Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

dolores

9

El fin de semana leí Showa, A History of Japan – 1926-1939, el primero de una serie de cuatro volúmenes sobre la historia de la era Showa, escritos y dibujados por Mizuki Shigeru. Este volumen presenta el contexto histórico y social que sirvió de antesala a la guerra y la suma de circunstancias sociales y políticas que terminan volcando a Japón en el fascismo. Mizuki se vale de tres arcos paralelos: el primero es casi documental e ilustrado con dibujos realistas, el segundo es autobiográfico, paranormal y caricaturesco, y el tercero, que sirve de puente entre los dos, es la un comentario ácido-crítico a la historia oficial narrada en las secciones documentales por parte de un demonio antropomórfico con cabeza de conejo. El siguiente volumen traducido, ya en camino, cubre los años de la guerra.

Ayer leí The Book of Dolores, una compilación de auto-fotografías de William Vollmann transformado en Dolores, una mujer que encarna como parte de sus investigaciones para escribir la novela How You Are (sobre un hombre que se enamora de su versión femenina, una prostituta mexicana creada durante juegos eróticos con su amante). De cierta forma es una secuela de Kissing The Mask y sus preguntas sobre la naturaleza simulada de los femenino.

Crítica al silencio como solvente de lo que no debió ser

Las cosas malas son más difíciles de hablar que las cosas buenas. Nadie quiere hablar de las cosas malas porque articularlas implica conjurarlas en el presente, revivir la tristeza y asumir sus consecuencias postergadas. Se recomienda olvidarlas. La teoría es que si al silencio se le concede suficiente tiempo este disuelve lo que quiera que pasó, no importa lo grave que haya sido. Se pretende que el pasado sea pasado aunque siga vivo en la memoria de quien lo padeció, atrapado en la incapacidad para darle palabras por temor a lo que pueda desencadenar. Pero hay ciertos eventos para los que el tiempo no pasa: se preservan frescos en la frustración de no saber cómo afrontarlos. El pasado necesita las palabras para poder fluir y asentarse. Sin palabras que le otorguen una realidad el pasado no se resuelve ni caduca, sólo se amplifica. El dolor del pasado negado no sana.

Remedios

La última vez que cambié de gafas fue hace cuatro años. Probablemente mi miopía haya empeorado bastante desde entonces pero resisto porque la oftalmología es cara en Canadá. Para la depresión tomo yogurt. Para la soledad, esa otra enfermedad moderna inventada por El Sistema, leo, escribo y veo películas. No siempre funciona. Extraño tener amigos con quienes reunirme y conversar. El nomadismo tiene un precio. Para mis problemas intestinales tomo agua y como cosas con fibra. Los dolores los bajo con 500mg de ibuprofeno y siestas largas. Tengo una crema para después de afeitarme, aunque cada vez me afeito menos (y peor). Uso enjuague bucal cuando hay. Prefiero dentro de lo posible evadir médicos y exámenes por miedo a que me confirmen que me voy a morir pronto. Para la ansiedad tomo ginebra o duermo y como de más. Mi tobillo derecho es débil así que prefiero llevar zapatos que lo cubran. En invierno mis manos se resecan por culpa de la calefacción y necesito usar crema humectante varias veces al día para que no me duelan. Me gusta la leche de soya. Quiebro el frío a punta de ruana y té. Todavía no sé qué hacer con el calor ni con el miedo.

Necesidades primarias

La rutina es sencilla: comer, dormir, cagar, mear, llorar a gritos. Es el precio de estar cautivo en un cuerpo tan débil. De día la segunda fase de prolonga. De noche la quinta fase es central. Mi ciclo de sueño reducido sirve de muy poco. Buena parte de la exigencia física recae directamente en Mónica, quien acepta con alegría el martirio dulce de sus reclamos crípticos a llanto tendido (única herramienta comunicativa a su disposición) así como el estado lamentable de cadera y tetas (consecuencia del esfuerzo que requiere (aprender a) alimentarla). Yo apenas sirvo de asistente logístico, cambiador de pañales, humorista y niño cantor ocasional. Cuando Laia duerme todos duermen. Mi felicidad es verla.