Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

crímenes

Patrones de violación en Colombia (2010-2014)

Vía Alejandro Peláez me enteré de la existencia de este sitio de estadísticas criminales que mantiene la policía colombiana desde 2010. De todos los sitios de datos abiertos colombianos este es probablemente el que más se acerca al ideal soñado de la página sencilla donde se puedan descargar tablas bien armadas. Tomé las tablas de Delitos Sexuales y armé esta gráfica de porcentajes de violaciones por día del año, mes del año, día de la semana y hora del día. Para este conteo uso los delitos categorizados como ‘violación’ del capítulo 1 de esta ley:

Artículo 205. Acceso Carnal Violento. El que realice acceso carnal con otra persona mediante violencia […].

Artículo 206. Acto Sexual Violento. El que realice en otra persona acto sexual diverso al acceso carnal mediante violencia […].

Artículo 207. Acceso Carnal o Acto Sexual en Persona puesta en Incapacidad de Resistir. El que realice acceso carnal con persona a la cual haya puesto en incapacidad de resistir o en estado de inconsciencia, o en condiciones de inferioridad síquica que le impidan comprender la relación sexual o dar su consentimiento […].

violaciones

El 89,5% de las víctimas de violaciones en estos datos son mujeres.

Click en la gráfica para agrandar.

Perversión

En la versión cinematográfica de Serial el programa genera una presión social inmensa para que se reabra el caso de Adnan Sayed, la gente simpatiza con el muchacho, el caso se reabre y Sayed sale libre pues se demuestra, como sugiere el programa, que no hay pruebas concluyentes en su contra. El programa, por supuesto, es considerado un hito del periodismo investigativo responsable y activo y recibe todos los premios. Una vez libre, sin embargo, Sayed busca a Sarah Koenig, la creadora del programa, y la mata. Después se entrega voluntariamente a la policía.

Títulos

He is also a self-published author, writing e-books with titles such as How I Saved Someone’s Life and Marriage and Family Problems Thru Communication and How a Judgmental and Selfish Attitude Is Destroying the World We Live in Because the World Is Vanishing Beneath Our Eyes.

Asesinos

Dos películas de asesinos de la vida real. Primera, Snowtown. A ésta llegué por culpa de Jorge, que mencionó la historia en un comentario: en un pueblo del sur de Australia durante los años noventa, un tal John Bunting convenció a un grupo de vecinos para que lo apoyaran en una cruzada personal. Bunting decidía más o menos arbitrariamente quien era culpable, el crimen (por lo general alguna forma de pedofilia) y su pena. Usualmente elegía personas que conocía. Las víctimas eran torturadas sin misericordia (mutiladas, electrocutadas, quemadas, destripadas) antes de ser asesinadas. Luego las escondían en barriles llenos de ácido clorhídrico. Por casi diez años se salieron con la suya. Snowtown es narrada desde la perspectiva de James, el hijo de una de las mujeres de Bunting. A medida que la historia se desarrolla, Bunting le revela progresivamente a James (y de paso al espectador confundido) sus aficiones secretas y finalmente lo induce a participar (¿A James o al espectador?). Apoyado por Bunting, James mata a dos de sus hermanos. En el centro de la película, más que los crímenes, está la relación tensionante entre Bunting y James. Es una película intrigante y cruda.

Snowtown

Segunda, 復讐するは我にあり (Vengeance is mine). Ésta es basada en los crímenes de Akira Nishiguchi, un embaucador japonés que asesinó a cinco (o seis) personas durante los años sesenta y robó a otras tantas. La película contiene algunos de los asesinatos más burdos y por lo mismo realistas que he visto en cine. Nishiguchi era un sociópata normativo que abusaba de la confianza de las personas para manipularlas, robarlas y matarlas a discreción. Su desapego emocional era absoluto. Era torpe, descuidado y cínico. Sabía que esa vida implicaba ciertos riesgos pero la amenaza de morir en la horca no lo intimidaba. Podría decirse que incluso lo ilusionaba. Estaba orgulloso de las libertades que podía permitirse. La película sigue su vida y la de su familia. Está llena de episodios incómodos de presenciar. En un arco lateral, la mujer de Nishiguchi, con quien tiene dos hijos, acosa sexualmente a su suegro (un católico fervoroso lleno de culpas — me queda la duda de si el catolicismo de la familia de Nishiguchi era mal visto en ese entonces en Japón) mientras Nishiguchi huye de la ley. En otro arco, Nishiguchi conoce a una mujer anciana que asesinó a alguien en su juventud para deshonra de su familia pero especialmente de su hija (a quien Nishiguchi seguidamente conquista, preña y estrangula). Ya en la cárcel su papá lo visita y Nishiguchi le dice que debió matarlo en lugar de matar a los otros. El papá le responde que él sabe que no podría pues Nishiguchi sólo puede matar a quien nunca le ha hecho daño. En la escena final, el papá y la mujer de Nishiguchi, ahora pareja, lanzan sus huesos cremados desde la cima de una montaña. Los huesos, sin embargo, se resisten a caer y flotan congelados en el aire. El simbolismo se me escapa.

