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ihh

Un mapa con el índice invertido de Herfinhahl-Hirschman a nivel municipal. El índice invertido de Herfinhahl-Hirschman sirve para estimar el número de partidos efectivos en competencia en un lugar. Para obtenerlo usé (con algunas dudas) el vector de votos para cada partido al senado (nueve partidos) más los votos en blanco con cada número dividido por el total de votos válidos.

Calcularlo es bien sencillo (sospecho que eso ha ayudado mucho a su popularización): dado $v=(v_1, v_2, \ldots, v_{m})$, el vector de proporciones de votos, el índice es

$$ \text{IndHH}(v) = \frac{\left(\sum v_i\right)^2}{\sum v_i^2}.$$

En economía, donde nació, generalmente se usa el denominador (ese es el no invertido), pero en ciencia política se prefiere esta versión tal vez un poco más explícita. Mónica Pachón (excabeza de Congreso Visible) dice que a nivel municipal el índice no es muy elocuente. Suelto el mapa con esa advertencia. Es más una curiosidad que otra cosa.

(Secretamente, más que calcular el índice, el propósito de este ejercicio era probar este código de Mike Bostock para hacer mapas con zoom. Todavía hay varias cosas que no me quedan claras y tuve algunos problemas calibrando la ampliación, pero ahí anda.)

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Ahora el mapa de votos del senado también incluye una opción para ver cómo le fue a nivel municipal a cada candidato.

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Mapa con partidos ganadores de las elecciones al Senado a nivel municipal. No sobra decir que ese no es necesariamente el partido del candidato con mayor número de votos del municipio. Eso tal vez lo mire después (en otro juguete o una extensión de este) candidato a candidato.

Aquí tengo una lista con todo lo que he hecho sobre las elecciones parlamentarias del domingo pasado así como enlaces a las tablas de datos que he descargado y organizado. Seguirá creciendo poco a poco hasta que me aburra.

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partido.contra.partido

Lo que quería ver, y no estoy seguro de ver bien, es cómo compiten los partidos entre ellos a nivel municipal. Supongo que hay mejores formas de “visualizar” algo así pero este es mi primer (y fallido) intento. Cada mini-gráfica es una nube de puntos (uno por cada municipio) donde las coordenadas están dadas por las proporciones de votos al senado en ese municipio para los dos partidos correspondientes a su posición en la cuadrícula. En el triángulo superior están las correlaciones esas mismas variables (la interpretación de estas correlaciones ya no la tengo tan clara como cuando las generé, si es que alguna vez la tuve clara). Creo que esperaba ver algún patrón o irregularidad que fuera difícil de apreciar de otro modo, pero creo que no es mucho lo que se ve más allá de lo obvio. Algo que parecen sugerir los gráficos es que los partidos “tradicionales” y sus derivados (i.e., los cuatro primeros) apelan al mismo tipo de votante (lo que permite mayor concentración en el centro de la mini-gráfica) mientras que los partidos minoritarios en realidad no compiten entre ellos: hay pocos municipios en los que ambos sean relativamente fuertes. Pero de nuevo ese es el tipo de cosas que no necesitan un diagrama tan complicado para verlas (si es que se ven).

Me preguntaba Daniel Vaughan por qué hice el gráfico si no sabía bien como leerlo y me puso a pensar en la metodología improvisada y casi artesanal de estos procesos de exploración de datos, tan alejada, en últimas, del análisis formal y estructurado (casi de receta) que promueven los economistas. Supongo que la respuesta corta es que el propósito de estas búsquedas es encontrar perspectivas que iluminen los datos (que permitan verlos ampliamente y ojalá de alguna forma “renovada”) y a veces (casi siempre) hay que escalar al mirador sin saber muy bien qué se verá y qué no. Tal vez lo otro que pasa es que mi intención con la mayoría de los gráficos que hago no es demostrar nada. Eso me permite experimentar sin preocuparme demasiado por entender hacia dónde voy. El reto técnico de aprender a armar el gráfico que quiero a veces paga solo el paseo.

