Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

el espectador

Obediencia ciega

La columna de hoy es sobre Compliance, una película que mencioné acá en el blog hace unos días. En esa entrada hablé de las dificultades inherentes a ver algo así. Realmente es muy difícil. Aquí estuvimos dos veces a punto de desistir. Nos sentimos insultados. Finalmente perseveramos por el puro morbo masoquista de entender en qué consistía el complot así todo pareciera traído de los cabellos. Generalmente mencionan el experimento Milgram como referente del fenómeno que ilustra la película. Todavía no estoy seguro de que sea exactamente lo mismo. De pronto es un factor. Para mí lo crucial es la cesión de poder (¿voluntaria? ¿sutilmente impuesta? ¿flagrantemente impuesta?) a instituciones diseñadas para potencialmente oprimirnos, así como la confusión relacionada entre obediencia y respeto (a esas mismas instituciones).

Por si las moscas, aquí de nuevo el enlace a la página en wikipedia sobre esa serie de crímenes.

Quién manda a quién

La columna de hoy trata sobre la transformación del computador en una máquina de entretenimiento con capacidades limitadas para ser programada por su usuario. Esta transformación está convirtiendo a los usuarios en espectadores. Aunque todavía es posible instalar compiladores e intérpretes de lenguajes de programación en los computadores actuales, esta posibilidad no es promovida por sus productores ni impulsada por establecimiento educativo. En un sistema económico consumido por el software semejante tendencia debería ser por lo menos cuestionable. Pero incluso sin entrar en discusiones económicas, dada la ubicuidad de los computadores y la digitalización progresiva de buena parte de las actividades humanas, la capacidad para programar ofrece a los usuarios una relación menos pasiva con las máquinas que administran sus vidas. Al final es un problema casi político: estamos permitiendo, por pura ignorancia, que los computadores personales se conviertan en otro medio de opresión y control.

*

Aquí veintisiete formas de aprender a programar en línea todas muy razonables (Codeacademy tiene hasta versión en español (dudoso, eso sí)). De paso recomiendo este manual de programación para Processing. Está muy bien escrito. También está este video log cheverísimo de desarrolo de una aplicación animada en Javascript.

Saber y perder

La columna de hoy (o de ayer, no la veo en portada hoy domingo, pero se supone que salió hoy) se desprende de una revisión sencilla de los resultados por colegios de las pruebas Saber 11 de este año y el pasado jugando con herramientas elementales de estadística descriptiva disponibles en cualquier hoja de cálculo.

Como complemento, la observación que desencadenó la columna: en la página de la revista Dinero donde los resultados de este año están disponibles para descarga se lee:

Siglas: Dado que la mayor parte de los colegios son privados (no oficiales) solo se indica cuando son públicos (oficiales) mediante la sigla “(Of)”.

Como la anotación me intrigó, filtré los datos para mirar cuántos colegios tenían “(Of)” al final del nombre. El resultado, 8168 de 12615. Es decir, un 64%. de los colegios son oficiales; no precisamente una minoría. Al contar estudiantes (en lugar de colegios) se descubre que un 71.77% de las personas que presentan las pruebas Saber 11 estudia en un colegio oficial. Quedé con la duda de si los periodistas de Dinero se equivocaron o si de verdad piensan que la mayor parte de los colegios colombianos son privados y no se molestaron en contar. Como sea, la anotación ilustra bien la profundidad con la que los muchachos de Dinero estudiaron sus datos.

De paso: un análisis (pdf) de las ventajas de los colegios privados de acuerdo a las pruebas Pisa.

Sesgo en públicos 2012: 0.526599249105; Sesgo en privados 2012: 1.02662898427; Promedio en públicos 2012: 42.8033300686; Promedio en privados 2012: 46.0227293165; Mediana en públicos 2012: 42.7; Mediana en privados 2012: 44.65. Sesgo en públicos 2011: 0.207080369486; Sesgo en privados 2011: 0.673856432328; Promedio en públicos 2011: 42.2170533907; Promedio en privados 2011: 45.6859889984; Mediana en públicos 2011: 42.26; Mediana en privados 2011: 44.65 (Qué sencillo y agradable utilizar los cuadernos de iPython y la librería Pandas de análisis de datos para hacer estos cálculos, por cierto.)

La muerte de Clisman Túquerres

La columna de hoy habla sobre la muerte de Clisman Túquerres, un muchacho de 19 años que falleció el domingo pasado en Cali, tras recibir un disparo en la cabeza durante una discusión con agentes de la policía.

