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educación

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Visitamos un colegio donde los niños se mueven de salón a salón a su gusto de acuerdo a las actividades que les antojen. Es uno de los primeros colegios experimentales de la ciudad. Llevan inventándose su modelo y en la lucha para mantener su independencia y al tiempo sostener su carácter público desde principios de los setenta. Los profesores sugieren actividades y proyectos alrededor de temas elegidos por los niños por votación y de resto los niños tienen libertad sobre cómo quieren invertir su tiempo. Los temas de trabajo cambian cada tres meses. No hay calificaciones ni exámenes. Tampoco cursos como tal más allá de una división amplia y no muy estricta entre pequeños (4-7) y grandes (8-11). Cuando surgen conflictos se postulan comités de niños para resolverlos, con un maestro como facilitador. También hay asambleas regulares para discusiones más globales. Los niños aprenden a su ritmo y no hay exigencias de desempeño académico o logros programados. Cada cual descubre la lectura y la escritura a su manera y a su debido tiempo. Ellos eligen su camino. Se espera, también, que los papás visiten y se involucren en actividades. Cuando le he hablado a amigos canadienses del colegio con admiración me miran como si estuviera loco por querer que Laia estudie en un sitio así, sin reglas, sin orden y por fuera de los currículos. A mí me parece un colegio feliz. Se siente desestructurado, colororido y libre, en manos de los niños. Ojalá que tengamos suerte en el sorteo. Hay muy pocos cupos cada año.

Precauciones

Con frecuencia conversamos con Laia sobre las diferentes amenazas que nos esperan afuera y la reacción adecuada en cada caso. Por lo pronto, la amenaza a la que más discusiones le hemos dedicado es, de lejos, el encuentro callejero con un Tiranosaurio Rex inmenso. Estamos preparados.

PISA nos pisa

En esta entrada de su blog, Arthur Charpentier intenta evaluar qué tan “elitista” es la educación francesa de acuerdo a los resultados del examen PISA (concluye que no particularmente). Inspirado en sus cálculos organicé algunas gráficas intentando visualizar/evidenciar desigualdades en los resultados de PISA 2012 con énfasis en Colombia. Por lo pronto sólo hay gráficas y muy poco comentario (tal vez porque prefiero no forzar interpretaciones y me gustaría, más bien, conversarlas por acá si alguno se anima). El código que genera el documento está acá.

Aquí, por ejemplo, está una gráfica que permite comparar las distribuciones de puntajes en matemática para varios países (diferenciadas por sexo):

Distribuciones puntajes PISA 2012

En el documento hay otras formas con diferentes énfasis de hacer esta misma comparación.

Imperdurables

La propagación de la figura del instructor temporal (cariñosamente apodado temp en el argot académico anglo) relega la función educativa de las universidades a la última prioridad posible. Los temporales somos una evidencia más del desprecio por la enseñanza que el medio universitario camufla torpemente excusándose en la calidad y fama de sus profesores-investigadores, todos grandes ejecutivos de esa industria sublimada de producir artículos para consumo y beneficio de nadie más que ellos mismos. Para propiciar que alcancen sus grandezas mezquinas y caprichosas, las universidades contratan docentes ocasionales que suplan la demanda de esos cursos básicos (casi todos) que los refinados profesores evaden activamente: no están a su altura, no tienen tiempo para esas pequeñeces, la docencia es tal vez demasiado mundana.

Pensaba en eso mientras hablaba con mis estudiantes de este curso de verano que recién termino. Pienso en eso regularmente cuando dicto clase. Me incomoda mucho. Esa jerarquía de profesores de primer y segundo nivel, con los primeros posando para las fotos y ofreciendo entrevistas o seminarios elevados para que los aplaudan y coman cuento y los segundos medio invisibles y menos pagados haciendo el trabajo que se supone que corresponde a los primeros (el trabajo que es la misión de la universidad, lo que le da sentido) es no solo desagradable sino contraproducente. En mi caso personal alcanzo a sentir cómo me impulsa hacia la mediocridad y el cinismo: si mi tarea es dictar este curso y no más que este, si no hay ninguna posibilidad de una afiliación duradera con la universidad, si planear y proponer cursos es imposible, no tiene sentido que le dedique a la tarea asignada más que el mínimo de tiempo y energía posible (aunque igual me termino matando porque la ansiedad me puede aunque la plata no pague realmente mi tiempo invertido). Es un trabajo que no es apreciado. Lo más triste es que los estudiantes (cada vez más abandonados y perdidos en las burocracias universitarias, sin guías que los conozcan, acompañen y les propongan caminos) son los mayores perjudicados.

