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decadencia

Omisión

Algo que omití en la entrada anterior al respecto de la leche que se me hace exacerba la repulsión ante el repentino sabor a animal vivo es que se supone que era deslactosada, o sea que es una leche que ni siquiera pretende serlo en su esencia. La contradicción de comprar leche deslactosada que además pretende ser de granja no se me escapa. A partir de cierta edad esas paraconsistencias asumidas se vuelven las verdaderas señas de identidad, por encima de los principios, siempre tan frágiles. Las razones detrás de mi consumo de leche deslactosada están conectadas, como supondrán, con las dolencias intestinales que he mencionado de pasada en otras entradas tal vez como una forma de acostumbrarme a su carácter crónico, o de aceptarlas como parte de lo que soy ahora que solo decaigo. Diría que alguna vez abordaré a fondo su naturaleza, pero todavía conservo algún pudor de base, pese a lo que pueda parecer.

Ahora

No sé qué diablos quiera decir esto.