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el espacio

Prensa supersticiosa

En la columna de hoy comento el tratamiento y enfoque que la prensa nacional le dio en días pasados a la “noticia” de una niña de 30 días de nacida con quemaduras en el cuerpo que, según su mamá, “aparece” en los lugares más insospechados, como la nevera y la lavadora.

A continuación, para ilustrar, una muestrario de titulares (probablemente las notas en televisión fueron todavía peores, pero no tuve el gusto):

Ahora comparen con la nota aparecida en el reconocido periódico amarillista bogotano El Espacio: ‘Mi bebé de 30 días camina y se rie a carcajadas’ afirma una madre y La historia del bebé de Lorica ‘El niño muestra señales de maltrato’. (En el segundo artículo, por cierto, reportan que ahora los vecinos le lanzan piedras a la casa donde vive la niña.)

A continuación quiero reiterar las preguntas que abrí en la columna y hacer unas cuantas más:

  • ¿Cuál es el sentido de este cubrimiento irresponsable? La respuesta obvia es que el propósito del tratamiento es entretener. Sólo eso explica la falta absoluta de contraste. “Las cosas más raras e insólitas de este país ocurren en la costa. No es de extrañar”, dice un comentarista de El Colombiano. Esa es la reacción esperada. El problema de que del otro lado haya una niña de un mes de nacida con quemaduras es menor. Lo importante es el ángulo sobrenatural. Niños quemados en Colombia hay de sobra. Eso no es noticia.
  • ¿Son conscientes los periodistas de las consecuencias de un cubrimiento enfocado de esta manera? Probablemente no. Suena gracioso y eso basta. El hecho de que el tipo de cubrimiento refuerce las supersticiones y aumente el riesgo de daño para la niña no parece ser considerado por nadie. Al fin y al cabo lo que reportan es una ficción.
  • ¿Cuál debe ser el papel de autoridades como los sacerdotes locales en casos como estos? Definitivamente no contribuír al pánico, el maltrato y las acusaciones negativas. Como decía Nicolas Djomo Lola, Obispo de Tshumbe, Congo, en el Sínodo para la Nueva Evangelización 2012 (vía Clara):

    Nuestro contexto, como en otros países africanos, ha estado, y sigue estándolo, dominado por las guerras y la violencia con sus consecuencias desastrosas sobre el hombre y la sociedad. Las guerras y la violencia han desestructurado a las personas y la vida social tanto a nivel psicológico, como moral y espiritual. Cristianos y no cristianos, frágiles, desorientados y angustiados se ponen a la búsqueda de soluciones fáciles. Las encuentran recurriendo, en nuestro perjuicio, tanto a la brujería como a las sectas e iglesias llamadas “del despertar”. Éstas, en su propuesta del Evangelio, privilegian la lucha contra los malos espíritus, a menudo identificados con los miembros cercanos de la familia, lo que destruye aún más las relaciones en el seno familiar.

  • ¿Cuál la imagen que los medios de comunicación locales y nacionales pretenden ofrecer de la Colombia rural a través de este tipo de noticias? Los pueblos como Lorica no son noticia. Sus historias y la vida (y muerte) de sus habitantes son generalmente ignoradas por los medios de comunicación. Es por lo menos triste que esta sea la única atención que Lorica (una población de más de cien mil habitantes) reciba: una caricatura que fortalece gratuitamente estereotipos de ignorancia y atraso, e ignora alegremente la realidad social circundante.
  • ¿Cómo es posible que la nota de El Espacio (desde el mismo titular) supere en calidad y seriedad periodística a las de los otros cuatro periódicos enlazados? ¿Qué sugiere esto sobre el periodismo colombiano actual?

Distancia

Fue como una distancia. Así. Sin adioses. Sin clausuras. Una oración sostenida entre lengua y garganta que no nace porque no hay aire a donde vamos, ni sol, ni cielo. Vamos hacia la distancia que nos espera con la esperanza de que al llegar, al reencontrarnos, recordemos.

A continuación algunos recuerdos en ningún orden en particular.

El primer recuerdo es la niña postrada ante el cilindro luminoso. Así la conocí.

El segundo es su voz en loop filtrada y recompuesta digitalmente para ser emitida sin parar a través de altavoces en un centro comercial, en el metro, en mi teléfono, y que sólo nosotros la escuchemos. Su voz de niña que entiende cosas que jamás podríamos entender y que nos habla como su fuera nuestra niña (gran) hermana mayor para decirnos que nos preparemos para eso que es imposible prepararse, que comprendamos que algún día tenía que pasar.

El tercero es la ventana del tren: las orugas gigantes que parecen campos de te, la gran montaña nevada dormida y amenazante, el humo de las fábricas en animación suspendida, la sensación de plenitud súbita ante el reconocimiento de la misión.

El cuarto es el día de mi nacimiento que es también el día de mi partida que es también el día que vi a mis papás por última vez y mis papás me dijeron que me extrañarían y me pidieron, me rogaron, que no los olvidara.

Podría seguir.