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Graciosa esta historia de cómo el gran capital del Valle del Silicio encabezado por Zuckerberg invirtió en una reforma radical del sistema educativo de la ciudad de Newark y tres años y pucho después salieron de ahí prácticamente sin resultados y con el rabo entre las piernas. El mercado tampoco logra desenredar el problema social, apenas lo peina. La impresión que me deja es que las propuesta de reforma que se basan en la fundación de un sistema alternativo de educación pública usualmente funcionan bien en sus primeras etapas (como experimentos pequeños de intervención en una comunidad, muy localizados) pero cuando se pretenden escalar terminan padeciendo los mismos problemas de desorganización, descontrol y desviación de fondos de los sistemas que pretenden reemplazar. La plata que se propone y exige para la educación muy pocas veces llega de forma concreta a mejorar las condiciones de vida los estudiantes ni mucho menos su futuro: se pierde entre estudios, consultorías, reclamos, peleas políticas y demás mezquindades mientras que los muchachos (que supuestamente a todo el mundo le preocupan y son el futuro y la prioridad) siguen en las mismas: estafados, despreciados y abandonados.

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No había leído este ensayo brutal de Thomas Frank en The Baffler sobre el estado de la educación superior:

What can I add to this dreadful tale? That it continues to get worse, twenty years after it began? Is there anything new to be said about the humiliation that the lumpen-profs suffer at the hands of their so-called colleagues? Can I shock anyone by describing the shabby, desperate lives they lead as they chase their own university dream? Will it do any good to remind readers how the tenured English dons of thirty years ago helped to set the forces of destruction in motion simply because producing more PhDs meant a lighter workload for themselves?

El ensayo es sobre el sistema de educación superior gringo, pero como ese es el referente en Latinoamérica las críticas son al mismo tiempo llamados a la cautela para esos procesos de imitación de todo lo que se hace en Estados Unidos.

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Miguel Gualdrón me recomendó El maestro ignorante de Rancière. Apenas he leído la introducción, pero me llama mucho la atención la premisa (un maestro curtido que de repente, por cosas de la guerra y los exilios, descubre que no es tan esencial como pensaba en el proceso de aprendizaje de sus estudiantes). Creo que conecta bien con lo que decía hace pocos días sobre la pretensión de ciertos profesores de “enseñar a pensar”. Aquí un aparte (traducción mía a la carrera) donde se discute el papel del maestro como explicador designado:

La explicación no remedia necesariamente una incapacidad para entender. Todo lo contrario: esa incapacidad provee la ficción que estructura la concepción explicativa del mundo. Quien explica necesita al incapaz y no al contrario; él es quien declara al incapaz como tal. Explicar algo a alguien es antes que nada mostrarle que él no puede entenderlo por sí mismo. Antes de ser el acto del pedagogo, la explicación es el mito de la pedagogía, la parábola de un mundo dividido entre las mentes que saben y las ignorantes, mentes maduras e inmaduras, capaces e incapaces, inteligentes y estúpidas. El truco de quien explica consiste en ofrecer un gesto inaugural doble. Por un lado, decreta el inicio absoluto: es sólo ahora cuando el acto de aprender comenzará. Por otro lado, una vez tendido el velo de ignorancia sobre todo lo que será aprendido, se autonomina como el encargado de retirarlo. Hasta que él llegó el niño escalaba a ciegas, resolviendo acertijos. Ahora va a aprender. Antes oía palabras y las repetía. Pero ahora es el momento de leer, y él no va a entender palabras si no entiende sílabas, y no entenderá sílabas si no entiende letras que ni un libro ni sus papás podrán hacerle entender — sólo la palabra del maestro lo hará. El mito pedagógico, decíamos, divide el mundo en dos. Más precisamente, divide la inteligencia en dos. Dice que hay una inteligencia inferior y una superior. La primera registra percepciones por accidente, las retiene, interpreta y repite empíricamente, dentro del círculo cerrado de hábito y necesidad. Esta es la inteligencia del niño y el hombre del común. La inteligencia superior sabe a través de la razón, procede por método, de lo simple a lo complejo, de las partes al todo. Esta es la inteligencia que permite al maestro transmitir su conocimiento tras adaptarlo a las capacidades intelectuales del estudiante y también le permite verificar que el estudiante haya entendido satisfactoriamente lo que aprendió.

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Sería chévere armar un sistema de recomendación de cursos para una universidad grandecita con programas flexibles. Cuando estaba en el pregrado tomé como cinco cursos electivos de más por puro desparche (el programa era bastante monolítico) pero siempre penaba al principio del semestre intentando elegir entre la bandeja de decenas de cursos posibles (la estrategia popular era inscribir unos cuatro o cinco de más y descartar la mayoría durante las primeras dos semanas). En universidades donde los requisitos de los programas son pequeños y hay mucha libertad de elección de caminos, como las gringas, ese proceso debe ser todo un martirio por más asesores de pregrado que ofrezcan. Ocasionalmente he intentado ayudar a algunos estudiantes a decidir qué cursos les convienen más, pero siempre es desde la más completa oscuridad. De pronto se podría hacer mejor. La clave, creo, sería que el sistema evadiera de alguna forma inteligente la homogeneidad de elecciones e impulsara la amplitud disciplinaria. No tengo ni idea cómo se podría lograr algo así.

