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Why We Fight

El centro argumental de Why We Fight es el “complejo industrial y militar“, un término acuñado por Eisenhower para describir el aparato militar norteamericano acumulado durante la segunda guerra mundial y el inicio de la guerra fría. En su discurso de cierre de mandato, Eisenhower advirtió sobre los riesgos inherentes en sostener una estructura militar con potencial imperial (aparentemente George Washington también había señalado esos mismos riesgos muchos años antes). El documental hace énfasis en la interdependencia actual entre esta estructura militar y el poder político basado en Washington. En particular, ilustra cómo el sostenimiento del “complejo industrial y militar” se ha convertido en una de las principales motivaciones políticas para involucrar a Estados Unidos en guerras fuera de sus fronteras: (siendo burdos,) Estados Unidos va a la guerra porque su poder económico exige al poder político gasto militar, incluso al costo de mentir y desinformar a los ciudadanos que financian al estado con sus impuestos (y luego mandan a sus hijos como voluntarios a matar y matarse).

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Esto viene de otro discurso de Eisenhower que también es mencionado en el documental:

Every gun that is made, every warship launched, every rocket fired signifies, in the final sense, a theft from those who hunger and are not fed, those who are cold and are not clothed.

This world in arms is not spending money alone.

It is spending the sweat of its laborers, the genius of its scientists, the hopes of its children.

The cost of one modern heavy bomber is this: a modern brick school in more than 30 cities.

It is two electric power plants, each serving a town of 60,000 population. It is two fine, fully equipped hospitals.

It is some fifty miles of concrete pavement.

We pay for a single fighter plane with a half million bushels of wheat.

We pay for a single destroyer with new homes that could have housed more than 8,000 people.

This is, I repeat, the best way of life to be found on the road the world has been taking.

Pagaría actualizar esos números con los precios de hoy.

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Tal vez es posible ver Why We Fight como un ejercicio de psicoanálisis colectivo dentro del cual el “complejo industrial y militar” establecido y temido por Eisenhower surge como el diagnóstico obvio (¡y anticipado!) para explicar parte del comportamiento de Estados Unidos durante los últimos cincuenta años, con el debate político público como una forma de consciencia del individuo-nación (¿y el secretismo gubernamental como su subconsciente?). No sé si esto tenga mucho sentido (probablemente no) pero la analogía (producto, claro, de la acepción psicológica de “complejo”) me gusta. El documental, desde esta perspectiva, intenta desenmascarar las contradicciones y negaciones que el individuo-nación (representado por personajes a diferentes niveles del aparato de poder) sostiene para justificar entre otros su narcisismo, sus inseguridades y su forma de relacionarse con los demás.

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Of all the enemies to public liberty war is, perhaps, the most to be dreaded because it comprises and develops the germ of every other. War is the parent of armies; from these proceed debts and taxes. And armies, and debts, and taxes are the known instruments for bringing the many under the domination of the few. In war, too, the discretionary power of the Executive is extended. Its influence in dealing out offices, honors, and emoluments is multiplied; and all the means of seducing the minds, are added to those of subduing the force of the people. The same malignant aspect in republicanism may be traced in the inequality of fortunes, and the opportunities of fraud, growing out of a state of war…and in the degeneracy of manners and morals, engendered by both. No nation could preserve its freedom in the midst of continual warfare.

—James Madison, 1795

Héroes sobre nosotros

TED es una vitrina de productos a la venta. Por eso su diseño gira en torno a la charla efectista breve e insustancial propia del marketing. Le dice a la gente lo que quiere oír. TED no difunde ciencia o tecnología sino la idea de ciencia y tecnología que a sus organizadores les interesa popularizar: una ciencia superficial y simplista, encapsulada en productos adquiribles y condimentada con copiosas dosis de buena energía. Dentro de este esquema, todo avance científico o tecnológico implica necesariamente desarrollo humano. Esto no sólo es romántico (lo que no tiene por qué estar mal) sino que es perverso: ofusca los procesos políticos y económicos que impulsan, financian y dirigen la investigación. Además niega la posibilidad de valorar las implicaciones morales y sociales de la adopción de tal o cual descubrimiento. No hay tiempo para preguntarse a quién sirve qué y por qué. TED oculta en su base un discurso según el cual la humanidad es salvada y liberada por los héroes técnicos sabios que sin esperar nada a cambio, si los dejan, dedican sus vidas al progreso universal. Este es un discurso peligroso. Sin escepticismo, sin una posición activamente crítica, sin una apertura real, la ciencia se transforma en culto elitista y la tecnología en cárcel. Cuando TED imagina su futuro se proyecta sin molestia ni modestia en un templo inmenso abarrotado de gente atenta al discurso motivacional de un megalómano que promete que cambiará el mundo y recibe aplausos en respuesta. No creo que esto sea del todo autoparodia o ingenuidad. TED sabe que es la plataforma perfecta para divulgar ese tipo de anuncio.

