Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

dormir

Cuarto ciclo lunar

Ahora se duerme sola. Ese es su mayor avance. Se duerme fácil, sin bailes eternos por toda la casa. Sería casi revolucionario de no ser porque tuvo una regresión (sospechamos que es producto de la gripa) y la regularidad a la hora de comer fue la mayor damnificada. Esto obviamente me angustia porque mi religión se basa en garantizar que coma cada X horas (con X inamovible), y en el estado de conmoción actual eso es casi imposible de garantizar (para cualquier X razonable). Sergio dice que me falta carácter.

*

El viaje a Nueva Orleans fue agradable. Laia disfruta el contacto y la interacción con otras personas y allá había gente y distracciones por todos lados (cosa que es más difícil ofrecerle acá en la casa). Eso contribuyó a que durmiera mejor y estuviera en general de muy buen ánimo. Durante una caminata larga por Magazine Street la acomodé en el cargador de tal manera que mirara hacia adelante. Una vez superó el vértigo del espacio infinito frente a ella parecía maravillada con la vista. También, luego, vimos nubes desde arriba.

*

La gripa ha resultado suave. Queremos creer que los anticuerpos frescos en la leche de Mónica hacen la diferencia. Tenemos una solución salina para que baje los mocos y cada vez que podemos entra al baño durante las duchas a respirar vapor. De paso, empezamos a ducharla con nosotros. Le encanta el chorro de agua en la espalda y se ríe cuando le cae en la cabeza y el agua le corre por la cara. Hoy, aprovechando que la tina está recién lavada, estuvo hundida en agua hasta el cuello jugando con unos animales de caucho (publicidad de laboratorios clínicos) que le trajo mi mamá.

Laia (un poco bizca) y las peligrosas beignets de Café du Monde.

Viernes

No pude dormir. Había personas afuera de la casa, cerca del portón, gritándole cosas al cielo. Hubo varios disparos. Oí mi voz. Estaba más furioso que de costumbre. No tenía sentido, no era justo. Entre la multitud vi al niño. Intenté llegar hasta él pero fue imposible. Quería protegerlo. Era mi responsabilidad. Era lo único que tenía. Pedí ayuda pero nadie entendía o nadie prestaba atención. Todo el mundo gritaba cosas rabiosas al cielo hasta que el cielo respondió. Con las alarmas vino el pánico y la huída. Pero no había refugios, no todavía, así que corrimos hacia las estaciones de tren más viejas y profundas, las que construyeron después de la primera guerra, y esperamos en silencio por años a que las alarmas dejaran de sonar.

[Flash 9 is required to listen to audio.]Javier Barría, La misma madera