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El caos institucional colombiano expuesto en un detalle mínimo: la registraduría tiene un código numérico para identificar municipios y corregimientos departamentales donde monta puestos de votación. El Dane también cuenta con un código númerico para identificar lugares poblados. Increíblemente (o no tanto) estos códigos no tienen nada que ver el uno con el otro. Otro similar: los códigos de colegios que usa la secretaría de educación del distrito son diferentes de los códigos que maneja el Icfes.

En aras de facilitar las traducciones idiotas que exigen las burocracias, aquí armé una tabla de municipios con el código del dane y el de la registraduría. Esto es con el apoyo de Alejandro Peláez y Daniel González.

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Aquí dejo para descarga libre las tablas de votaciones a representantes a la cámara a nivel municipal. Una por cada departamento (más la de la circunscripción de los exiliados.) No creo que haga con ellas pero los programitas que escribí para bajar las otras se adaptaban fácil para bajar estas. Y ya puestos, por qué no.

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Laia en nieve

Inicialmente quería mirar si se podían detectar, dentro de la nube de políticos tuiteros colombianos, los cúmulos de clientes de empresas de compra de seguidores robot. Con paciencia me bajé el jueves las listas de seguidores de los ciento cuarenta y nueve candidatos al senado con cuenta en Twitter de acuerdo a la base de datos de La Silla Vacía. La idea ingenua era hacer un análisis de componentes principales con la matriz resultante pero las dimensiones de la matriz (149 x 700.000) eran demasiado grandes para poder hacerlo en un tiempo razonable con un computador casero. Por un rato me resigné a hacer sólo la representación del grafo de seguidos y seguidores, pero después recordé que hay reductores de dimensionalidad no-lineales que parten de calcular las distancias entre los puntos (una matriz pequeñita). Una vez procesados los puntos y apropiadamente bidimensionalizados en R armé el gráfico de puntos con D3 (estoy enamorado de D3) y le agregué los vértices del grafo al hacer clic sobre un candidato. El resultado es esto.

Sospecho que lo que el gráfico muestra más que nada (y muy superficialmente) las diferencias en estrategia de comunicaciones digital de los diferentes partidos y candidatos. Los que le meten plata a ser presencia en línea y los que no. Los que quieren ser atendidos y los que atienden. Los conservadores mucho más aglomerados que los liberales. Los verdes totalmente disgregados. El sancocho de “centro democrático”. Benedetti y José Obdulio Gaviria apareados por (conjetura) contratos con la misma empresa de seguidores robot. Igual Serpa y Galán. Tres bloques más o menos bien diferenciados de cuentas: arriba a la izquierda los “líderes de opinión”, abajo los políticos en ascenso y arriba a la derecha los que no le paran muchas bolas a internet pero alguien les dijo que había que estar ahí por si las moscas.

Es un juguete medio inútil pero me gusta cómo se ve. De pronto después intento más serio en esta misma línea. Sigo con ganas de hacer algo a fondo sobre seguidores robots en política colombiana. A ver cuándo puedo.

Pequeño Nate y el viejo zorro

Lo que hace Nate Silver es sencillo. Silver promedia encuestas estatales y utiliza regresiones lineales para predecir tendencias. Luego suma votos electorales usando esos pesos. Obtiene probabilidades de victoria de los candidatos. No hay sistema secreto. No hay misterio. Su análisis se basa en herramientas básicas. Silver ha insistido mucho en esto porque su objetivo central es desnudar la vacuidad de los análisis políticos de tertulia televisiva (más cercanos a la propaganda que al periodismo). En realidad las encuestas, especialmente cuando se consideran en conjunto para reducir sesgos varios, son suficientes para predecir con bastante seguridad cuál será el resultado. La estadística bien utilizada (y consciente de sus limitaciones) es una herramienta poderosa de análisis, no importa lo que haya dicho alguna vez Mark Twain.

