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el lado oscuro de la paternidad

Trance

En condiciones normales, Laia se toma un tetero de 120 mililitros cada tres horas. Puede tomar más, pero esto aumenta la probabilidad de que vomite el exceso de inmediato. Menos de 100 mililitros la dejan insatisfecha. Hace varios días que le doy al menos uno de los teteros acostada en la cama. Ella lo recibe y toma con molestia al principio pero luego, no estoy seguro exactamente en qué punto, reduce la resistencia y se dedica enteramente al trabajo de chupar. Un poco más adelante, entrecierra los ojos y mueve las pupilas como si estuviera soñando pese a estar despierta. Este período de (a falta de otro nombre) trance dura entre un minuto y dos y termina abruptamente cuando la leche se agota. Entonces los ojos recuperan su estado activo. A su edad la relación con la alimentación es enteramente instintiva así que no sería extraño que el placer del acto de comer fuera amplificado en el cerebro para consolidar el hábito. El efecto natural podría ser el de una droga psicoactiva poderosa con un período de actividad brevísimo. La envidio.

Malísimo

Medio día. Ruta de la universidad a la casa. Llevo a la niña en el cargador. Una mujer se sienta a mi lado en el bus. Hiede a cigarrillo y trago. Seguro estaba en uno de esos bares de mala muerte del centro que surten a los alcohólicos seriamente comprometidos con el grupo hidróxilo. El sábado mataron a dos a una cuadra de ahí. La mujer sonríe. Intenta ser amigable. Me dice algo pero no le entiendo o tal vez no lo quiero entender. Esa mezcla de olores siempre me irrita. La ignoro. Cuando lo repite le entiendo. Dice: Así que hoy es el día del papá, ¿no?. Le digo sí y no digo más. Debí decirle: Todos los días son el día del papá. Me pregunta por el cargador. Qué útil es, ¿no es verdad? Asiento con la cabeza sin mirarla. Al final se cambia de puesto. Me pregunto si me eché desodorante esta mañana. Ahora las personas se sientan a mi lado en el bus. Creo que a eso lo llaman el Factor Bebé. De repente soy una persona confiable y hasta agradable. En mi vida pasada despertaba la reacción exactamente opuesta sin esfuerzo incluso si usaba desodorante. Cuando me quería esforzar fingía una tos seca, eso bastaba. También serviría saber eructar a voluntad, pero nunca he podido dominar ese arte sutil. Eso me pasa por no ser malo de verdad.