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Una forma de medir las limitaciones en la estructura mental de una persona es preguntarle cómo enseñaría a unos niños a pensar. Cualquier respuesta que parta de intensificar el estudio formal de algún área del saber académico (sea lógica, filosofía, gramática, neurociencia o estadística) es prueba de que la persona en cuestión está atrapada en un cajón sociocultural desde el cual el pensamiento se vuelve equivalente al dominio de esos saberes técnicos. Confunde pequeñas teorías con el mundo.

Yo no creo que se pueda enseñar a pensar. Todo el mundo piensa. Lo que sí se puede es acompañar aprendizajes y ofrecer herramientas para organizar y expresar mejor lo que se piensa. Para no perderse. Tal vez es posible encontrar algunas de esas herramientas al fondo de cualquiera de esas disciplinas, pero el dominio de ninguna de ellas garantiza nada en ese sentido. De hecho cada vez es más frecuente que la academia promueva la redacción ininteligible como sublimadora de ideas. En lugar de organizar y aclarar lo que se piensa, se insta a oscurecerlo para que parezca inaccesible y por ende profundo. Es una forma burda de justificarse.

En la práctica, tan buena es la gramática para aprender a pensar como el fútbol, la jardinería o la astronomía.

A decir verdad la jardinería podría ser un poco mejor.

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Los resultados de Pisa merecen atención pero también cuidado en su interpretación. Pisa, como todo examen, evalúa un contenido dado. Se parte del supuesto de que este contenido es estándar. Se asume que el diseño del examen toma en cuenta sesgos culturales. ¿Qué tanto? Es difícil de saber. Sin duda Pisa se acomoda mejor al sistema educativo de ciertos países que a otros. En últimas lo que Pisa mide es la cercanía del sistema educativo de un país al ideal que la organización propone. No creo que las personas al frente de la educación colombiana tengan claro cuál es ese ideal que Pisa promueve implícitamente con su examen. (Es discutible (o debería serlo) que ese sea un objetivo que debamos adoptar, por cierto.) Ni siquiera creo que esas personas tengan algún objetivo claro en mente. La verdad es que el sistema educativo colombiano está tan a la deriva y su existencia es tan difusa que es casi imposible tomar los resultados de Pisa como demostración de algo distinto a su abandono. La capacidad del examen para evaluar algo profundo (estilo “la capacidad de los muchachos para resolver problemas” — de paso: ¿cómo se puede esperar medir con un examen escrito la capacidad para resolver problemas cotidianos de unos muchachos que no saben leer ni escribir?) es contingente a que contemos con un sistema educativo relativamente organizado y mínimamente funcional, cosa que en Colombia, no nos mintamos, todavía no existe. En tanto que la calidad del sistema educativo dependa de la buena voluntad de héroes anónimos dispersos rodeados de un mar picado de mediocridad los resultados lamentables en las pruebas Pisa no hablarán de maestros ni de estudiantes ni de colegios sino de la ineptitud de los políticos y funcionarios y su desprecio más que evidente por el futuro del grueso de los colombianos.

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colegios distritales
Un abrebocas de algo que estoy haciendo ahora. Cada punto es un colegio distrital (oficial). Entre más oscuro el tono de azul, menor la mediana de los puntajes en matemática en Saber 11 (2013). Los colegios por concesión están demarcados con una corona naranja. Clic en el mapa para ver más grande.

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Los más educados es un pequeño documento interactivo en desarrollo, una herramienta, si se quiere, para pensar los resultados de las pruebas Saber 11 a nivel regional. Todavía no está terminado pero ya hay suficiente para jugar.

El viernes Jorge me escribió con la idea, era realmente sencilla: aparentemente no hay un documento oficial donde el Icfes discuta los resultados de los exámenes a nivel municipal. Y menos centrándose en los colegios públicos. Son dos restricciones fáciles de implementar. Después bastaba hacer algo de estadística descriptiva elemental para mirar los datos e intentar sacar preguntas de ahí. El propósito es que sea algo fácil de leer y usar. Más para la gente que para académicos. Ojalá que promueva una discusión pública del estado de la educación estatal que supere la fase de los “cien mejores colegios” y haga que los gobernantes y funcionarios regionales sean responsabilizados de los resultados de los colegios en su jurisdicción.