Cuando los comentaristas de Fox News eligieron a Silver y su metodología como blancos de sus ataques cometieron un error. Criticar las encuestas en abstracto es inofensivo, casi esperado, pero encarnarlas en un personaje motivado y especializado en comunicar sus resultados con visibilidad de por sí amplia ofrece un camino rápido a la autorrefutación. Silver lo sabía y alentó la discusión proponiendo apuestas. Los comentaristas de Fox News cayeron y lanzaron (sin aceptar las apuestas) predicciones cada vez más descabelladas. Ayer Silver ofreció un cubrimiento escaso de los resultados. A menos que la augurada victoria de Obama fuera muy apretada, su apuesta estaba en los totales de cada estado y no en los conteos parciales por condado. Ya lo había dicho todo y sólo restaba esperar. Minutos después de que Fox News anunció que Obama había ganado (y justo antes de que Karl Rove empezara a delirar y pedir rectificaciones), Silver dijo en twitter, como quien no quiere la cosa, que aprovechaba la oportunidad para promocionar su libro Las señales y el ruido: por qué tantas predicciones fallan pero algunas no. El énfasis implícito en algunas, claro está.

Mi predicción (basada, para contradecirme, en este caso estudio superficial) es que las próximas elecciones gringas estarán repletas de analistas estadísticos explicando sus cálculos y modelos en televisión y prensa. Los ejércitos de estrategas cuantitativos, por cierto, ya son norma dentro de las campañas.

Metas

Antes uno quiere TODO y luego se resigna progresivamente a fracciones más ínfimas de ese TODO porque la vida le enseña que de tanto aspirar al final no queda sino el aire, y eso.

Yo entiendo de corazón a las personas que renuncian a vivir aunque si tuviera elección preferiría ser uno de esos que no se dejan aturdir por el primer atisbo de fracaso.

Domingo (Bone)

Esta mañana, después de lavar los platos, terminé de leer Bone, de Jeff Smith. Lo leí por las noches, antes de dormir, durante las últimas semanas. Leía un capítulo o dos cada noche. Nunca logró entusiasmarme lo suficiente como para volcarme en una maratón non-stop de una tarde. A partir de cierto momento, bastante temprano, perdí la esperanza de que mejorara de la manera que me gustaría que mejorara porque lo que me incomoda de Bone, lo que no me deja disfrutar la historia plenamente, está en su esencia. Tal vez haya descripciones más amables, que lo contextualicen históricamente y expliquen sus decisiones narrativas a la luz del trabajo de Walt Kelly, principalmente, pero para mí Bone es una historia épica-fantástica medianamente digna dentro de las posibilidades del género que se debate constantemente entre el humor local y la seriedad global de la trama por cuenta de tres personajes esencialmente caricaturescos a quienes Smith elige, un error serio e irreparable, como focos centrales de la historia. El resultado es lo que pasaría si las primeros tres episodios de Star Wars se centraran más (¡muchísimo más!) en Jar Jar Binks que en Anakin. Desde mi posición relativamente abierta al respecto de esa precuela trilogística, Jar Jar era un personaje prescindible cuyo propósito era simplemente cautivar al público menor de doce años, el personaje pintoresco que se tira pedos. Ese era el personaje para ellos (sí, así ven a esos niños, es triste). Desde ese sentido, acepto (a regañadientes) la decisión de incluirlo, pero sería inaceptable que la narración le diera más importancia de la que merece. Algunos comentaristas del otro lado de la fuerza aseguran que la sola presencia de Jar Jar Binks fue un atentado serio a la dignidad de la saga, pero esa me parece que es una posición dogmática que desconoce la existencia de esas películas como producto cultural comercial (al tiempo que sobrevalora la calidad y significancia general (a nivel narrativo) de las primeras tres). Lo que pasa en Bone es muchísimo más grave (exagero). Tal vez para honrar a Kelly, Smith centra su propia versión del Señor de los Anillos (porque eso es Bone) en estos tres parientes raciales de Gasparín. El resultado es una historia que no se encuenta y que, por momentos, se trata a sí misma como si fuera una idiota, como si no se creyera a sí misma. Como lector hay poco que hacer ante eso. El resultado no es tan trágico, ¡la trama nunca pierde cierto impulso!, pero cada tanto es necesario leerla pese a sí misma, desde la conciencia de que el error está en la narración (en una perspectiva y unos protagonistas mal elegidos) y no en la historia. Que la historia, con todos sus errores y cojeras, funciona, está viva.