Burbujas en el agua

La columna de hoy ahonda en las declaraciones imprecisas que Rodolfo Llinás ofreció la semana pasada sobre “una nueva agua” para entender de qué estaba hablando y contextualizar su aporte. La ciencia no son los resultados sino los procesos para llegar a ellos. Cuando se reportan resultados es crucial explicitar estos procesos y sus limitaciones para distinguirlos de la pseudociencia que abunda. A continuación varios enlaces para complementar la lectura de la columna:

  • La columna fue producto de los reclamos (justos) de Pere Estupinyà en su blog de seguimiento al cubrimiento científico en español. Óscar lo enlazó en Twitter.
  • Mi impresión de los primeros reportes de las declaraciones de Llinás (Estupinya las enlaza casi todas) era que los periodistas no habían entendido de qué hablaba. Pero la entrevista extensa que Yamid Amat le hizo deja claro que Llinás no contribuyó mucho a reducir la confusión.
  • Por si acaso, para que quede claro que esta no es una discusión sobre sus méritos, aquí la lista (de acuerdo a Pubmed) de los artículos científicos de Llinás. Suma trescientos cuarenta.
  • Esta es la página donde Revalesio reporta el estado de sus investigaciones con RNS60. Llinás es mencionado acá.
  • Artículo extenso en The New Scientist (pdf) sobre nanoburbujas, con énfasis en las dificultades físicas para explicar su existencia. Las aplicaciones que propone Revalesio son mencionadas al final.
  • Este es el único artículo (de acuerdo a Pubmed) donde RNS60 es mencionado. Ahí se reporta que contribuye a reducir la inflamación de la glía. Y aquí está el resumen del afiche que presentaron en el congreso de la sociedad para la neurociencia hace un mes.
  • En este artículo reportan los avances en limpieza de lagos con el uso de nanoburbujas.

Prevenir lo inevitable

La columna de hoy habla sobre lo que los sismólogos pueden hacer y lo que no pueden hacer. Resumiendo: Los sismólogos no pueden predecir terremotos pero sí pueden estimar (muy burdamente) una probabilidad de que un terremoto ocurra en un cierto lugar, así como su rango de magnitudes posibles y otros detalles así. Por eso es que aunque los sismólogos italianos no podían predecir el terremoto de L’Aquila, estaba cantado que La Aquina podía recibir un susto como ese cualquier día. La falta de prevención (y no de predicción) fue lo que produjo la tragedia. Quienes dicen que los científicos fueron condenados por entregar información errada se equivocan: fueron condenados por no decir algo que no tenían cómo decir (i.e., que el terremoto venía.) En Colombia el caso de Tumaco es emblemático tanto por el tamaño legendario del terremoto de 1906 como por la situación de abandono estatal de la ciudad. En un artículo para Universo Centro ahondaré más en la discusión sobre las capacidades de los sismólogos para predecir y algunos detalles relevantes del caso italiano. Por lo pronto dejo unos cuantos enlaces.

Sobre Tumaco

  • Aquí se puede bajar el plan de contingencia contra tsnunamis de la ciudad de Tumaco. Incluye párrafos como el siguiente:
    El sistema principal de alarma para tsunami de origen cercano será el acordado por el CLOPAD en 2002, es decir el sistema de alarma personal. Este sistema consiste en la decisión personal de cada habitante de dirigirse a la zona segura más cercana cuando sienta un sismo que le dificulte mantenerse en pie.

    Por si las moscas, también hay (o al menos fueron recomendadas) once sirenas.

  • Aquí una foto de Tumaco desde un satélite para entender mejor la gravedad de la vaina:
  • Este es un artículo ya clásico donde se estudia la relación entre el terremoto de 1906 y los otros tres terremotos posteriores. El artículo sugiere que los tres posteriores no son suficientes para descargar la energía del de 1906 y por tanto todavía hay un golpecito pendiente por ahí más bien pronto.
  • Y este artículo, más reciente, usa modelos computacionales y concluye lo contrario: los tres terremotos posteriores sí parecen haber quemado otro cartucho parecido al de 1906, pero en cuotas más “amables” (aunque “amable” sea un decir, porque en el de 1979 murieron como 500 personas en Tumaco.)
  • Convocatoria al último simulacro general de evacuación de la ciudad, en 2010.