A veces pareciera que los colegios públicos no le importan a nadie. Como son públicos entonces pocos los consideran propios. La gente que decide cosas en Colombia por lo general estudió en colegios privados (para ilustrar, aquí hay una gráfica del número de estudiantes de último grado en colegios públicos y privados por “estrato” en 2011). En los círculos sociales de mis amigos nadie tiene hijos estudiando en colegios públicos. Es considerado medio impensable. Es crucial encontrar estrategias que superen las buenas intenciones para revalorar los colegios públicos y que recuperen el prestigio que alguna vez tuvieron (aquí hay una iniciativa seria y bien argumentada en esa dirección). El descuido social y gubernamental en el que se encuentra el sistema de colegios públicos lo ha convertido en un generador de exclusión social financiado con impuestos en lugar de ser el promotor de movilidad social que le corresponde. Un primer paso para devolverles su importancia es seguir atentamente su desempeño.

Es obvio que los resultados de los exámenes de estado no son un indicador contundente de lo que quiera que sea la “calidad de la educación”, pero pueden ser usados como un primer criterio a la mano para medir el impacto de políticas públicas. Lo ideal sería repetir este ejercicio regularmente y difundirlo tanto como se pueda.

El código en R para calcular los gráficos y tablas está disponible en este repositorio. Está desordenadísimo pero supongo que puede ayudar a alguien que quiera hacer gráficas similares. Si tengo tiempo intentaré pulirlo durante las próximas semanas, a medida que añado más información al documento.

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dos_mapas_educacion
De acuerdo a un censo educativo de 2012 y estimados de población del Dane para el mismo año. Código, datos y otras gráficas en este repositorio.

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Gracias a José Rafael Espinosa conseguí una base de datos con los resultados de las pruebas Saber 11 de 2011 a nivel de estudiante (~572K entradas). No tiene los resultados de la prueba discriminados por área, sólo el promedio, pero para compensar tiene como 180 variables con datos sobre el estudiante y su entorno. Todo un banquete para este humilde lector de tablas.

Arranquemos con una gráfica que hace rato me debía, mirando cómo los resultados de la prueba cambian de acuerdo al nivel socioeconómico (medido por el “estrato”) del estudiante. Para enriquecerla diferencio colegios privados de públicos. Todo es más o menos como se espera:

saber-estratos-tipodecolegio

Entre más plata, mejores resultados. Menos promocionado pero también bien sabido: las diferencias en resultados entre colegios públicos y privados no son tan drásticas si se toman en cuenta las condiciones socioeconómicas de las familias de los estudiantes. Para entender el comportamiento de las distribuciones de colegios públicos en los estratos altos hay que tomar en cuenta de cuántos muchachos hablamos en cada grupo:

cuentas-colegios-estratos
Estrato 4: 3657 en público y 16258 en privado. Estrato 5: 452 en público y 7292 en privado. Estrato 6: 156 en público y 4634 en privado.

Mejor dicho: a partir de estrato cuatro las familias prefieren fuertemente los colegios privados para sus hijos. Y ahí es más o menos donde empieza la desigualdad.

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Otra curiosidad: ¿Qué diferencia hace en los resultados que los padres del estudiante sean maestros?

papamaestro-promedios

Pero claro, si un papá es maestro es probable que la familia sea de estrato medio alto y a eso se deba la diferencia. Miremos cómo se distribuyen los hijos de padres maestros por estrato:

cuentas-padresmaestro-estrato

Tal vez esa es la razón de la diferencia. Otra posible razón es el tipo de colegio que eligen para sus hijos. De la gráfica de arriba sabemos que en estrato tres los estudiantes de colegios públicos todavía superan a los de colegios privados. ¿Pasa lo mismo si nos restringimos a hijos de maestros? ¿Y qué hay de los hijos de padres que no son maestros?

cuentas-estratos-maestros

Hipótesis: los maestros colombianos prefieren que sus hijos estudien en colegios privados.

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Fiebre de Laia y poca cabeza en general. Sigo mirando los resultados de Pisa. Esta es una de esas gráficas que siempre me impresionan:

puntajes de pisa colombia
Puntajes de matemática y lectura de todos los colombianos evaluados por Pisa 2012, con un código de color los diferencio por género.

Y otra que me parece graciosa:

numeros propios
Los números propios son un concepto inventado por los evaluadores. Incluyen esa pregunta para medir overclaiming (¿traducción?) de los estudiantes. Clic para verla grande.

En su defensa, no siempre son así de descarados (o de pronto “números propios” suena muy cercano a otros conceptos de uso común y los confunde):

escsubj
Clic para verla grande. De nuevo, la escala subjuntiva es un invento de los evaluadores.