Rango Finito

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el hombre araña

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Por cosas del tiempo, que pasa y no me lleva, ya estoy absolutamente por fuera del rango de edad de la población que los estudios de cine esperan capturar con sus blockbusters de mitad de año, así que voy a esas películas a sabiendas de que no encontraré nada para mí más allá que esa desmesura argumental y estilística que las caracteriza y que nunca pierde (o eso pensaba) su encanto.

(Miento: en el fondo tengo la ilusión de que todavía pueda conectar y acreditar juventud y por ende vigencia. Por eso voy también.)

Pero entonces en medio de la pelea final y determinante en una planta de energía a orillas del Hudson las descargas de Elektro para fritar al Hombre Araña se revientan contra los transformadores o como quiera que se llamen esos postes forrados en anillos metálicos y los postes vibran, se iluminan como barras de sonido y sueltan tonos que, combinados, producen una versión electrónica particularmente oscura de Itsy Bitsy Spider. Ni siquiera la pelea final (en la que sin duda morirá el villano, o sea una víctima más de la maquiavélica corporación Oscorp) merece solemnidad. La fusión entre el cine de alto presupuesto y los parques de atracciones mecánicas que se inició con Los Piratas del Caribe ahora es plena.

Pese a mis bajas expectativas, me aburro. Ya ni los saltos al vacío de Peter Parker desde los rascacielos de Manhattan en dos dimensiones y media me logran emocionar.

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En un guiño más, al cierre de la película, la profesora de literatura del adolescente Peter Parker dice que alguien (supongo Borges) alguna vez dijo que sólo hay seis o siete historias posibles, pero que ella cree que en realidad sólo hay una: aquella que responde a la pregunta sobre quién somos (ya sea como individuos o como sociedades, agregaría yo.) Siempre me ha parecido atractiva la manera inocente como las personas (por lo general jóvenes) se sienten definidas por un sólo momento específico de sus vidas (o una suma corta, abarcable en unidades narrativas sencillas (?)), al que retornan regularmente en busca de sentido o propósito (mea culpa). Tal vez por eso adoro proyectos como The Moth.

Tengo la impresión de que el modelo social predominante incentiva la concepción de la vida como la consecuencia de una historia fundacional personal temprana (con descubrimientos, conflictos y moralejas determinantes) que paralelamente los impulsa (hacia su destino) y ancla (a su identidad). Buena parte de los dilemas existenciales de las personas acomodadas de mi generación, entre quienes me incluyo, con frecuencia están relacionados con la incapacidad (inevitable) para saciar satisfactoriamente la necesidad (impuesta) de ser (narrativamente) extraordinarios.

Adenda: Óscar habla de algo similar acá.