Sobre el caso de L’Aquila

Prensa supersticiosa

En la columna de hoy comento el tratamiento y enfoque que la prensa nacional le dio en días pasados a la “noticia” de una niña de 30 días de nacida con quemaduras en el cuerpo que, según su mamá, “aparece” en los lugares más insospechados, como la nevera y la lavadora.

A continuación, para ilustrar, una muestrario de titulares (probablemente las notas en televisión fueron todavía peores, pero no tuve el gusto):

Ahora comparen con la nota aparecida en el reconocido periódico amarillista bogotano El Espacio: ‘Mi bebé de 30 días camina y se rie a carcajadas’ afirma una madre y La historia del bebé de Lorica ‘El niño muestra señales de maltrato’. (En el segundo artículo, por cierto, reportan que ahora los vecinos le lanzan piedras a la casa donde vive la niña.)

A continuación quiero reiterar las preguntas que abrí en la columna y hacer unas cuantas más:

  • ¿Cuál es el sentido de este cubrimiento irresponsable? La respuesta obvia es que el propósito del tratamiento es entretener. Sólo eso explica la falta absoluta de contraste. “Las cosas más raras e insólitas de este país ocurren en la costa. No es de extrañar”, dice un comentarista de El Colombiano. Esa es la reacción esperada. El problema de que del otro lado haya una niña de un mes de nacida con quemaduras es menor. Lo importante es el ángulo sobrenatural. Niños quemados en Colombia hay de sobra. Eso no es noticia.
  • ¿Son conscientes los periodistas de las consecuencias de un cubrimiento enfocado de esta manera? Probablemente no. Suena gracioso y eso basta. El hecho de que el tipo de cubrimiento refuerce las supersticiones y aumente el riesgo de daño para la niña no parece ser considerado por nadie. Al fin y al cabo lo que reportan es una ficción.
  • ¿Cuál debe ser el papel de autoridades como los sacerdotes locales en casos como estos? Definitivamente no contribuír al pánico, el maltrato y las acusaciones negativas. Como decía Nicolas Djomo Lola, Obispo de Tshumbe, Congo, en el Sínodo para la Nueva Evangelización 2012 (vía Clara):

    Nuestro contexto, como en otros países africanos, ha estado, y sigue estándolo, dominado por las guerras y la violencia con sus consecuencias desastrosas sobre el hombre y la sociedad. Las guerras y la violencia han desestructurado a las personas y la vida social tanto a nivel psicológico, como moral y espiritual. Cristianos y no cristianos, frágiles, desorientados y angustiados se ponen a la búsqueda de soluciones fáciles. Las encuentran recurriendo, en nuestro perjuicio, tanto a la brujería como a las sectas e iglesias llamadas “del despertar”. Éstas, en su propuesta del Evangelio, privilegian la lucha contra los malos espíritus, a menudo identificados con los miembros cercanos de la familia, lo que destruye aún más las relaciones en el seno familiar.

  • ¿Cuál la imagen que los medios de comunicación locales y nacionales pretenden ofrecer de la Colombia rural a través de este tipo de noticias? Los pueblos como Lorica no son noticia. Sus historias y la vida (y muerte) de sus habitantes son generalmente ignoradas por los medios de comunicación. Es por lo menos triste que esta sea la única atención que Lorica (una población de más de cien mil habitantes) reciba: una caricatura que fortalece gratuitamente estereotipos de ignorancia y atraso, e ignora alegremente la realidad social circundante.
  • ¿Cómo es posible que la nota de El Espacio (desde el mismo titular) supere en calidad y seriedad periodística a las de los otros cuatro periódicos enlazados? ¿Qué sugiere esto sobre el periodismo colombiano actual?

