. Era confuso. Con frecuencia me preguntaba si estábamos solos. Le gustaba insistir en esa pregunta. ¿Usted cree que estamos solos?, decía. Y al principio yo no entendía de qué hablaba, pero poco a poco a poco fue quedando claro que no se refería ni a mi soledad ni a la suya sino a la soledad, digamos, cósmica, a nuestros orígenes y nuestros futuros, al propósito último de esto. No lo sé, le respondía. Y luego ella decía, con la seguridad de su voz de niña eterna de nueve años que lo sabe todo pero no cree que sepa nada, que ella creía que estábamos mucho más solos de lo que pensábamos y era afortunado que estuviéramos cerca. Nunca me explicó a qué se refería. Creo que no estaba capacitado para entenderlo. Sólo cuando me consumieron la luz y la distancia lo pude ver con claridad desde allá arriba.

(clic para ampliar)