Ahora procederé a contradecirme porque es necesario reconocer ciertas cosas: Bone, en términos de producción, no es una novela convencional. Bone, como tantas novelas gráficas, fue publicada por fascículos, pero incluso considerando eso el proceso fue inusual: el primer fascículo de Bone fue publicado en 1991 y el último en 2004. Trece (13) años, sí. En total fueron 55 fascículos, y el trabajo de edición, publicación y distribución fue asumido casi enteramente por Smith y su mujer. Para que entiendan lo que esto implica piensen que Watchmen duró doce fascículos, fue hecho por cinco personas (con una empresa inmensa (DC, los mismos de Superman) respaldándolos), y fue terminado en el transcurso de un año largo (1986-1987). Así, cuando hablamos de Bone estamos hablando de un proyecto paradigmáticamente independiente, improvisado, salvaje (medio inconcebible) y probablemente muy difícil de controlar. Smith, con toda seguridad, no sabía en qué se estaba metiendo ni tampoco sabía para dónde iba. Sus lectores, por su parte, recibían con regularidad tolerable nuevos capítulos de la novela pero lo que sostenía el interés no podía ser la trama, que avanzaba lentamente. Smith, por la razón que sea, pero tal vez principalmente porque su inspiración eran los cómics clásicos de Kelly, decidió que localmente Bone fuera por encima de todo una comedia casi que infantil, que el humor sostuviera a la audiencia mientras que el arco épico y serio transcurría al fondo (en el caso de Kelly lo que transcurría al fondo no era una novela épica sino un comentario político agudo). Desde esa perspectiva, su elección de centrarse en los primos Bone tiene todo el sentido del mundo y era hasta revolucionaria. El problema, claro, viene cuando su proyecto sin patas ni cabeza gana fuerza y audiencia, triunfa, y llega el momento de compilar todos esos fascículos en un solo volumen de mil cuatrocientas páginas donde, por la velocidad de la lectura, el arco principal gana muchísima más visibilidad y el humor local, la tontería innata de los Bone, empieza a sobrar.

Esa es mi relación con Bone. Entiendo por qué merece admiración y hasta postración como megaproyecto artístico-narrativo y si me concentro, si me imagino con dieciseis años menos y atrapado en un pueblo aburrido del midwest gringo donde recibía Bone en mi tienda comiquera de confianza un fascículo al tiempo, puedo comprender por qué Smith hizo lo que hizo y tomó las decisiones que tomó (y definitivamente puedo apreciar su habilidad para el dibujo y la narración, sencilla y efectiva, pánel a pánel, así como su cariño y dedicación por el trabajo evidentes en cada página), pero cuando pierdo la concentración y soy de nuevo yo y leo la monstruosa edición de un volumen, me gustaría poder tomar la historia y decir todo esto sobra, todo esto no es para mí, todo esto ya no es necesario, ya no, y cambiar algunas perspectivas y algunos énfasis y quitarle predominancia a Fone Bone, a Smiley Bone y sobre todo a Phoney Bone (el personaje más detestable de la historia del cómic universal) a cambio, tal vez, de profundidad en la mitología y contextualización del mundo, de apartes intercalados de la infrahistoria, de una aproximación más seria (no en el sentido de solemne) de la trama.

Algo parecido (si no peor) me pasa con El Incal, pero de eso mejor hablo otro día.

Adenda: Me acabo de dar cuenta de que The Abominable Charles Christopher, de Karl Kerschl, es, en más de una dimensión, un heredero casi directo de Smith y Bone. En mi opinión, este es uno de los mejores webcomics en desarrollo (lleva en pie cuatro años), y uno de los pocos que se toma en serio la misión de contar una historia. Es casi obligatorio leerlo. Aquí el inicio.