De mujeres y hombres

La columna de hoy (malísimo título, lo admito — por un rato se llamó Jennifer versus John pero eso me sonaba todavía peor) es el resumen de una charla a la que asistí la semana pasada durante el congreso de neurociencias aprovechando que Laia estaba dormida (sobre mí). La vi desde la puerta del auditorio por si acaso. Mónica se interesó hace unos años en el trabajo de Melissa Hines y compró su libro, así que cuando nos enteramos de que hablaría la incluímos en la agenda. Valió la pena: es un trabajo muy bien hecho y lleno de preguntas buenísimas (e.g., ¿por qué los seres humanos somos la única especie con “identidad de género”? ¿por qué la variabilidad de intereses sexuales entre los seres humanos es tan vasta? ¿a qué corresponden esos fenómenos a nivel cerebral?) Al salir de la charla hablamos con Mónica de la proporción de mujeres contra hombres en el congreso. No encontré datos oficiales pero estoy casi seguro de que las mujeres eran mayoría. Más del sesenta por ciento, estimo. Las mujeres en ciencia están subrepresentadas en posiciones de poder, como digo en la columna, pero en biología y afines son el grueso de la fuerza de trabajo ya sea como estudiantes, técnicos de laboratorio o postdocs mal pagadas, mientras que los hombres dominan las plazas como profesores y directores de laboratorio. Los resultados del estudio de Moss-Racusin (pdf) que resumo en la columna muestran que esta situación está lejos de cambiar sin reformas estructurales serias y muy probablemente una buena dosis de discriminación positiva (en caso de que todo lo demás falle).

Curiosamente estaba por escribir esta entrada cuando Jaime me envió este enlace. No me sorprende. Es lo que se espera de los miembros hombres de una comunidad que funciona así. Seguro que ese tipo piensa que tienen a las mujeres en sus laboratorios y conferencias para consumo sexual a conveniencia, como en Lightning Rods, de Helen DeWitt.

Matones patentes

La columna de hoy describe (muy) a grandes rasgos el desastre que han desencadenado dentro de la industria tecnológica gringa las patentes de software. El dato sobre el gasto de Google y Apple el año pasado que menciono proviene de un artículo reciente en el New York Times. Esta es la cita completa:

In the smartphone industry alone, according to a Stanford University analysis, as much as $20 billion was spent on patent litigation and patent purchases in the last two years — an amount equal to eight Mars rover missions. Last year, for the first time, spending by Apple and Google on patent lawsuits and unusually big-dollar patent purchases exceeded spending on research and development of new products, according to public filings.

El año pasado un intento de reforma del sistema de patentes se hundió en el congreso. Aquí un buen reportaje de lo que pasó, con intrigas y trucos sucios al por mayor. También el año pasado, This American Life dedicó un programa entero al asunto. Vale muchísimo la pena. Este artículo largo (pdf) de Michele Boldrin y David K. Levine para el Banco de la Reserva Federal de St. Louis presenta a detalle el problema (con análisis económicos y demás juguetes) y al final propone abolir el sistema de patentes del todo, sin compasión. Para terminar la lista de enlaces, un cómic coincidencialmente publicado el jueves en Saturday Morning Breakfast Cereal que ilustra el absurdo a la perfección.

Algo que no dije en la columna (y que tal vez debí) es que el matoneo se ha extendido del software a otras industrias, como la biotecnología. (El caso de las farmacéuticas es otro universo completo, por cierto.) Esto es particularmente relevante en el caso colombiano, ya que el TLC firmado con Estados Unidos contemplaba, hasta donde sé, compromisos para el país con respecto a patentes de este tipo. Cuando entienda bien cuáles fueron estos compromisos (pp. 15-17) tal vez vuelva sobre ello en otra columna.

La empresa de la patente de la agenda para reuniones que menciono en la columna es Microsoft. Pero, siendo justos, si lo que hizo Microsoft en su momento se compara con las gracias actuales de Apple y Google en cuanto a patentes y abusos legales en general, Microsoft es un angelito.

Nostalgia de la luz

Nostalgia de la luz — Patricio Guzmán

La columna de hoy está dedicada a Nostalgia de la luz, un documental de Patricio Guzmán que vimos aquí en la casa hace una semana. El documental utiliza el desierto de Atacama como lienzo para explorar las formas y técnicas de las que disponemos para mirar (o no) el pasado (tanto científica como políticamente). Guzmán sugiere paralelos entre los proyectos inmensos de investigación en astronomía y arqueología que se desarrollan en el desierto y exploraciones más personales por parte de víctimas de la dictadura de Pinochet (que usó el desierto como torturadero y cementerio clandestino). Aquí complemento la columna/reseña con unas cuantas notas informativas:

