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Los más educados es un pequeño documento interactivo en desarrollo, una herramienta, si se quiere, para pensar los resultados de las pruebas Saber 11 a nivel regional. Todavía no está terminado pero ya hay suficiente para jugar.

El viernes Jorge me escribió con la idea, era realmente sencilla: aparentemente no hay un documento oficial donde el Icfes discuta los resultados de los exámenes a nivel municipal. Y menos centrándose en los colegios públicos. Son dos restricciones fáciles de implementar. Después bastaba hacer algo de estadística descriptiva elemental para mirar los datos e intentar sacar preguntas de ahí. El propósito es que sea algo fácil de leer y usar. Más para la gente que para académicos. Ojalá que promueva una discusión pública del estado de la educación estatal que supere la fase de los “cien mejores colegios” y haga que los gobernantes y funcionarios regionales sean responsabilizados de los resultados de los colegios en su jurisdicción.

A veces pareciera que los colegios públicos no le importan a nadie. Como son públicos entonces pocos los consideran propios. La gente que decide cosas en Colombia por lo general estudió en colegios privados (para ilustrar, aquí hay una gráfica del número de estudiantes de último grado en colegios públicos y privados por “estrato” en 2011). En los círculos sociales de mis amigos nadie tiene hijos estudiando en colegios públicos. Es considerado medio impensable. Es crucial encontrar estrategias que superen las buenas intenciones para revalorar los colegios públicos y que recuperen el prestigio que alguna vez tuvieron (aquí hay una iniciativa seria y bien argumentada en esa dirección). El descuido social y gubernamental en el que se encuentra el sistema de colegios públicos lo ha convertido en un generador de exclusión social financiado con impuestos en lugar de ser el promotor de movilidad social que le corresponde. Un primer paso para devolverles su importancia es seguir atentamente su desempeño.

Es obvio que los resultados de los exámenes de estado no son un indicador contundente de lo que quiera que sea la “calidad de la educación”, pero pueden ser usados como un primer criterio a la mano para medir el impacto de políticas públicas. Lo ideal sería repetir este ejercicio regularmente y difundirlo tanto como se pueda.

El código en R para calcular los gráficos y tablas está disponible en este repositorio. Está desordenadísimo pero supongo que puede ayudar a alguien que quiera hacer gráficas similares. Si tengo tiempo intentaré pulirlo durante las próximas semanas, a medida que añado más información al documento.

Manufactured Landscapes

Minas de Niquel, Sudbury, Ontario, Canada

Más documentales. Manufactured Landscapes usa las fotografías en gran formato de Edward Burtynsky para hablar sobre la intervención humana del entorno natural. Los recursos se explotan y se transforman en bienes de consumo o bienes inmuebles o infraestructura general para ser usados y finalmente reciclados o desechados en un ciclo no muy óptimo que sostiene frágilmente el proyecto de no estoy muy seguro qué. Supongo que algunos podrán llamarlo progreso o desarrollo pero esos son términos tramposos que prefiero evitar. En algunas regiones del planeta, los abanderados del capitalismo urbano, este proceso se inició antes de que hubiera consciencia de la escasez de recursos. Otros apenas llevan un par de décadas ahí. China es un ejemplo dramático. En cuarenta años han pasado de ser un país de campesinos a uno de obreros concentrados en complejos industriales adjuntos a las ciudades donde se produce todo lo que el mundo consume. Mil millones de habitantes se avalanzan a las ciudades y el país se embarca en proyectos mastodónticos para suplir las nuevas necesidades de la población (necesidades creadas por el cambio de estrategia económica, claro está). En últimas China aspira a justo lo que el establecimiento político mundial ha venido promoviendo desde el final de las guerras mundiales (lo que importaba no era que fueran democráticos sino capitalistas para que dejaran de ser una amenaza). Que los países desarrollados ahora exijan mesura es hipocresía. Ahora: la amenaza ambiental no es una ficción. La pregunta es qué hacer. Y la respuesta no puede ser algunos sí y otros no.

Planta de procesamiento de pollo, Dehui, Provincia de Jilin, China

Matones patentes

La columna de hoy describe (muy) a grandes rasgos el desastre que han desencadenado dentro de la industria tecnológica gringa las patentes de software. El dato sobre el gasto de Google y Apple el año pasado que menciono proviene de un artículo reciente en el New York Times. Esta es la cita completa:

In the smartphone industry alone, according to a Stanford University analysis, as much as $20 billion was spent on patent litigation and patent purchases in the last two years — an amount equal to eight Mars rover missions. Last year, for the first time, spending by Apple and Google on patent lawsuits and unusually big-dollar patent purchases exceeded spending on research and development of new products, according to public filings.

El año pasado un intento de reforma del sistema de patentes se hundió en el congreso. Aquí un buen reportaje de lo que pasó, con intrigas y trucos sucios al por mayor. También el año pasado, This American Life dedicó un programa entero al asunto. Vale muchísimo la pena. Este artículo largo (pdf) de Michele Boldrin y David K. Levine para el Banco de la Reserva Federal de St. Louis presenta a detalle el problema (con análisis económicos y demás juguetes) y al final propone abolir el sistema de patentes del todo, sin compasión. Para terminar la lista de enlaces, un cómic coincidencialmente publicado el jueves en Saturday Morning Breakfast Cereal que ilustra el absurdo a la perfección.

Algo que no dije en la columna (y que tal vez debí) es que el matoneo se ha extendido del software a otras industrias, como la biotecnología. (El caso de las farmacéuticas es otro universo completo, por cierto.) Esto es particularmente relevante en el caso colombiano, ya que el TLC firmado con Estados Unidos contemplaba, hasta donde sé, compromisos para el país con respecto a patentes de este tipo. Cuando entienda bien cuáles fueron estos compromisos (pp. 15-17) tal vez vuelva sobre ello en otra columna.

La empresa de la patente de la agenda para reuniones que menciono en la columna es Microsoft. Pero, siendo justos, si lo que hizo Microsoft en su momento se compara con las gracias actuales de Apple y Google en cuanto a patentes y abusos legales en general, Microsoft es un angelito.

Bosquejo de un alegato rabioso contra la innovación

¿Cuántas “innovaciones” habrán generado las políticas públicas que dicen “promover la innovación”? Por otro lado: ¿Cuántos políticos y empresarios amigos se habrán beneficiado financieramente de esas políticas? La “innovación” es un término que moderniza procesos industriales (o científicos) mediante un cambio de nombre (y gracias a ese cambio recibe subsidios o beneficios fiscales). Ejemplo diciente (vía Carolina Montealegre): El ahora infame programa Agro Ingreso Seguro “facilitaba procesos de innovación en las unidades productivas”, según el documento Conpes 3582 de 2009. En ese sentido la “innovación” hace parte de la misma familia que encabezan los derivados de la palabra “emprendimiento”. El juego consiste en crear la ilusión de que un modelo de desarrollo industrial reconocido como exitoso es independiente del contexto logístico y socio-cultural que lo permitió y por ende es reproducible en cualquier lado con un poco de buena onda y voluntad (en este caso hablamos, creo, de la singularidad del Valle del Silicio). La ilusión se sustenta sobre la adopción de terminología sublimadora superficial que sugiera (sin sustento alguno) que la implementación del modelo está efectivamente en marcha (con todas las promesas implícitas). Curiosidad: Antes “innovar” quería decir “Volver algo a su anterior estado.” Otra curiosidad: El ascenso (cíclico) del término.

Planos de una propuesta de misión tripulada a Marte de 1963