Algo que me intriga de Gandalf es que es evidente que sabe más de lo que admite. Al respecto del destino de Bilbo, por poner un ejemplo. Y si se piensa, encadenando, la forma como la elección de Bilbo para que acompañe a los enanos a recuperar su montaña okupada terminará desencadenando, muchos años después, el viaje de Frodo y compañía con el propósito de destruir el anillo único. Gandalf sabe, y lo reitera varias veces, que Bilbo es esencial para el viaje. Pero es igualmente evidente que Bilbo no es esencial a priori y que su carácter especial es algo que de cierta forma adquirirá durante el viaje. Así que hay algo que Gandalf sabe o puede ver pero nunca reconoce y debido a esto por momentos, durante la lectura de El Hobbit, sospecho de su estatus dimensional, por así decirlo: tal vez Gandalf, me digo, existe por fuera del tiempo y esto que vemos es apenas una sombra de su verdadero ser. Aunque por otro lado con frecuencia ese mismo Gandalf es sorprendido y emboscado por criaturitas que cualquier entidad medianamente omnisciente sabría evadir sin despeinarse. Pero para mí esa puede ser una estrategia de distracción: Gandalf no soluciona un problema al elegir a Bilbo sino que crea la premisa de una historia que luego contribuirá a desarrollar y esa historia, con sus vicisitudes, con las dudas de lo que Bilbo puede o no lograr, es crucial para que el anillo pueda ser primero encontrado y más tarde destruido. La historia, con sus emboscadas y sus derrotas temporales, con el hambre y la frustración del viaje imposible, es el catalizador que inspira al héroes a persistir. Una buena historia perdura y crece. La narrativa nos impulsa. Gandalf juega con eso.