  1. Aunque en la columna digo que ALMA (ojo a la calidad de esa página web y a su esfuerzo por explicar con claridad lo que hacen y por qué importa) inicia operaciones a final de 2012, ya funciona parcialmente y hace un año soltó las primeras imágenes. Pensaba explicar aquí por qué ALMA es sustancialmente mejor que, por ejemplo, el Hubble, pero creo que todavía no lo entiendo bien. De pronto Jaime puede ayudarnos con eso en los comentarios o en El gran pum (que sea un motivo para retomar el blog). De paso, el Gaspar que menciono en la reseña (y que es uno de los polos argumentales del documental) es Gaspar Galaz.
  2. Las ruinas del campo de concentración que visita Guzmán están ubicadas en la vieja mina de salitre (i.e., nitrato de sodio) de Chacabuco. El desierto de Atacama está repleto de minas de salitre abandonadas. Guzmán lo menciona pero no explica por qué. La historia resumida es que a finales del siglo diecinueve el desierto de Atacama era el mayor proveedor mundial de la materia prima para hacer fertilizantes en tiempos de paz (ese imposible empírico) y, más importante, pólvora en tiempos de guerra. La mayoría de estas minas eran administradas por compañías inglesas, lo que le daba a Inglaterra una ventaja económica (y estratégica) notable. Los alemanes eran conscientes del riesgo de depender de unas minas inglesas en Chile para asegurar la alimentación de su pueblo (y sus fusiles) e impulsaron un programa de investigación para encontrar formas de producir fertilizantes (y de taquito pólvora) que no los obligara a recurrir al salitre. El resultado de ese programa es el llamado proceso de (Fritz) Haber (con premio Nobel de química asociado), que utiliza la atmósfera (llena de nitrógeno libre) como mina para producir amoniaco (i.e., nitrógeno fijado en hidrógeno) de una forma eficiente y barata. Este amoniaco servía para sustituir el salitre (del amoniaco al nitrato hay sólo un paso) y adicionalmente sentenciaba a muerte a la economía chilena (dependiente de sus minas de repente caducas). La primera implementación a escala industrial del proceso de Haber, sin embargo, no fue para producir fertilizantes sino explosivos durante la primera guerra mundial. Esto convirtió a Haber en un héroe controversial que combatió el hambre con éxito pero también industrializó la matanza. Radiolab le dedicó un reportaje a la historia del señor Haber y esa complicada dualidad.
  3. La Violeta que menciono en la reseña se llama Violeta Berrío. Berrío hace parte de las mujeres de Calama. Su marido se llamaba Mario Argüelles Toro y era un comerciante afiliado al Partido Socialista. Argüelles tenía 34 años cuando fue detenido por el ejército en septiembre de 1973, justo después del golpe de estado. Berrío lo vio con vida por última vez el 13 de octubre. Se suponía que había sido condenado, junto a otros detenidos, a tres años de “relegación al sur”. Sin embargo, el 19 de octubre fue fusilado y enterrado en una de las tantas fosas comunes que tenían en el desierto. A finales de los ochenta, para limpiar los rastros de la barbarie, el ejército chileno (semi)removió los cuerpos de ese lugar (nunca aclarado). Se desconoce adónde fueron transladados. Algunos conjeturan que fueron arrojados al mar pero no es claro. En este artículo, Berrío cuenta a detalle cómo fue la desaparición de Argüelles. Uno de los detalles más escalofríantes de la historia de Berrío y sus compañeras es que hay muchas personas afiliadas al ejército chileno que con toda seguridad conocen hoy en día el paradero de esos cuerpos pero nadie dice nada.
  4. Y un juego para terminar: la página de Wikipedia en inglés dedicada al desierto de Atacama incluye una cita en inglés que supuestamente proviene de La Araucana:

    Towards Ataca, near the deserted coast, you see a land without men, where there is not a bird, not a beast, nor a tree, nor any vegetation.

    El juego consiste en encontrar su versión en español, si existe. O demostrar que no existe y, armado con ese argumento, limpiar Wikipedia de esa imprecisión.

Especulación científica

A raíz de esta iniciativa, en la columna de hoy propongo una discusión pragmática sobre la financiación pública de la investigación científica en países como Colombia. La columna cuestiona el axioma (ampliamente aceptado pese a la falta de evidencia conclusiva — las dificultades metodológicas (pdf) son inmensas, obvio) de que la investigación científica subvencionada públicamente es un prerrequisito para asegurar desarrollo económico y social. Sin una administración de recursos que evalúe seriamente la pertinencia/necesidad local de los proyectos, la financiación pública de ciencia se convierte en un chorro de fondos que beneficia sólo a los científicos que lo reciben y no tiene mayor impacto real en el país. Eso es algo que sólo se pueden permitir los países ricos, pero incluso en los países ricos son más cuidadosos y medidos en la forma como distribuyen fondos públicos para proyectos científicos. La investigación científica es importante y a veces necesita plata pública, sin duda, pero no toda investigación la merece sólo por ser “investigación”.

