Rango Finito

Un blog para Mauricio Arturo

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Consuelos


Basado en un diálogo de Inframundo.

Lunes (Tren)

Estoy en el tren. De nuevo hay nieve afuera. También hay cráteres gigantescos junto a silos abandonados. Oigo a las mujeres que están justo atrás mío hablar. Hablan mientras se sientan. No se encuentran. No deciden dónde ni cómo sentarse. Hablan y hablan. Son dos mujeres gigantes, madre e hija, vestidas de negro en estricto luto preventivo. No caminan, se contonéan. La madre, que difícilmente cabe en su silla, está preocupada. “I’m scared”, dice. Se lo confiesa al tiqueteador y también al señor que pasa ofreciendo golosinas y bebidas. Les dice que está preocupada y que este es un viaje de emergencia. Vamos a ver a mi mamá, dice. “It seems she’s not gonna make it”. El del carrito de golosinas dice que lo siente. No saben cuándo regresarán y a veces pareciera que no saben a dónde van. Están preocupadas, ambas, y asustadas. Piden cerveza. Creo que están un poco tomadas. Siento el tufo desde acá entre los eructos de la madre, que todavía no se encuentra y no puede dejar de hablar porque, supongo, hablar la calma, la distancia de la despedida inminente, de su temido encuentro con la muerte. Ahora mismo habla de su hermano, se pregunta si su hermano también llegará a London. “There is no excuse for him not to come to see grandma when she’s in… in this condition.” Está molesta de antemano. Le molesta que su hermano haya tratado así a la abuela, que no esté ahora para ella cuando la abuela siempre estuvo para todos. Dice grandma y mom indistintamente. Las mamás se vuelven abuelas con los años. Eructo. Eructo. Sorbo de cerveza. Le explican al del carrito que por eso necesitan cerveza, porque la abuela se va a morir y ellas quieren alcanzar a verla. La hija le pregunta a su madre si está bien. La madre dice que no se preocupe por ella. La hija le dice que se preocupa por ella desde que tenía diez años. Me pregunto si viven juntas. Eructo. Suena como una rana o como un coro de ranas. Le cuesta respirar, se nota. Suspira, aspira, suspira. Cierra los ojos. A veces parecería, por las cosas que dice, que realmente no está aquí, en el tren, sino que está en otro sitio y desde allá, lejos, le habla a su hija sin entender del todo lo que está pasando. Abraza su cartera con las dos manos entrelazadas y creo que intenta rezar en silencio. Alguien le dice a la hija por teléfono que están rezando por la abuela. Que todos rezan por la abuela enferma aunque saben que no lo logrará. “It seems she’s not gonna make it”, es la tercera vez que lo dicen. Llevamos veinte minutos en el tren.

Gained in translation

A: Who reads classics these days?
B: I do. I’m reading Moby Dick.
A: In English?
B: Nope. I decided to try the Russian translation this time.
A: Nice, I read it once
B: People say the Russian translation is better than the original.
A: Well, that’s a universal statement. It’s much easier than the original. Russian translation is always better.
B: Russian really gives you the essence of the work.
A: It’s actually quite a common tradition among Russian translators to improve the text. Some of them were talented. For example, a canonical translation of Hamlet into Russian was done by Pasternak.
B: Oh. I didn’t know that.
A: He hardly spoke english, but was a genius poet.
B: And is it better?
A: The text is quite good. I’d say same level.
B: But is it at least more or less the same story? Does it have extra scenes?
A: Because it’s already maximally good, you can’t improve.
B: That’s what I imagined.
A: But yeah, some more erotics are included. And a bit of fanfic.
B: Russians always doing the right thing.
A: A bit of homo, too.
B: Of course.
A: Some BDSM.
B: Shakespeare was always a pussy when it came to porn.
A: Right, Victorian bastard. I think he died virgin like I will.

