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cuentos

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Anoche por fin pude leer Aún no era grande, el libro que Estefanía Uribe publicó el año pasado. Hace rato que le tenía ganas. Este es un libro corto (60 páginas nomás) compuesto por once textos autobiográficos que se interconectan a través de senderos que recorren apartes de la infancia de la autora. Narraciones de pasados cercanos y lejanos surgen y se mezclan constantemente con reflexiones personales sobre pérdidas, enfermedades y melancolías. En conjunto los relatos/ensayos conforman una mitología muy íntima de objetos y personas (reales o imaginadas, da igual) a través de las cuales diferentes versiones de la autora se protegen de los golpes de la realidad o la filtran; constantes que son faro, ancla y salvavidas al tiempo. Aunque los textos son descarnados, cada tanto dejan entrever un aprecio dulce por la vida y sus conflictos que es reconfortante. Me impresiona la potencia emocional que logra alcanzar en tan pocas páginas. Hay mucha fuerza y sinceridad dura ahí adentro.

El libro fue publicado por Sílaba y ahora se consigue en formato digital en Amazon.

Fantasmas contra Extraterrestres

La edición de Fantasmas contra Extraterrestres corrió a cargo de Inga Pellisa, que contuvo con valentía el ya mítico espíritu indómito del autor. Yo hice las lecturas de rigor, sugerí unos cuantos cambios en pos de la legibilidad y monté el libro en formato digital. Todo lo que esté mal es mi culpa.

Fantasmas contra Extraterrestres es un relato de Javier Avilés que decidimos editar en formato digital y distribuir gratuitamente en línea imitando el esquema que propuso Radiohead para In Rainbows, i.e., descargue ahora y si le nace pague después (o nunca). Una vez más queremos explorar en plan punk formas de prescindir de intermediarios (o al menos reducir su cuota) para distribuir a bajo costo buena literatura, ojalá con alguna compensación para el que escribe. Dado que el autor es Avilés, la historia rehuye cualquier posibilidad de resumen así que no me desgastaré intentándolo. Sólo diré que habla sobre videojuegos, extraterrestres antropomorfos (o no), ectoplasmas, moralismo alemán, viajes en barco, descensos a los infiernos, ciencia ficción y, por supuesto, Beckett. En la primera edición que colgué había borrado por error todas las apariciones de la palabra “juego” del cuento. El efecto era inquietante, especialmente considerando que la narración orbita alrededor de un juego de video sobre una invasión extraterrestre a un mundo abandonado a los fantasmas. Varios de los primeros lectores pensaron que era un recurso deliberado. Este problema (¿por desgracia?) fue resuelto en la versión que ahora está disponible. Como siempre, lean y difundan.

Dingo

Burgos me pidió una copia de Dingo, un cuento que aparece en mi libro Lo definitivo y lo temporal. Aquí está para descarga, en caso de que otros quieran leerlo. Ya tiene por ahí siete años, pero todavía se deja leer. Hoy me pareció súper triste.

Olvidados

En un cuento cubano de ciencia ficción que leí los protagonistas descubren que el universo que habitan es simulado por una civilización en el futuro como ejercicio didáctico infantil. Cada iteración de la simulación se distribuye en cadenas de miles de millones de operaciones matemáticas que son asignadas a niños en toda la galaxia de acuerdo a su grado de dificultad. Los niños resuelven la operación y reportan por carta su resultado. Éste es verificado independientemente por otro niño en un ejercicio dual. Cuando todas las operaciones que componen una iteración han sido verificadas (proceso que toma muchos años), una milésima de segundo transcurre en el universo simulado. Alguna vez fue claro el propósito de la simulación pero hoy todos aquellos involucrados inicialmente en el proyecto están muertos. Los operarios de la máquina están convencidos de que se trata de un sistema automático de evaluación masiva. El nuevo visir de educación, recién desempacado de un postgrado en Finlandia, ha anunciado que la evaluación mecánica y deshumanizante debe ser abolida. Una semana después la máquina será desconectada.

