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destino

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Tengo la impresión de que desde hace un tiempo las posibilidades de maniobrar el curso de la vida se han reducido, como si las variables que determinan la solución ya hubieran sido establecidas y a partir de ese momento todo prosiguiera en piloto automático sin posibilidad alguna de intervención. En parte por eso las aspiraciones propias pierden sentido más allá de mantenerse vivo y en buen estado unos años para poder ver a la hija crecer y despegar.

Natividad

Hay que nacer para poder morir. El nacimiento de Jesús es el inicio de su sacrificio que será culminado en el calvario. Nunca es muy claro desde qué perspectiva presenció Jesús su existencia terrena. A partir de qué momento entendió cuál era su papel. ¿Lo entendió? A través de su hijo el padre experimentó el tiempo y las dudas. Se sometió voluntariamente a la ignorancia del mundo y el desconocimiento del futuro. Tal vez Jesús jamás supo lo que el padre esperaba. Apenas intuía que ocupaba un lugar singular en el Gran Esquema y aceptaba su destino resignadamente, confiado en la misericordia del Padre, tan sorprendido como cualquiera de su poder y su miseria.

Asterios Polyp: un esquema-reseña

Todos tus amigos encontraron al Señor

Para Óscar

Y creyeron en Él y a través de la Fé, que es como un té espeso, aprendieron a creer en sí mismos, en su capacidad para la grandeza, en el poder del individuo como entidad transformadora de la realidad propia, para empezar, y más tarde ajena. También empezaron a vestirse distinto. Todos tus amigos encontraron al Señor y te hablaron de Él cada vez que tuvieron oportunidad. Te hablaron y te dijeron que el Señor hablaba a través de ellos. Lo encontraron y dejaron el trago, la droga, la rumba y el sexo inconsecuente. Te invitaron a aceptarlo como tu Salvador, tu Guía, tu Mapa, tu Brújula cuando Lo Inaceptable te golpee. Un día te regalaron El Libro y te dijeron que allí encontrarías todas las respuestas a los interrogantes que te aquejaban, así lo dijeron, porque El Libro es intrínsecamente sabio, ungido por La Gracia del Señor. Tus amigos te dijeron que el Señor sabía por qué pasaban Las Cosas y te enseñaría a aceptarlas y no sucumbir a La Ira, que es El Pecado. Te dijeron que confiaras en su Sabiduría y convirtieras esa confianza en una balsa para cruzar el río de La Incomprensión. Todos tus amigos encontraron al Señor y te dejaron solo. Pensaron que los acompañarías pero El Señor, para ti, es resignación, así que los dejaste irse tras Él y no te despediste porque hablaban en un idioma que no entendías. Todos tus amigos encontraron al Señor y te dijeron que te amaban, que tú sabes que te quieren, que siempre te han querido y ahora no tienen razón para ocultarlo porque el Señor monopoliza el Amor, la Caridad y los Abrazos por fuera del protocolo. Tus amigos te aseguraron que si renunciabas a ese escepticismo pernicioso despertarías a un mundo donde todo tenía Sentido y Razón, y esa Razón, te prometieron, te llenaría el Alma de Paz, te permitiría reconciliarte con la Vida, te ayudaría a entender. Hay un Propósito, te dijeron. Hay Esperanza. Todos tus amigos encontraron al Señor y ahora es difícil reconocerlos por la calle cuando te cruzas con ellos y te saludan con esa voz de incienso, te preguntan por ti y bendicen al Señor por TODO LO BUENO. Gracias, Señor, dicen, Adorado Señor Misericordioso Que No Se Olvida, atención, Que No Se Olvida De Sus Hijos Y Sólo Quiere LO MEJOR Para Nosotros. Todos tus amigos encontraron al Señor y ya no tenías de qué hablar con ellos en las fiestas regulares de reencuentro de la promoción de 1994, así que dejaste de hablarles y los sacaste súbitamente de tu lista de amigos porque te cansaste de su amor inagotable y sus palabras de aliento que ya no significan nada, que nunca significaron nada pero ahora significan todavía menos. Te llenaste de rabia, acogiste el Pecado, y mandaste a la mierda a tus amigos y su amistad impostada de tanto amor vacío y tanto consuelo paranormal, pero ahí tampoco encontraste La Calma. Por eso, y porque tenías sed, fue que empezaste a tomar.

Lunes

A medio día me entran ganas de un buen filete de ballena a medio asar.

El incidente II

Es posible, sin embargo, que esté subvalorando la naturaleza del incidente. Tal vez, sólo tal vez (con estas cosas (con casi todas) la certeza es sinónimo de ingenuidad), el incidente no es un evento puntual sino que, en realidad, su ocurrencia modifica sensiblemente la (ejem) topología del espacio de valores y prioridades que sostiene nuestro sistema de decisión personal (siempre) en desarrollo. Así, en lugar de definirnos, el incidente nos inspira. El incidente no es importante por ser el cénit de lo que somos sino porque nos enseña que podemos ser más; crea objetivos y misiones; nos motiva a escapar del tedio y ser no lo que tenemos que ser sino lo que merecemos ser.

También es posible, claro está, que el incidente sea todo esto. Que nunca dejemos de estar sumergidos en él.

El incidente

Dicen, con más o menos cierta razón, que la vida de cualquier persona se puede resumir en un sólo incidente. Uno que puede o no ser claro para la persona en cuestión. Un incidente que no contento con simbolizar, comprime la vida entera de esta persona en unos cuantos minutos de plenitud que podríamos llamar existencial aunque probablemente haya un mejor adjetivo para eso. Pero estas cosas siempre hay que pensarlas en retrospectiva porque uno no puede pasarse la vida dedicado a esperar el momento definitivo/definitorio cuando por fin todo sea claro y podamos ser lo que estamos destinados a ser. No, uno no puede vivir así.

Por otro lado, sería triste saber que ya pasó lo que tenía que pasar y de aquí en adelante sólo queda tedio, resignación e inercia.

(Cómo me gusta usar la palabra inercia.)