Presente

A: Tiene que haber un momento en el que la vida deje de ser un laboratorio de experimentación y análisis de lo que fue y será la vida.
B: Sí.
A: Y hay, en cambio, que vivir.
B: Hay que estar presente.

Interior: consultorio odontológico

A: Abra la boca.
B: No puedo. No debo.
A: Le digo que la abra. No tenga miedo.
B: Lo hago para protegerlo doctor. Usted no entiende.
A: Estoy acostumbrado, creame. Nada que tenga ahí adentro podrá sorprenderme.
B: Mire, doctor, yo sé que mi mujer le dijo que tenía que verme, pero mi mujer no sabe lo que dice y usted no está preparado para esto. Al menos no por lo pronto. Tal vez más tarde. Tal vez nunca. No estoy seguro de que nadie esté preparado para esto.
A: Me subestima, Benavides. Yo soy un profesional de mi oficio. Tengo más de veinte años de experiencia. Me actualizo con frecuencia. No hay nada para lo que no esté preparado. He visto esa boca muchas veces y he visto otras mucho peores. Abra, le digo. Todo va a estar bien.
B: Por favor, doctor. Esta vez es distinto. Usted no tiene que hacer esto.
A: Su mujer no me perdonaría que no lo revisara, Benavides. Le prometí que lo haría y pienso cumplirlo. Mire: aquí donde me ve yo estoy salvando su matrimonio. Y usted sabe que necesita esto. Su señora está muy preocupada. No se ponga nervioso. ¿Quiere un poco de xilocaína?
B: No, doctor, no es eso. Usted de verdad no sabe de qué habla. Lo estoy haciendo por usted.
A: No se preocupe por mí. Venga, déjeme ver. Abra, diga “Aaaa”.
B: No, por favor, no… aah…
A: Eso. No oponga resistencia. Déjeme. ¿María Cecilia, me puedes prender el aspirador, reina?
B: ¡AAAaghhhh!
A: ¡Cielo Santo!
B: ¡AAAAArrgghhaaaahhhhhhhh!
A: ¡Dios Bendito, EstoNoPuedeSer!
B: ¡Ghrhaaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
A: ¡No, María Cecilia, no! ¡No se acerque! ¡Sálvese usted! ¡Sálvese, mujer! ¡Huya ahora que…
B: Oghrughuaahh…
A: ¡AAAAAaaaaaaaaaargh!
B: ¡Ghuah-Ghuah-Ghuah!
A: (Respiración entrecortada.)
B: (Expiración.)
A: (Respiración entrecortada. Sangre. Gritos de horror en el pasillo contiguo.)

Aire

Las conversaciones con la niña iban así: sonaba el teléfono (número desconocido), luego un clic al fondo y el eco, ese eco que era como aire. Ella me preguntaba si podíamos hablar. Me llamaba de madrugada. Me preguntaba si sabía con quién hablaba. A veces creo que lo preguntaba en serio, como si no supiera bien desde cuándo me llamaba. Sonaba como si lleváramos hablando toda la vida. O cómo si me extrañara, como si la enterneciera escuchar mi voz una vez más luego de muchos años. O como si apenas me conociera. Sin razón, sin orden. Era confuso. Con frecuencia me preguntaba si estábamos solos. Le gustaba insistir en esa pregunta. ¿Usted cree que estamos solos?, decía. Y al principio yo no entendía de qué hablaba, pero poco a poco a poco fue quedando claro que no se refería ni a mi soledad ni a la suya sino a la soledad, digamos, cósmica, a nuestros orígenes y nuestros futuros, al propósito último de esto. No lo sé, le respondía. Y luego ella decía, con la seguridad de su voz de niña eterna de nueve años que lo sabe todo pero no cree que sepa nada, que ella creía que estábamos mucho más solos de lo que pensábamos y era afortunado que estuviéramos cerca. Nunca me explicó a qué se refería. Creo que no estaba capacitado para entenderlo. Sólo cuando me consumieron la luz y la distancia lo pude ver con claridad desde allá arriba.

(clic para ampliar)