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dudas

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Hoy un amigo dijo algo que me gustó. Dijo que hay muchos (me incluyo) que se dedican a cuestionar el propósito de lo que hacen todo el tiempo y que ese reproche permanente les impide sentirse satisfechas con sus vidas; los llena de amarguras e intranquilidades. En contra de esa tendencia, mi amigo recomienda programar momentos de cuestionamiento cada seis meses o un año para evaluar la ruta y tomar decisiones (tan rotundas como sean necesarias), pero de resto, por fuera de esos momentos de duda existencial programada, mejor hacer lo que quiera que uno esté haciendo con la convicción y el gusto de que es justo lo que corresponde hacer, sin tantas preguntas ni miedos.

Berenjena

Llevo un buen rato intentando igualar esto. Es un plato de berenjena con carne de cerdo que comemos en un restaurante en el barrio chino de Toronto cuando vamos. Es un restaurante sencillo con cara de nada especializado en comida de Sichuan. Esta es una foto que Juan Pablo nos tomó ahí. El primer avance significativo en la dirección correcta se debió al descubrimiento de un supermercado chino gigante en el pueblo. Sin berenjenas chinas no hay paraíso. El resto ha sido un ejercicio de ensayo y error no muy sistemático. Todavía hay matices de la salsa que no logro capturar. La receta básica es fácil: se cortan y doran las berenjenas, se marina la carne, se sofríe ajo y ají seco, se incorpora la carne y después la berenjena. Lo decoro con cilantro y cebolla. El gran misterio es cómo marinar la carne. Hay diferentes versiones en línea, algunas mejores que otras. Todavía no sé cómo lograr el sabor dulzón ni cuál es la proporción correcta de salsa de soya y salsa de fríjoles. Algunos sugieren pasta de ají seco al final. En fin, no sé casi nada, pero cada vez que tengo la oportunidad vuelvo a intentar. Hoy la textura del berenjenas era la correcta pero la salsa se sigue sintiendo incompleta. La próxima vez le echaré una cucharada de azúcar y jengibre rayado a ver qué pasa.

Escalafón

Problema (muy probablemente con nombre, apellido y soluciones conocidas y optimizadas): dada una base de datos (suficientemente extensa) de jugadores de un cierto juego (imaginen Tetris) que recopila su historial ordenado de puntajes, cómo decidir, a partir de la información en la base de datos y sin tomar en cuenta las particularidades del juego, quién es el mejor jugador. Una solución burda es simplemente elegir a aquel que obtuvo el puntaje más alto. Otra es elegir a quien tiene el promedio más alto. Estas soluciones no son satisfactorias: un jugador puede obtener un puntaje elevado por simple suerte pero ser regular en general y otro puede tener un promedio superior que otro sólo porque ha jugado un juego mientras el otro ha jugado cien. Tal vez, antes de proponer una solución, debería aclararse cuáles serían las condiciones de una solución satisfactoria. Una posible condición es que la solución diferencie a los jugadores tanto como sea posible, i.e., si el historial del jugador A y el historial del jugador B son distintos, (casi) siempre debería ser capaz de decidir si A o B es mejor. En el fondo, obviamente, la pregunta es cómo definir ser mejor dada la información disponible. Recibo ideas, sugerencias, referencias, extensiones, críticas, dudas, increpaciones gratuitas y demás en los comentarios. Es para un amigo.

Sondeo

En un sondeo improvisado entre mis amigos en una red social que no mencionaré, un treinta y cuatro (34) por ciento de los entrevistados (9723 personas en total) expresó interés abierto por la existencia fantasmal una vez muera. “Me gustaría ser el fantasma de alguien que sufrió una muerte horrible y atormentar hasta la locura a los culpables de su dolor”, me dice un hombre divorciado colombiano de cuarenta y tres (43) años con facilidad para las fotos comprometedoras de piscina radicado en Cajicá, Cundinamarca, Colombia. Pero luego aclara: “Aunque ojalá sin tener que sufrir la muerte horrenda personalmente, obvio. No sé si eso se pueda. No sé si se pueda ser el fantasma de alguien más.” De este treinta y cuatro por ciento, un diecisiete (17) por ciento cree en la existencia cierta de fantasmas y apenas un cinco (5) por ciento asegura haber tenido encuentros paranormales directos que justifiquen su creencia. Sólo un entrevistado (mujer colombiana “es complicado” de cerca de treinta (30) años radicada en Europa desde hace aproximadamente seis (6)) admitió haber tenido encuentros sexuales repetidos con lo que describió como entidades ectoplásmicas. Fue imposible contactar a las entidades ectoplásmicas involucradas, ambas residentes en Madrid, para reconfirmar esta información. Dato curioso: un once (11) por ciento de los entrevistados se negaron a contestar el cuestionario aduciendo lo que categorizaré como razones religiosas. Perdí tres (3) amigos en el proceso.