El bazar invisible

La ruta de la seda es un mercado abierto en línea de sustancias prohibidas y otras delicias basado en una combinación de métodos criptográficos. En la columna de hoy explico a grandes rasgos (i.e., en 1900 carácteres) cómo funciona y por qué es prácticamente imposible identificar a sus administradores, vendedores y compradores ni detectar/registrar las transacciones concretas que se realicen a través de la página. Estas propiedades lo blindan contra procesos judiciales (y de paso evidencian el absurdo de la tal guerra contra las drogas). Algunos enlaces:

  • Página de La ruta de la seda en Wikipedia. (Creo que el enlace que tienen ahí está desactualizado.)
  • La página sólo existe (y es accesible) dentro de Tor.
  • La moneda que utiliza es Bitcoin. La lentitud obligada de sus transacciones la hace ineficiente en casi cualquier otro contexto.
  • El intercambio de información sensible entre vendedores, compradores y administradores se establece bajo el protocolo criptográfico PGP.
  • Este artículo de Nicolas Christin analiza la economía anónima e invisible de La ruta de la seda utilizando la información pública que ofrece la página. Al cierre sugiere estrategias para sabotearla.
  • Página de información sobre DMT en Erowid. El DMT es un portal de acceso a la dimensión de los elfos máquina.

Domingo (Opinión)

A finales de 2009 y principios de año pasado tuve una pequeña columna de opinión en El Espectador. (Mi favorita (que es una manera positiva de decir la-única-que-me-dejó-medio-satisfecho-y-me-atrevo-a-compartir) fue esta que escribí sobre las visitas de Vollmann a Colombia (creo que también fue la última).) La mayoría de las veces mi columna aparecía sólo en la edición digital pero creo que un par de veces salió con la edición impresa los sábados. Lo hacía por gusto (y por curiosidad). Quería escribir sobre todo al respecto de la relación entre tecnología, ciencia y sociedad (un asunto al que los medios colombianos, por desgracia, no le dedican mucha atención seria (que es una manera amable de decir que hacen un trabajo deplorable)) y pensé que llevar la columna era una manera de forzarme a hacerlo, de ganar disciplina y pericia para escribir prosa amena con propósitos divulgativos. Obviamente no me pagaban nada por eso (La única publicación colombiana que me ha pagado algo por un texto es la revista Arcadia). No llevo la cuenta de cuántas columnas escribí, no fueron muchas (intentaba publicar una cada dos semanas), pero recuerdo que sentí muy rápido que no tenía más que decir. De hecho creo que lo que sentí fue que nunca había tenido nada que decir, al menos no en el tono que se espera en una columna de opinión. Para escribir columnas de opinión hay que ser una persona convencida de cosas, ojalá de muchas cosas (o de una cosa que permita hablar de muchas cosas), o ser muy bueno fingiendo esos convencimientos, porque lo que quiere el lector de columnas de opinión no es que le den una opinión sino que le den la razón con contundencia en un asunto controversial, crítico (ya sea mediante la exposición del punto de vista propio que lleve a la autoadulación por coincidir con esos grandes pensadores y analistas de la-realidad-nacional-e-internacional, o por la exposición del punto de vista contrapuesto que despierte la (placentera) indignación y le permita sentirse mejor que el opinador, ese cretino hijueputa cínico vendido ruín y sin dignidad (todo es cuestión de polos; la razón, a la sazón, es bivaluada)). Los lectores de columnas de opinión (me incluyo) quieren juicios severos, constantes, sin demostraciones de fragilidad, sin dudas, de ser posible sin matices (no les interesa que les presenten un problema sino que les digan a quién (o qué) odiar/amar/culpar/perdonar/condenar/denunciar/aprobar/rechazar/defender/desecrar (un verbo que hace falta en español) y ojalá cómo), y para hacer eso con regularidad (una que otra vez cualquiera es capaz) se necesitan talentos que, aunque de cierta manera admiro y hasta envidio (acá un ejemplo y acá otro), ni tengo ni me interesa adquirir. Para decir insensateces insustentables con relativa impunidad y sin angustias ya tengo un blog.
________________________________
Este, ahora que lo pienso, es un resumen de una conversación que tuve con Óscar en noviembre, mientras caminábamos por Kiyomizu-dera.