Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

disciplina

Pisa Nostra

Las pruebas internacionales Pisa no sólo evalúan a los estudiantes sino que los clasifican socioeconómicamente con mucho detalle. La prueba está acompañada de una encuesta con la cual se pretende conocer las condiciones de vida de los evaluados tanto dentro como fuera del colegio. Los resultados de Colombia son discutidos recurrentemente en los medios como prueba definitiva de la baja calidad de nuestro sistema escolar. En la columna del sábado pasado, Julio César Londoño explica el mal puntaje en lenguaje con una serie de estadísticas sobre los niveles de lectura nacionales. Coincidencialmente, las pruebas Pisa preguntan a los estudiantes evaluados si leen por placer. ¿Cómo le va a Colombia?

Algo así como el 62% de los niños colombianos evaluados y un 75% de las niñas colombianas evaluadas leen por placer. En promedio, Colombia supera en esta estadística a países como Canadá, Finlandia, Francia, Noruega, Alemania o Japón. ¿Intrigante? Claro. ¿Explicable? Tal vez. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que niños colombianos que generalmente no cuentan con libros en casa ni con bibliotecas accesibles (según Londoño “en el 47% de los hogares colombianos hay menos de cinco libros y en el 22% hay cero libros”) digan que leen por placer? Hipótesis: los niños colombianos responden lo que creen que esperan que respondan. Están entrenados en la complacencia como técnica de supervivencia escolar.

¿Tengo pruebas? No realmente. Pero en Pisa también le preguntan a los estudiantes qué tan frecuentemente el profesor debe esperar para que se haga silencio en clase. A continuación la tabla de resultados que cuenta el porcentaje de evaluados que aseguraron que eso no pasaba o pasaba sólo de vez en cuando:

silencio en clase pisa

Es decir, 81% de los niños colombianos evaluados no sufren interrupciones frecuentes en clase. Algo muy difícil de creer pero de nuevo explicable con la hipótesis de la complacencia como regla principal de supervivencia: la escuela colombiana promueve la idea de que el silencio respetuoso hacia el profesor es la situación deseable así que los niños responden acorde. En esta tabla también viene bien notar que Finlandia, un país reconocido mundialmente por la calidad de su sistema educativo, reporta el tercer porcentaje más bajo (63%). De pronto esa disciplina superficial de guardar silencio y asentir no es tan importante.

(De paso, aquí una nota de Daniel Vaughan sobre los valores que los padres colombianos quieren que sus hijos tengan. El comentario al final sobre las observaciones de Gadwell al respecto del accidente de Avianca en 1990 es particularmente relevante.)

Viernes

Despierto a las cuatro. Vuelvo a dormirme hacia las siete. El Kindle llega a las diez. Plinio se cae a medio día. No almuerzo. Ceno pollo asado con papas fritas. Me siento cansado y no de muy buen ánimo. La familia de Mónica llega en unas horas. Por fortuna mañana es sábado. Olvidé mandar una carta hoy. Necesito imponerme una rutina de trabajo estricta. Con Mauricio se volverá todavía más importante. Pierdo mucho tiempo. Quiero editar en formato epub y mobi el libro de cuentos que he titulado provisionalmente Inframundo. Le propuse a Laura que lo ilustre cuento a cuento. Necesito retomar la preparación del ensayo sobre matemáticas y literatura que me comprometí a entregar a final de año. Necesito estudiar esquemas diferenciales. Quiero proponerle un proyecto relacionado a Rahim para mi semestre en Waterloo. Debería volver a escribir. Tengo ideas, no sé por qué lo postergo tanto. Estaba pensando en por qué dejé de escribir la columna para El Espectador. Creo que la principal razón fue que no tengo el temperamento para escribir una columna de opinión. Para escribir una columna de opinión hay que creerse lo que uno dice, se necesita seguridad y firmeza. De lo contrario el ejercicio es fútil. Me faltan certezas para escribir columnas de opinión. Y tal vez también cierto nivel de indignación. Prefiero la ficción. Es más privada y no se necesita ser un bravucón.