原子爆弾

Es como en el chiste del señor Tanaka, un japonés rico e influyente de la ciudad de Hiroshima que por meses denunció infundadamente a un pastor metodista japonés como traidor porque el cristianismo es, obvio, anti-japonés y americano, y luego de la bomba, atrapado en el dolor y consciente de su agonía, con llagas supurantes cubriendo casi la totalidad de su cuerpo y sus ojos transformados por las quemaduras en contenedores hediondos de pus, pidió desesperado a su sirviente (o tal vez a su hija) que buscara a un hombre de fe, de cualquier fe, que lo consolara, pero sólo encontraron al pastor, quien le leyó el salmo 90 (“Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche. Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca. Porque hemos sido consumidos con tu ira, y por tu furor hemos sido conturbados. Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia. Porque por tu furor han declinado todos nuestros días; acabamos nuestros años como un suspiro.“). Cuando el pastor terminó la lectura, el señor Tanaka murió.

Mapa de daño en hiroshima

Bestia

Tras la décimo octava víctima, La Bestia decidió hacer una pausa y reflexionar sobre el sentido de su arte. Primera conclusión: el asesinato es una necesidad primaria y precede a cualquier atisbo de análisis moral. Por eso el hombre bueno puede matar. Mientras se preparaba para acostarse, recién duchado después de una larga jornada de limpieza del sótano relleno (literalmente) de fantasmas, se preguntaba en qué punto la intención neutra, la fantasía ansiosa de poseer la vida de otro, se convertía en maldad. En el fondo sabía que era un criminal. Había estudiado la ley. Sabía que su ejecución no era totalmente limpia y había pruebas contra él. Siempre habría pruebas. Pero no eran suficientes. Cualquier implicación era, por lo pronto, circunstancial. Era cuidadoso. Sabía lo que hacía. ¿Lo sabía? Temeroso de crear patrones que lo delataran, había desarrollado un método aleatorio de selección, tratamiento y disposición de sus víctimas y se rendía con disciplina a su voluntad falsa de cálculos y generadores de la ilusión del azar. Ceder el control lo incomodaba, pero temía que su inconsciente lo delatara. También, para qué negarlo, le agradaba pensar que no era él, sino la máquina, quien exigía el sacrificio. Era liberador. Por eso no se opuso ni dudó cuando el programa le ordenó procesar a su hermana, su favorita, la menor, la artista. Era necesario, se dijo. Era su vida o mi paz. La Bestia no odiaba. Tampoco se alimentaba del dolor. Era un asesino compasivo, tranquilo, sin rencores que lo traicionaran. Matar no era placentero, sólo reducía temporalmente la angustia. Sentado en una silla frente a su cama, sin la máscara habitual, le pidió a su hermana que lo entendiera antes de someterla con una dosis de ketamina. Ella lo miró con bondad desde la ausencia, sin reclamos. Cuando sus restos aparecieron en una bodega abandonada, dispuestos en lo que parecía ser parte de un grotesco ritual arcano, lloró asqueado con llanto sincero por teléfono y luego ante el cuerpo agujereado mil veces en la morgue mientras una trabajadora social le daba palmadas inútiles en la espalda y lo intentaba convencer de que, pese a la evidencia, Mariana no había sufrido. Y qué importaba si no había sufrido si ya no estaba. Era la primera vez que podía apreciar su arte desde adentro, desde la condición de víctima impotente. Nunca antes se había permitido algo así. Ser, de alguna manera, el muerto. No sabía cómo reaccionaría. No sabía qué esperar. ¿Ese era el efecto de su arte? ¿La tristeza intransferible del que pierde lo que quiere? ¿La soledad? ¿El vacío? ¿El futuro perdido? ¿Y dónde estaba su recompensa? ¿A quién servía la maldad? ¿De dónde provenía? ¿Por qué tanto dolor? ¿No había bondad en la maldad? ¿No era siempre buena para alguien más? Atormentado, La Bestia decidió darse un tiempo para pensar y reestablecer su vida. Tal vez crear nuevos vínculos con el mundo. Tal vez pintar o escribir. Quería hacer algo realmente hermoso. Quería volver a tener ilusiones y dejar atrás su destino monstruoso. Viviría la vida que Mariana no pudo tener. En el tren hacia Toronto, con la máquina dormida en su maleta, soñó despierto que en la estación lo esperaban el amor, la nieve y el perdón.

芭比3 (Óleo en lienzo), por 黃沛涵. Parte de su serie Fleshy Fairytale.

[Flash 9 is required to listen to audio.]