Hay otros mundos

Miguel Gualdrón resucita tras leer El Rey Pálido ¶ Laura Acosta defiende a la Tigresa de Oriente ¶ Inés Gallo recomienda Person, de Sam Pink ¶ Jorge Aranda recuerda a un amigo muerto ¶ Tatiana Luján piensa en las enfermedades de los viejos de su familia ¶ Gloria Esquivel responde un cuestionario de Sophie Calle ¶ El papá de Óscar Rodríguez descubre una partida de bautismo que lo vuelve dos años mayor ¶ Constantino Villegas confronta a los gramáticos apocalípticos ¶ Y Helen DeWitt publica un cuento titulado Recovery en Electric Literature.

Peces

Cuando te vi nacer. O un poco después, digo. Vos conocés la historia donde yo soy tu salvavidas. Pero en realidad cumplí con lo que me dijo el obstetra. Tenías una apnea, por eso estabas azul y lánguido. Yo sostuve la manguerita del oxígeno a la altura de tu nariz, de tu boca. Pero insisto, solo cumplí con lo que me habían dicho y no fui un héroe, comenzaba simplemente a ser tu padre.

Javier G. Cozzolino está publicando los cuentos de su segundo libro, titulado El cuaderno enfermo, en este blog. Aquí está Peces, uno de mis favoritos.

Jueves (Dimensions)

Cuenta Lola que este cuento no la dejó dormir. Le digo que con Alice Munro hay que ser cauto. No es una escritora que uno pueda tomarse a la ligera. Le prometo que lo leeré. Empiezo a medio día, mientras espero a Mónica para ir a nuestra cita con la trabajadora social. Lo termino en la sala de espera. Pienso. Es un cuento sobre la muerte, los vínculos con la muerte, y las maneras de seguir. Una mujer busca un refugio, físico y mental, luego de asistir al asesinato a sangre fría de sus tres hijos. Las descripciones son secas. El mayor, el único que intentó escapar, está junto a la puerta de la cocina. Fue estrangulado. Los otros están en sus camas, asfixiados con almohadas. En la historia son menos de tres líneas. La mujer entra a su casa y encuentra eso. La narración gira temporalmente alrededor del evento. Su hijo mayor, el de la puerta de la cocina, nace, y un párrafo más tarde la mujer, post-horror, sigue viva. Trabaja en un motel, en un sitio donde no la conozcan, con otro nombre, con otro color de pelo, para escapar, para que la vuelvan a ver como alguien real que no ha vivido lo que ella vivió. Pero a veces necesita recordar, así que toma tres buses y viaja cien kilómetros para hablar con alguien que la entienda, la única persona que sabe realmente lo que ella está viviendo, que los extraña y comparte el peso insoportable de sus ausencias.

Le hablé a la trabajadora social del cuento. Discutimos, una vez más, lo difícil que es continuar. Es largo, eterno, el proceso.

Inframundo

De vez en cuando escribo relatos paranormales. Si siguen mi blog seguramente han leído buena parte de ellos. Tal vez el primero que se me ocurrió se llamaba Historia con fantasma y terminó publicado dentro de Lo definitivo y lo temporal. El segundo es Mirador, un cuento de apartados breves que admite cualquier orden de lectura sobre dos personas que sobreviven a un bombardeo y que escribí inspirado en unas fotos de Bogotá que me envió María Clara y un sueño que alguna vez Andrés me contó. Mirador fue inicialmente publicado en una versión hipertextual titulada La montaña había llegado y acompañada por las fotos de María Clara. Luego Enrique Vila Matas lo colgó también, en una versión lineal, en su sitio web (creo que nunca le agradecí el gesto). Después de esos dos han aparecido pequeños perfiles de fantasmas, historias breves sobre personas que no saben si están vivas, diálogos misteriosos que parecen ambientados en el primer período post-mortem que predice la teología de Swedenborg, etcétera. Como sea, durante el verano estuve pensando que ya era hora de darle cierre a esa serie. Y el cierre llegó, de la manera menos esperada, con la muerte de Mauricio. Supongo que este era un libro que hubiera querido leerle. No es un libro de relatos felices, casi todos son más bien lúgubres, pero yo no pensaba hacer concesiones de ese tipo con él. Soñé durante un rato con hacer una edición ilustrada. Laura se había ofrecido a hacer los dibujos. Quería que pareciera un libro para niños con historias oscuras, pero hacer algo así tomaría mucho tiempo y siento que Inframundo no puede esperar —no quiero escribir más sobre niños fantasmas por un rato—, así que, sin más largas, aquí está.

