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derrotas

Bobby Fischer Against The World

La columna del sábado pasado fue desencadenada por este documental tristísimo sobre la vida de Bobby Fischer. La historia de la renuncia de Fischer me recordó que hacía años que quería escribir algo sobre el viaje de Grothendieck a Vietnam. En realidad pensaba en un texto más extenso, pero la columna era una buena oportunidad para retomar la historia así fuera en un formato breve. Al igual que Grothendieck, Fischer creció aislado del mundo, atrapado en su obsesión. Desde los ocho años jugaba más o menos profesionalmente. También como Grothendieck, abandonó la práctica de su pasión en la cima: acababa de vencer a Spassky en Islandia por el campeonato mundial de ajedrez después de veintiún partidas accidentadas. Fischer era una persona frágil y sus inseguridades, más que motivaciones políticas (las cuales adoptó tarde y no para bien), lo llevaron a escapar del éxito que había alcanzado y esencialmente autodestruirse. La presión de la exposición pública lo aniquiló. A diferencia de Grothendieck, su desaparición no fue voluntaria ni el producto de nuevas búsquedas vitales. Fischer quería escapar porque el miedo a la derrota lo atormentaba. En esa huída se perdió.

Telegrama

“Cada cual elige sus derrotas”, escribí en un papel en marzo de 2003, cuando todavía me creía triunfador.