Science and Invention
El aprendizaje pasivo es adoctrinación.
(Revista Science and Invention, diciembre de 1921)

Otra decepción más (2)

El reinado es la institución tradicional colombiana que mejor representa nuestro saber y nuestro sentir como nación, por eso no podemos permitir ese ritmo decadente que ha tomado tras el lamentable asesinato de Doña Tera (a propósito, ¿qué ha pasado con esa investigación por matricidio?) y la toma del trono por parte de su hijo, el vicioso Raimundo. Una vez más somos víctimas del racismo, una vez más la reina del Chocó queda de tercera, una vez más hay rumores de sobornos y juegos políticos y sexuales detrás de la decisión del jurado, una vez más nieva coca y heroina “terapéutica” en los camerinos. ¿Vale la pena decir que la desnalgada niña del Cesar no merecía ganar? ¿Vale la pena hacer ahínco en la injusticia infinita que significa que mi reina, Tolima, una vez más no encabece el ramillete de finalistas? No, no vale la pena. ¡Para qué!

Si el reinado fuera justo, ¿alguna vez lo ha sido?, la corona de este año la hubiera recibido el bello David Bisbal tras su presentación de anoche en Cartagena. ¡Qué donaire el del español, qué garbo, qué estilo, qué espectáculo! Bisbal es mi razón para defender a capa y espada los realities caza talentos. ¿Que son amarillistas? Bisbal. ¿Que juegan con las emociones de la gente? Bisbal. ¿Que son diseñados, que no son reales? Miren a Bisbal.

Y no es que Bisbal sea el más hermoso, porque el reinado nunca se ha tratado sólo de belleza, sino que este señor Bisbal, tras su semana en Cartagena, bien puede considerarse un representante de la mujer colombiana. Al fin y al cabo, el número de mujeres que pasaron furtivas por su suite del Santa Clara superó fácilmente la treintena. ¿Y de qué mujeres estamos hablando? De todas las mujeres. Las reinas, las actrices, las prostitutas, las presentadoras. No son pocos los que vieron salir a una reconocida presentadora de noticias del hotel en las horas de la madrugada del viernes a medio vestir; existen fotos en flickr de una bochornosa escena de Bisbal siendo seducido por la manoseada Amparo Grisales; todo el mundo sabe lo que pasó entre Bisbal y la Tono el jueves, luego de cenar con el alcalde. ¿Debe sorprendernos el resultado del reinado si sabemos además que la desvergonzada Aileen Roca Torralvo fue vista borracha y apretujada apasionadamente con Bisbal en una exclusiva discoteca de Boca Grande?

Debo aplaudir, eso sí, que las mafias paramilitares de Sucre, actualmente en crisis, no hayan podido hacer nada para prevenir la descalificación de su representante. Qué gusto me dio ver la cara de Mileth Johana Agámez López siendo despreciada por el jurado cuando disponía a unirse a las diez finalistas. Qué gusto me dio saber que hubo un intento de pelea de gatas, tras bambalinas, entre Sucre y Valle tras el anuncio del jurado. Ojalá lo hubieran televisado.

No va bien el reinado. Ya lo dije hace un año y lo repito hoy. No va bien. Es hora de que el inmundo Raimundo, valga la redundancia, sea descabezado. Es hora de que por fin gane una reina que tenga oportunidad en Miss Universo (¿será que el próximo año sí es en Colombia?). Es hora de que dejemos los remilgos con respecto a las cirugías plásticas y ejerzamos una fiscalización seria de la supuesta condición de bilingüismo que se exige a las candidatas. No hay más tiempo, amigas, es hora de tomarnos el reinado.