Como notarán, monté el libro en formato electrónico (epub y mobi). Los dispositivos de lectura son cada vez más populares y económicos (algúnos teléfonos móviles cuentan también con aplicaciones para leerlos) así que es el momento de empezar a explotarlo. Pienso que este es el formato ideal para este tipo de libros de relatos breves. Una edición en papel es costosa y su distribución muy difícil. Con el formato electrónico tengo control absoluto sobre la edición y distribución del libro y como nunca fue mi intención recibir dinero por estos cuentos, los ofrezco gratuitamente para descarga. De paso me sirvió para aprender a editar libros electrónicos (esto con el apoyo de René y Mauricio, los buenos muchachos de HermanoCerdo). Lo dejo ahí para que hagan lo que quieran con él. Un regalo, si quieren. “We need to invent beauty, search out some restoring force,” dice Don DeLillo. Esta edición de Inframundo es una de mis maneras de encaminarme en esa dirección.

Martes

Raphael Nachman es un personaje de Leonard Michaels. Nachman es un matemático. En la primera historia de la serie que Michaels le dedicó, Nachman es profesor visitante en la universidad de Cracovia. En Cracovia vivieron sus abuelos, quienes luego murieron en un campo de concentración. Nachman quiere conocer el lugar donde vivieron sus abuelos, no el lugar donde murieron. Nachman camina por Cracovia acompañado de una estudiante, quien lo guía hacia la Sinagoga y el viejo Ghetto. Hoy por la mañana fuimos a una nueva cita con el doctor Fellows. Todo en orden. Nueva cita en una semana. Ayer vimos videos en clase prenatal. En los videos las mujeres tienen hijos y los hombres dicen frases entusiastas de cajón para no sentirse tan inútiles. Sólo uno de los hombres reconoce que al final del cuento la mujer en trabajo de parto está sola con su dolor y los “You can do it” o “You’re almost there” o “You’re doing just fine” son paliativos para él, no para ella. De vuelta del hospital oí la historia de una mujer que recuerda su primer romance y la obsesión de su novio adolescente por tocarla durante una fiesta de cumpleaños. Comí mole de ayer y un durazno de postre.

Martes

Leí varios cuentos hoy. Más y más cuentos de terror. En ninguna parte de este libro advierten que estos son cuentos de terror. Deberían. No sobra. Mejor prevenir. Leí uno, tal vez el que más me impactó, de un señor psicorrígido que se levanta un día y encuentra un campamento de guerra en el primer piso de su casa, con soldados, putas, muertos, heridos, sangre y música a todo volumen. Con dificultad, el señor intenta, en medio del desastre, proseguir con su triste rutina. Admiro la frialdad tranquila de los narradores de Ungar.

Lunes

Dolor de cabeza más o menos constante desde ayer. El calor no ayuda. La vida, supongo, tampoco ayuda. Los gatos han estado calmados hoy. Plinio maulla para que lo sigan y luego huye despavorido. Gonta duerme. Acabo de lavar los platos y limpiar la arena de los gatos. El cuento de hoy, también de terror, va de dos primos en expedición geológica en la costa del sol o la costa brava que encuentran una casa de veraneo abandonada y la ocupan por un par de días.

Sábado

Leí un cuento de Antonio Ungar sobre dos muchachos en un pueblo arrasado que esperan un eclipse de sol. Creo que era un cuento de terror. Lavé platos e hice unas pastas con Italian sausage picante y aceitunas. Por la mañana hubo limpieza general del apartamento. También lavamos ropa. Por la tarde hicimos mercado. Olvidé usar mi cupón de descuento para la leche de soya. Hace una hora Gonta saltó una vez más al balcón de los vecinos. Como los vecinos no estaban tuvimos que esperar hasta que regresó por sus propios medios. Cuando volvió lo bañamos en agua fría en el lavaplatos para que coja escarmiento. Le importó un pepino. He estado todo el día con un dolor de cabeza suave que siento sólo cuando me muevo. El ambiente está un poco pesado. Eso debe ser. A las siete me comí un sánduche de jamón y queso con un batido de aguacate. Mañana esperamos la visita de Clifton y Jana. No hemos prendido el televisor en todo el día.